El techo de cristal y el dilema del verdugo
- Acta Diurna

- 23 may
- 2 min de lectura
Por: Juan C. Pérez

A una semana larga de que los colombianos acudan a las urnas para la primera vuelta presidencial de 2026, la última fotografía de Guarumo y Ecoanalítica previa a la veda de encuestas sacude el tablero electoral con una paradoja demoledora: ganar la primera batalla no garantiza vencer en la guerra.
Iván Cepeda, el abanderado del Pacto Histórico, cabalga cómodo en el primer lugar con un robusto 37,1% de la intención de voto. Una cifra envidiable que consolida la base dura del petrismo y la izquierda tradicional frente a una derecha fragmentada. Sin embargo, detrás del brillo de ese liderato se esconde una debilidad matemática implacable. Cepeda sufre del síndrome del "techo de cristal". Con un alarmante 42,9% de tasa de rechazo (el más alto de todos los aspirantes), el candidato oficialista parece haber tocado su límite natural. En política, despertar tanta resistencia colectiva suele ser letal cuando el sistema exige mayorías absolutas.
La verdadera noticia de este sondeo no está en la cima, sino en el reacomodo de las fuerzas contrarias. Abelardo De la Espriella ha logrado romper el empate técnico que sostenía con Paloma Valencia, despegando con un 27,5% frente al 21,7% de la senadora del Centro Democrático. De la Espriella, impulsado por una narrativa de orden estricto, mano dura y un perfil de outsider de tribuna, capitaliza el descontento e inclina el pulso de la derecha a su favor.
Pero el dato que verdaderamente debería quitarle el sueño al Pacto Histórico surge en las simulaciones de segunda vuelta. Por primera vez Cepeda muerde el polvo en los escenarios de balotaje. Si se enfrenta a De la Espriella, el abogado lo supera 43,6% a 40%. Si la rival fuera Paloma Valencia, la brecha es aún mayor: 44,8% frente a un menguado 39,9%.
¿Qué nos dice esto? Que Colombia sigue siendo un país sociológicamente inclinado hacia corrientes de derecha y centroderecha (el 34,2% de los encuestados se autodefine de derecha frente a un 27,8% de izquierda). La debacle del centro político es absoluta: Sergio Fajardo (3,2%) y Claudia López (1,5%) —quien increíblemente se ve superada por el emergente Santiago Botero con 1,6%— demuestran que la moderación no vende en tiempos de crispación social. El electorado exige posturas tajantes.
La moneda está en el aire. Cepeda tiene el tiquete asegurado para el 21 de junio, pero llegará al destino final con las manos atadas si no logra seducir a ese 15% o 16% de ciudadanos que hoy dicen que "no votarían por ninguno". Por su parte, la derecha tiene un dilema idéntico al de un pelotón: necesitan definir rápidamente si su verdugo contra el oficialismo será el histrionismo de De la Espriella o la disciplina partidista de Valencia. Quien pase a la segunda vuelta, según las matemáticas puras, tiene la primera opción de heredar las llaves de la Casa de Nariño. juan96perez36@gmail.com



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