crossorigin="anonymous"> El cuidado no remunerado representa el 20% del PIB en Colombia
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El cuidado no remunerado representa el 20% del PIB en Colombia



El trabajo silencioso que sostiene el día a día de los hogares colombianos finalmente tiene una radiografía clara, y su peso financiero es descomunal. De acuerdo con la última entrega provisional de la Cuenta Satélite de Economía del Cuidado (CSEC) y de las Cuentas Nacionales de Transferencia de Tiempo (CNTT) presentadas por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado alcanzó la histórica cifra de $340,5 billones de pesos.


Este valor equivale al 19,9% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, consolidándose como una de las "industrias" más grandes del país, superando incluso a sectores tradicionales como el comercio o las industrias manufactureras. Durante el año de análisis, los colombianos destinaron un total de 44.326 millones de horas a estas actividades sin recibir un solo peso a cambio.



El cuidado: un gigante oculto de la economía


Comparar el valor de la economía del cuidado no remunerado con sectores tradicionales como el financiero o el de la construcción demuestra la verdadera y descomunal dimensión de este motor invisible.


Tomando como base las cifras macroeconómicas del DANE para el año 2024, el Producto Interno Bruto (PIB) tradicional de Colombia a precios corrientes rondó los $1.711 billones de pesos. El trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, valorado en $340,5 billones (19,9% del PIB), supera con creces a estos sectores tanto por separado como de forma combinada.


El sector de la construcción en Colombia (que agrupa la edificación de viviendas, locales y las obras civiles de infraestructura) es considerado tradicionalmente uno de los principales termómetros e impulsores de la economía nacional y en 2024aportó cerca del 4,5% al 5% del PIB, lo que equivale a una cifra estimada entre $77 y $85 billones de pesos.



Esto significa que la economía del cuidado no remunerado es más de 4 veces mayor que todo lo producido por el sector de la construcción en el país. Todo el cemento, los proyectos de vivienda, las carreteras, puentes y las grandes obras de infraestructura nacional juntos no alcanzan a sumar ni una cuarta parte del valor monetario que generan las personas (principalmente mujeres) cuidando sus hogares.


Por su lado, el sector financiero es el corazón del movimiento del capital formal, concentrando la actividad de los bancos, fiducias, fondos de pensiones y compañías de seguros. Este sector suele representar alrededor del 4,3% al 4,8% del PIB colombiano, moviendo cerca de $73 a $82 billones de pesos anuales a precios corrientes.


Ese valor cabe más de 4 veces en lo que genera el cuidado no remunerado. En términos de riqueza generada para el sostenimiento de la vida diaria, el "banco del hogar" genera un dividendo social y económico drásticamente mayor que todo el sistema financiero colombiano.



En perspectiva y de manera combinada, los dos sectores alcanzarían a representar sólo la mitad del aporte en el PIB de lo que genera el cuidado no remunerado: un 19,9% de éste contra un 9,5% promedio de la sumatoria del sector financiero y el de la construcción.


Es decir, si sumáramos todo el dinero que mueven los bancos, los seguros, las constructoras de vivienda y las obras públicas en Colombia, apenas llegaríamos al 50% del valor económico que representan las 44.326 millones de horas que se dedican a cocinar, limpiar y atender a niños o ancianos de forma gratuita.


Esta brecha evidencia una desconexión en la política pública: mientras los sectores financiero y de la construcción reciben incentivos tributarios, subsidios y planes de reactivación económica por su capacidad de generar empleo y mover la economía, la economía del cuidado (que es cuatro veces más grande y subsidia de manera directa al resto de los sectores productivos al entregarles mano de obra alimentada, vestida y cuidada) sigue sin recibir inversiones estructurales equivalentes, como un Sistema Nacional de Cuidado robusto que libere tiempo para las mujeres y formalice estas labores.


Una brecha de género que no cede


El informe del DANE vuelve a poner sobre la mesa la abrumadora desigualdad en la distribución de las tareas del hogar. Las mujeres siguen llevando sobre sus hombros casi la totalidad de esta carga invisible: su trabajo representa el 14,8% del PIB, mientras que el de los hombres apenas llega al 5,1%.


Al desglosar las 44.326 millones de horas dedicadas a limpiar, cocinar y cuidar, la balanza se inclina drásticamente: las mujeres aportan el 75,9% de este tiempo, frente a un tímido 24,1% por parte de los hombres. Esto significa que ellas realizan tres de cada cuatro partes de las labores del hogar.


Indicador de Cuidado No Remunerado Mujeres Hombres

Aporte total al PIB nacional 14,8% 5,1%

Distribución del tiempo total invertido 75,9% 24,1%

Dedicación promedio semanal 5,2 horas 1,5 horas



Los datos revelan un matiz importante según el nivel de ingresos. En los estratos 1 y 2, los hombres aportan el 22,7% de las horas anuales de cuidado, mientras que en los estratos más altos (5 y 6) su participación aumenta levemente al 28,8%. A pesar de esta ligera mejora en contextos de mayores ingresos, la brecha estructural se mantiene en todos los niveles de la sociedad.


¿A qué se va el tiempo en los hogares colombianos?


Mantener un hogar a flote requiere una variedad de tareas diarias. El suministro de alimentos (cocinar, servir y lavar platos) sigue siendo la actividad que más tiempo consume en el país. La distribución porcentual del tiempo invertido en el cuidado no remunerado se reparte de la siguiente manera:


  • Suministro de alimentos: 36,3%

  • Limpieza, mantenimiento y reparación del hogar: 25,9%

  • Cuidado y apoyo a personas del mismo hogar: 14,4%

  • Mantenimiento de vestuario (lavado y planchado): 11,7%

  • Compras y administración del hogar: 10,5%

  • Actividades de voluntariado y apoyo a la comunidad: 1,2%


Las labores de las mujeres se concentran de manera prioritaria en la alimentación, la ropa y la limpieza, mientras que la participación de los hombres se enfoca de manera más común en tareas logísticas, mantenimiento y reparaciones menores.


El ciclo de vida del cuidado: de la cuna a la vejez


Las Cuentas Nacionales de Transferencia de Tiempo también permiten entender cómo cambia la demanda de cuidados a lo largo de la vida de un colombiano. La necesidad de atención se concentra drásticamente en la primera infancia. Las niñas recién nacidas reciben en promedio 36,8 horas semanales de atención, mientras que los niños reciben 34,3 horas. Esta demanda cae significativamente durante la adolescencia y vuelve a elevarse de forma progresiva al llegar a la vejez.


La responsabilidad de producir y proveer este cuidado recae mayoritariamente sobre las mujeres en sus edades más productivas (entre los 15 y 59 años). En este rango de edad, las mujeres dedican un promedio de 5,2 horas semanales estrictamente al cuidado de otras personas, en contraste con las 1,5 horas que registran los hombres.


Esta sobrecarga tiene un impacto directo en el desarrollo profesional femenino. Según análisis de centros de pensamiento locales, existe un estrecho vínculo entre la carga del hogar y la exclusión del mercado laboral formal: el 79,4% de las madres con más de tres hijos menores de 14 años se encuentran en la informalidad laboral.



Un panorama estancado


La medición de la economía del cuidado en Colombia nació gracias a la Ley 1413 de 2010. Desde entonces, el DANE ha calculado este valor en cuatro oportunidades: 2014, 2018, 2022 y 2024. Para expertas en el tema y promotoras de la ley, como la exministra Cecilia López, los resultados históricos demuestran que el país está estancado. A pesar de tener cifras exactas sobre el valor de este trabajo, no se han logrado avances sustanciales en políticas públicas que redistribuyan de manera efectiva las tareas domésticas, dejando el sostenimiento del país bajo un esquema de profunda desigualdad de género.

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