Ni la fe escapa de la barbarie en el Catatumbo
- Nerio Luis Mejía

- hace 1 hora
- 2 min de lectura
Por: Nerio Luis Mejía

La región del Catatumbo es uno de esos rincones de Colombia donde la violencia parece haberse instalado de manera permanente. Territorio de contrastes, con montañas exuberantes y fuentes hídricas que moldean un paisaje encantado, acompañado de la calidez de su gente, se convierte en un atractivo natural único. Sin embargo, esa misma diversidad climática y geográfica ha facilitado el florecimiento de economías ilícitas. Narcotráfico, minería ilegal, extorsión y secuestro se entrelazan con la corrupción administrativa, dando lugar a la consolidación de grupos armados que aprovechan la cordillera y la frontera más dinámica del país para acumular riquezas y sembrar terror.
Desde el 16 de enero de 2025, cuando estalló la confrontación entre el ELN y las disidencias del frente 33 de las extintas FARC, los enfrentamientos no han cesado. La región, conocida en lengua Barí como “la casa del trueno”, no ha dejado de estremecerse con explosiones y ráfagas de fusil que, aunque dirigidas contra rivales, terminan golpeando a la población civil. El resultado ha sido un éxodo masivo: el mayor desplazamiento forzado en la historia reciente de Colombia.
El pasado jueves 18 de junio de 2026, un intenso combate en la vereda Kilómetro 25 del municipio de Tibú dejó un saldo desgarrador: un niño de 13 años muerto y cinco personas heridas, entre ellas una niña de apenas tres años. Las balas y explosiones destruyeron viviendas y alcanzaron incluso una iglesia cristiana, confirmando que ni la fe logra escapar de la barbarie que se vive en el Catatumbo.
Las imágenes de la tragedia muestran el llanto inconsolable de las víctimas y dejan una herida abierta no solo en los habitantes del nororiente colombiano, sino en una nación que observa cómo se evaporan las esperanzas de una “paz total”. El gobierno saliente deja tras de sí un panorama incierto, mientras el nuevo presidente electo, Abelardo De la Espriella, promete mano dura y cero tolerancias frente a los violentos. Su propuesta incluye aspersiones aéreas con bioherbicidas para combatir los cultivos ilícitos, una política que contrasta con el enfoque dialogado de la administración anterior y que podría intensificar la confrontación en la región.
Los hechos del 18 de junio, que afectaron gravemente a la población civil, parecen haber influido en el voto de quienes optaron por la fórmula de la fuerza. En el Catatumbo, donde las estructuras armadas han olvidado el principio de humanidad, la barbarie se impone hasta sobre los símbolos de fe, dejando claro que la violencia no respeta templos ni inocencias.



Comentarios