crossorigin="anonymous"> El pulso de De la Espriella y Uribe por el control del Congreso
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El pulso de De la Espriella y Uribe por el control del Congreso



A escasos días de la instalación del nuevo Congreso de la República este 20 de julio, el tablero político colombiano experimenta un sismo de alta intensidad. Lo que inicialmente se perfilaba como un camino pavimentado para que el Centro Democrático (CD) liderara las mesas directivas del legislativo ha derivado en una intrincada red de vetos cruzados, cálculos estratégicos errados y una silenciosa pero letal contraofensiva de la administración entrante de Abelardo de la Espriella. La consecuencia más visible es el inminente desmoronamiento de la candidatura de Daniel Briceño a la presidencia de la Cámara de Representantes y un panorama sombrío para el uribismo, que amenaza con dejarlo marginado del poder parlamentario formal durante el primer año de gobierno.


El eclipse de Daniel Briceño en la Cámara de Representantes


La historia de cómo el Centro Democrático dilapidó la presidencia de la Cámara de Representantes para el periodo legislativo 2026-2027 es una lección de manual sobre las dinámicas del poder congresional. Daniel Briceño, exconcejal de Bogotá y el representante electo más votado de la contienda con una cifra histórica de 262.000 sufragios (solo superada en los anales del Congreso por figuras de la talla de Álvaro Uribe y Antanas Mockus), parecía tener la designación asegurada. Su perfil de fiero opositor y el respaldo inicial del designado ministro del Interior, Rodrigo Lara —quien reconoció su disciplina en la segunda vuelta presidencial—, lo situaban como el candidato lógico.



Sin embargo, la ambición y el cobro de facturas internas dinamitaron su postulación. Dentro del propio Centro Democrático no olvidaron el papel de Briceño durante la primera vuelta presidencial, donde no escatimó en críticas contra figuras doctrinales de su partido como Paloma Valencia, o aliados estratégicos como Juan Daniel Oviedo. A esta animadversión interna se sumó un argumento recurrente en los pasillos del Capitolio: su inexperiencia legislativa al tratarse de su primer periodo como congresista.


El error estratégico definitivo del uribismo consistió en intentar capturar ambas corporaciones al mismo tiempo bajo la lógica de contar con las bancadas más grandes (a excepción del Pacto Histórico) en ambas cámaras. Al postular formalmente al senador Honorio Henríquez para presidir el Senado, el partido activó de inmediato una regla política y legal de oro en Colombia: ninguna colectividad puede presidir el Senado y la Cámara de forma simultánea. Al decantarse por la puja en el Senado, el Centro Democrático sacrificó de facto a Briceño en la cámara baja, dejándolo expuesto ante las jugadas del Ejecutivo entrante.


La irrupción conservadora: El factor Nicolás Barguil


El gobierno de Abelardo De la Espriella no tardó en capitalizar el vacío de poder dejado por el uribismo en la Cámara de Representantes. En una maniobra de rápido pragmatismo, el Ejecutivo entrante decidió respaldar la aspiración de Nicolás Barguil, representante del Partido Conservador, para asumir la presidencia de la corporación.


La jugada por Barguil no es casual y responde a profundos lazos de confianza regional y familiar con el nuevo poder de la Casa de Nariño:


Filiación regional: Nicolás Barguil es de Montería, la misma ciudad donde creció De la Espriella, y cuenta con el respaldo del experimentado exsenador David Barguil, un peso pesado de la maquinaria electoral caribeña.


Nexos familiares: El senador conservador Marcos Daniel Pineda, también monteriano y aliado clave de este bloque, es primo hermano de la próxima primera dama de la Nación, Ana Lucía Pineda.


Con este movimiento, el gobierno no solo asegura una presidencia mucho más dócil y cercana a sus intereses en la Cámara, sino que sella un pacto de gobernabilidad a largo plazo. De acuerdo con fuentes legislativas, el acuerdo para los próximos cuatro años en la Cámara de Representantes ya estaría preestablecido bajo un esquema de rotación partidista:


  • Primer año: Partido Conservador (Nicolás Barguil).

  • Segundo año: Partido Liberal.

  • Tercer año: Centro Democrático.

  • Cuarto año: Cambio Radical.


Para lograr la victoria en la sesión de instalación del 20 de julio, Barguil necesitará una mayoría simple (la mitad más uno de los presentes), lo que se traduce en asegurar al menos 93 votos de los 183 representantes que componen la corporación. Un objetivo que, con el guiño del gobierno entrante y la disciplina de las bancadas tradicionales, parece plenamente alcanzable.


El panorama en el Senado: El pulso Henríquez vs. Deluque


Si el panorama en la Cámara es adverso para el Centro Democrático, el escenario en el Senado es un reflejo de su aislamiento político. El partido reclama con insistencia que, al ser la bancada de derecha más votada de la pasada elección (con 17 senadores), les corresponde por derecho propio la presidencia de la cámara alta en el año de instalación. Para ello proponen al senador Honorio Henríquez, a quien definen como un "demócrata" capaz de generar consensos.


No obstante, la Casa de Nariño tiene otros planes. De la Espriella ha volcado todo su capital político en favor del senador guajiro Alfredo Deluque, del Partido de la U. Deluque tiene credenciales de sobra ante el nuevo mandatario: acompañó la campaña presidencial desde sus fases iniciales, fue vital para tender puentes con los clanes y partidos tradicionales del Caribe, y es extremadamente cercano a Carlos Suárez, el estratega general de De la Espriella.


La entronización de Deluque representa además una sutil estocada al expresidente Álvaro Uribe Vélez, en lo que muchos analistas leen como una estrategia del entorno presidencial para jubilar políticamente al exmandatario y erigir al movimiento 'Defensores de la Patria' como la nueva fuerza hegemónica de la derecha colombiana.



Las críticas del Centro Democrático hacia Deluque —reprochándole su pasado santista y su apoyo a reformas clave del saliente gobierno de Gustavo Petro— no han tenido eco suficiente. Tampoco su argumento de que La U solo cuenta con 8 senadores y ni siquiera se ha declarado oficialmente partido de gobierno.


La matemática electoral en el Senado juega fuertemente en contra de Henríquez. Para lograr los 52 votos necesarios (de un total de 103 senadores), el uribismo ha tenido que explorar alianzas desesperadas. Se habla en los corrillos políticos del primer prodigio de la "Patria Milagro": un acercamiento del Centro Democrático hacia sectores del opositor Pacto Histórico (izquierda) y disidencias de los partidos tradicionales para sumar apoyos en favor de Henríquez. Sin embargo, la bancada conservadora (que cuenta con 9 senadores activos, debido a que Wadith Manzur está recluido por el escándalo de la UNGRD) ya notificó que no respaldará al candidato uribista.


Con las cartas sobre la mesa, la luna de miel del Centro Democrático con el naciente gobierno parece haber naufragado antes de comenzar. De confirmarse las proyecciones para este 20 de julio, el partido de Álvaro Uribe se quedará sin el manejo del Senado y sin la Cámara de Representantes, viendo desde la llanura cómo las mayorías legislativas se alinean bajo la batuta de Alfredo Deluque y Nicolás Barguil.

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