La pugna entre De la Espriella y Uribe por la presidencia del Congreso
- Acta Diurna

- 15 jul
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A pocas semanas de que el presidente electo, Abelardo de la Espriella, asuma oficialmente el cargo el próximo 7 de agosto de 2026, la luna de miel con el uribismo —su principal aliado en el tramo final de la campaña— parece haber llegado a su fin de manera prematura. La batalla por la distribución del poder en el Legislativo ha expuesto de forma abierta las primeras y profundas grietas entre el nuevo mandatario y las huestes del expresidente Álvaro Uribe Vélez.
El detonante ha sido la conformación de las mesas directivas del Congreso. Mientras que el partido de gobierno entrante ha impulsado activamente al senador Alfredo De Luque (Partido de la U) la presidencia, el Centro Democrático ha marcado distancia y ha optado por concentrar sus esfuerzos en que la cabeza del Senado osea Honorio Henríquez (Centro Democrático). Esta falta de sintonía para unificar una sola estrategia de cara a la legislatura expone un distanciamiento que va mucho más allá de un simple desacuerdo burocrático.
Un matrimonio de conveniencia que se rompe antes del altar
Durante la campaña, el Centro Democrático de Álvaro Uribe terminó arropando la candidatura del abogado penalista tras la derrota de su propia ficha, Paloma Valencia. Aunque el expresidente Uribe instó públicamente a sus bases a votar por él con el fin de frenar a la izquierda, la alianza siempre se entendió como una tregua pragmática.
Ahora, con De la Espriella en el poder, el mandatario electo está demostrando que no tiene la intención de cogobernar bajo la sombra de la casa de El Ubérrimo. La designación de figuras de otros sectores de derecha y centroderecha en su gabinete —y su autonomía al momento de armar las mayorías legislativas apoyándose en sectores tradicionales como el Partido Conservador— ha dejado al uribismo en una posición de desconcierto.
"Mi partido, Centro Democrático, en este momento decidió jugársela por la presidencia del Senado", admitió el concejal Daniel Briceño, evidenciando que el partido no acompaña la postulación preferida por la Casa de Nariño para la Cámara baja.
El fantasma de la traición a Álvaro Uribe
En el centro de esta tormenta política emerge un interrogante que ya empieza a generar amargos debates en los pasillos del Congreso: ¿estamos ante la primera gran traición política a Álvaro Uribe en la era De la Espriella?
Para los sectores más radicales del uribismo, el comportamiento del presidente electo tiene un amargo sabor a déjà vu. La historia política colombiana reciente ya ha visto a presidentes que llegaron al poder impulsados por los votos de Uribe para luego distanciarse de su mentor con el fin de construir una identidad y un bloque de poder propio. El hecho de que De la Espriella esté negociando la presidencia del Congreso directamente con la derecha tradicional —y relegando al Centro Democrático a un rol secundario de soporte— es interpretado por muchos analistas como el primer paso de una ruptura deliberada.
De la Espriella, caracterizado por su estilo personalista, estridencia retórica y un marcado arraigo caribeño, ha construido su propia base de poder que ya no depende de la bendición permanente de Uribe. Para un sector del Centro Democrático, el hecho de que el nuevo mandatario use la estructura del partido para llegar a la Casa de Nariño y luego configure mayorías legislativas "a su medida" con otras colectividades representa un desconocimiento del peso histórico de Uribe, rozando el terreno de la deslealtad política.
A medida que se acerca el 20 de julio —fecha clave para la instalación del nuevo Congreso—, el pulso medirá si De la Espriella logra consolidar una coalición mayoritaria independiente o si, por el contrario, el uribismo decidirá cobrarse esta temprana distancia obligando al nuevo presidente a negociar cada uno de sus proyectos de ley bajo sus propios términos.



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