¿Tendrá mayorías Abelardo De la Espriella en el nuevo Congreso?
- Acta Diurna

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Por: Dany Oviedo Marino

A menos de un mes de que se instale formalmente el nuevo Congreso de la República este próximo 20 de julio, el mapa de poder en el Capitolio Nacional ya está trazado. Para el electo presidente Abelardo De la Espriella y su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo, el diseño de las nuevas bancadas representa un desafío de alta ingeniería política: un legislativo profundamente fragmentado, polarizado y con dinámicas marcadamente asimétricas entre el Senado y la Cámara de Representantes.
Sin embargo, podría tener un escenario de relativa comodidad para lograr pasar las leyes que proponga.
El Senado:
En la cámara alta, la línea que separa el éxito del bloqueo crónico es extremadamente delgada. Con un total de 103 curules dispuestas tras la aplicación del Estatuto de la Oposición —que otorga un escaño al líder de la izquierda, Iván Cepeda—, la cifra mágica para alcanzar la mayoría absoluta se fija en 52 votos.
El punto de partida para el gobierno electo es retador. La base de derecha radical comandada por el Centro Democrático (17 curules) y Salvación Nacional (4 curules), le asegura un piso sólido de 21 senadores. En la otra orilla, la oposición dura liderada por el Pacto Histórico arranca con un bloque compacto de 25 curules que, sumando los escaños de Iván Cepeda y las minorías indígenas, se planta firmemente en cerca de 28 votos decididos a ejercer una resistencia frontal a la agenda presidencial.
Ante este panorama, las llaves de las reformas estructurales quedan en manos del bloque tradicional y de los congresistas de centro. Para alcanzar la mayoría de 52, De la Espriella necesita sumar de manera perentoria al Partido Conservador (10 curules), a Cambio Radical / Alianza por Colombia (10 curules) y al Partido de la U (9 curules), con lo que con este alineamiento natural llegaría a 50 votos, por lo uqe necesariamente deberá seducir al menos a 2 de las 13 curules del Partido Liberal, lo cual no debería ser difícil.
Ahora bien, los proyectos insignia de la campaña de De la Espriella, como reformas constitucionales de fondo o giros radicales en política exterior, sufrirán un riguroso filtro en las comisiones primeras del Senado, donde el centro pragmático cobrará caro cada voto.
La Cámara y el voto regional
La historia cambia drásticamente al cruzar el pasillo del Capitolio hacia la Cámara de Representantes. En esta corporación, compuesta por 183 escaños donde el peso regional predomina, el panorama es ostensiblemente más fértil para las aspiraciones gubernamentales. La mayoría absoluta se consolida con 92 votos, una meta que el nuevo gobierno también tiene al alcance de la mano.
El Centro Democrático se erige como el gran timonel de la Cámara con 35 representantes. Al sumarse las 28 curules del Partido Conservador y fracciones minoritarias afines, el bloque de centroderecha arranca con una holgada plataforma de partida de más de 63 representantes.
A diferencia del Senado, la fuerza opositora del Pacto Histórico se diluye a 27 curules que, incluso aliadas con las Circunscripciones de Paz (CITREP) y sectores alternativos, difícilmente lograrán consolidar un veto. En este escenario, las bancadas del Partido Liberal (32 curules) y la U (15 curules), integradas por liderazgos departamentales tradicionalmente volcados a la gestión de inversión regional y la gobernabilidad, facilitarán el trámite de proyectos clave en materia de seguridad ciudadana, infraestructura y estímulos tributarios.
El reto de la "Gobernabilidad asimétrica"
Como es obvio, la oposición tendrá más posibilidades en el Senado que en la Cámara, por lo que para evitar que el primero se convierta en el cementerio de sus propuestas, la Casa de Nariño necesitará un articulador técnico e institucional de primer nivel que deberá tener un protagonismo crucial como puente moderador ante las maquinarias tradicionales y que aún no está definido por el presidente electo.
La agenda legislativa de los próximos cuatro años no será un cheque en blanco. Las promesas de mano firme contra la delincuencia y reactivación económica encontrarán vía libre en una Cámara amigable, pero la arquitectura institucional del país se mantendrá bajo la estricta vigilancia de un Senado que exigirá transacciones políticas permanentes. El éxito del nuevo mandatario dependerá de su habilidad para entender que, en el ajedrez del Capitolio, el pragmatismo pesa mucho más que la grandilocuencia en la tribuna.



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