La estridencia nunca construye mayorías
- Acta Diurna

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Por: Dany Oviedo Marino

En la era de la hiperconectividad, es fácil confundir el estruendo de las notificaciones con el rugido de las urnas. Sin embargo, la política, esa ciencia que se nutre de realidades y no de algoritmos, suele ser implacable con quienes confunden la popularidad digital con la viabilidad democrática. El fenómeno de Abelardo De la Espriella es, quizás, el ejemplo más nítido de esta desconexión: una candidatura que brilla intensamente en el nicho, pero que se estrella contra un techo de cristal.
La anatomía electoral de su propuesta revela una debilidad estructural. A diferencia de victorias pasadas de la derecha —como la de Iván Duque en 2018, quien logró proyectar una imagen de centro e institucional que tranquilizó a los sectores moderados y al establecimiento—, Abelardo parece haber optado por la ruta de la estridencia visceral. Es un camino que recuerda peligrosamente al de Rodolfo Hernández: un ascenso meteórico impulsado por el ruido que, al llegar al momento de la verdad, carece del oxígeno necesario para expandirse.
El análisis de fondo es, ante todo, aritmético. El proyecto de De la Espriella se ha atrincherado en un sector "exuribista" radical que, si bien es ruidoso y fiel, es insuficiente para ganar una presidencia en la Colombia actual. Los datos no mienten: su núcleo duro se estima en unos 3 millones de votos y de 6.5 millones en el balotaje. El umbral de victoria en una segunda vuelta supera los 11 millones.
Apostar por un candidato que es incapaz de sumar por fuera de su base es, en términos prácticos, firmar una sentencia de derrota anticipada. En un balotaje, el ganador no es quien más grita, sino quien menos asusta al centro.
Más allá de los números, existe una fractura estética y ética. La narrativa de Abelardo, marcada por una ostentación elitista, difícilmente logra permear en la "Colombia profunda" o en las dinámicas populares de los barrios. A esto se suma un equipaje de contradicciones ideológicas que erosionan su credibilidad: un pasado cercano al santismo y al ateísmo que hoy intenta disfrazarse de fervor cristiano y oposición radical a la JEP.
Esos giros discursivos, sumados a sombras del pasado como su vinculación profesional con el esquema de DMG, crean un flanco débil que cualquier rival de peso sabrá explotar.
La paradoja final es casi trágica para sus seguidores. Al polarizar de forma tan extrema y desprovista de propuestas de Estado serias, Abelardo no está debilitando a la izquierda; la está fortaleciendo. Su figura actúa como un repelente natural para el votante de centro y los indecisos, empujándolos directamente hacia la opción opositora.
En este escenario, De la Espriella no es el salvador de la derecha, sino el "candidato útil" de Iván Cepeda que puede ayudarlo a terminar de derrotar a la derecha radical. Llevarlo a una segunda vuelta no sería una jugada audaz de renovación, sino la entrega formal de las llaves del poder a su contraparte. En política, el entusiasmo de las redes sociales es un combustible volátil que, sin una base de realismo y expansión, termina por sofocar a quien intenta encenderlo.



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