La fría estrategia de De la Espriella para jubilar a Uribe
- Acta Diurna

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A escasos días de la instalación del nuevo Congreso de la República este 20 de julio de 2026, el tablero político colombiano experimenta un duelo intenso. Lo que se pericbía como una "luna de miel" entre el presidente electo, Abelardo De la Espriella y Álvaro Uribe y su partido, el Centro Democrático (CD), parece haber llegado a su fin de manera prematura antes de la posesión formal. Lo que en el papel se vislumbraba como un bloque homogéneo de derecha, se ha convertido en una intrincada guerra de vetos cruzados, cálculos estratégicos errados y una fría contraofensiva de la administración entrante encaminada a un solo fin: desplazar definitivamente la hegemonía de Álvaro Uribe Vélez y asumir el control absoluto de la derecha en Colombia.
Durante el tramo final de la campaña presidencial, la alianza entre De la Espriella y el Centro Democrático fue, fundamentalmente, un matrimonio de conveniencia pragmática. Tras la derrota de la ficha uribista, Paloma Valencia, en la contienda interna, el expresidente Uribe instó públicamente a sus bases a respaldar al presidente electo para frenar la llegada de la izquierda encarnada por Iván Cepeda.
Sin embargo, una vez alcanzada la victoria, De la Espriella ha dejado claro que no tiene la menor intención de cogobernar bajo la eterna sombra de Uribe. Con un estilo personalista y estridencia retórica, el nuevo mandatario ha comenzado a moldear un bloque de poder propio que prescinde de la bendición permanente de su antiguo mentor. Para los sectores más radicales del uribismo, esta actitud tiene un amargo sabor a déjà vu. El temor de revivir una "traición histórica", similar a la ocurrida en anteriores transiciones presidenciales donde los elegidos con votos de Uribe tomaron rápida distancia de su figura, se ha materializado con fuerza en el Capitolio.
El colapso en la Cámara: El sacrificio de Daniel Briceño
El primer gran escenario de este pulso se libró en la Cámara de Representantes, donde el uribismo cometió un grave error de cálculo estratégico. El Centro Democrático pretendía coronar al exconcejal de Bogotá, Daniel Briceño, como presidente de la corporación. No obstante, las rencillas internas del CD por las duras críticas que Briceño lanzó en campaña contra figuras como Paloma Valencia y aliados como Juan Daniel Oviedo, debilitaron su postulación. El golpe de gracia provino de la propia ambición del partido de Álvaro Uribe: al intentar capturar ambas cámaras al mismo tiempo y postular formalmente al senador Honorio Henríquez para presidir el Senado, el partido activó el veto de las demás bancadas, que no querían que esa colectividad presida el Senado y la Cámara de forma simultánea.
La trinchera del Senado y la sombra de Carlos Suárez
Si la derrota en la Cámara dolió en el uribismo, la batalla por la presidencia del Senado se ha tornado en un choque frontal de supervivencia política. El Centro Democrático, argumentando que son la bancada mayoritaria dentro de las fuerzas de la derecha con 17 senadores, insiste en que la cabeza del Congreso les pertenece y promueve a Honorio Henríquez.
Sin embargo, De la Espriella ha decidido cruzar el Rubicón al impulsar activamente la candidatura del senador Alfredo Deluque, del Partido de la U. Deluque es una figura que genera un profundo rechazo dentro del uribismo ortodoxo, que lo tacha de "santista" y le pasa factura por haber apoyado reformas clave durante la administración de Gustavo Petro. Además, la bancada de La U apenas cuenta con 8 senadores frente a los 17 del Centro Democrático.
La verdadera razón del respaldo gubernamental a Deluque obedece a la estrategia diseñada por Carlos Suárez, el estratega de cabecera de De la Espriella. Suárez ha mantenido choques directos con Álvaro Uribe en su empeño por arrebatarle el liderazgo de la centroderecha nacional. Imponer a Deluque en el Senado representa el desplazamiento definitivo de la jefatura histórica del uribismo en las directrices de derecha que influyen en las decisiones del poder legislativo. El nivel de tensión es tal que, en un movimiento desesperado y sin precedentes, sectores del uribismo han explorado incluso alianzas contra natura con el Pacto Histórico para frenar la aplanadora de la coalición del nuevo gobierno.
El nacimiento de los "Defensores de la Patria"
La estrategia de fondo para la jubilación política de Álvaro Uribe no es meramente coyuntural; es de largo aliento. Mientras desplaza la influencia legislativa del expresidente, De la Espriella trabaja activamente en la consolidación de su movimiento "Defensores de la Patria" con miras a convertirlo en un partido político formal con personería jurídica.
Este nuevo fortín no dependerá de las estructuras tradicionales del Centro Democrático, sino que buscará canibalizar su base electoral mediante un discurso nacionalista y populista adaptado al contexto actual, apoyándose en la maquinaria de los partidos tradicionales (Conservador, Liberal, Cambio Radical y de la U) que ya demuestran mayor pragmatismo y docilidad frente al mandatario electo.
El desenlace de las votaciones en el Congreso del próximo 20 de julio marcará el inicio del gobierno de De la Espriella. Si el presidente electo logra imponer sus mayorías e instalar a Alfredo Deluque en el Senado y a Nicolás Barguil en la Cámara, habrá propinado un golpe definitivo de autoridad. Para Álvaro Uribe, el panorama del retiro político ya no parece un paso opcional, sino una realidad fría y calculada impuesta por quien alguna vez pareció su más ferviente seguidor.
Así se minimizó el rol de Uribe en la campaña presidencial
El intento de reducción de la figura política de Álvaro Uribe no comenzó con la actual puja por las mesas directivas del Congreso, sino que se gestó pacientemente durante la campaña presidencial. Abelardo De la Espriella y su estratega de cabecera, Carlos Suárez, ejecutaron una calculada maniobra de posicionamiento que evitó a toda costa que el candidato fuera encasillado bajo el "síndrome del títere" o el subordinado de El Ubérrimo.
A diferencia de anteriores candidatos del uribismo que basaban su viabilidad en la imitación doctrinaria del expresidente -incluso con la candidata Paloma Valencia gritando en los mítines que Uribe era su papá-, De la Espriella construyó un relato marcadamente personalista, estridente y populista que eclipsó la tradicional retórica de de la extrema derecha.
La minimización táctica hacia el expresidente se hizo evidente tras la derrota de Paloma Valencia en la contienda interna de la derecha. En lugar de acudir a postrarse ante Uribe para negociar los términos de una coalición formal, De la Espriella simplemente esperó a que el peso de la realidad política obligara al exmandatario a actuar. Sin margen de maniobra y ante el pánico de un triunfo de la izquierda, Uribe se vio forzado a pedir públicamente a sus bases que votaran de manera pragmática por De la Espriella.
Con este movimiento, el presidente electo redujo a Uribe al rol de un simple "proveedor de votos" de última hora, despojándolo de su histórica investidura de gran elector y director ideológico de la derecha colombiana. Al mantener una calculada distancia de las estructuras orgánicas del Centro Democrático y pavimentar el camino para su propio movimiento, "Defensores de la Patria", De la Espriella demostró desde la campaña que su ascenso a la Casa de Nariño no requería de la tutoría permanente del viejo caudillo.



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