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Petro: El fenómeno político al que no lo alcanzó la soledad del poder

hace 3 horas
3 min de lectura

Por: Nerio Luis Mejía



El mundo político tiene su cuarto de hora. Quienes desempeñan una función pública tras ser electos popularmente, una vez terminan sus mandatos, ven cómo se apaga el espectáculo mediático que genera el poder. Eso ocurre en casi todo el mundo, desde las potencias del primer mundo hasta las naciones menos desarrolladas, y Colombia no ha sido la excepción: al entregar el mando, los dirigentes enfrentan la fría soledad del poder.


Sin embargo, esta afirmación parece haber quedado relegada al mito cuando se trata de Gustavo Petro, el político colombiano más controvertido de los últimos tiempos.



El exmandatario ha sido una suerte de personaje polémico desde su paso por el M-19. Su tránsito a la vida civil tras la firma de paz —de donde surgió la Constitución del 91— dejó una huella indeleble en la historia de la nación. Petro fue escalando progresivamente en las corporaciones públicas a través del voto popular hasta alcanzar la máxima magistratura del país. Con discursos poéticos que evocaban la universalidad de la especie y se elevaban a dimensiones galácticas, intentó transformar al país cafetero en una suerte de nación poderosa; quizás traicionado por su propio pensamiento rebelde, da la impresión de que nunca se desmovilizó del todo, pero sin duda invitó a soñar a millones de colombianos.


Petro se enfrentó a las élites enquistadas en el poder, esas que reclaman el derecho a gobernar como si se los dictara la divina providencia en un mundo medieval donde el mando se hereda por designio divino. Sin embargo, su propio gobierno no estuvo exento de sombras: escándalos de corrupción, tráfico de influencias y todos los vicios que han salpicado a los distintos gobiernos en Colombia.


Pero el mandatario de origen costeño —ese que luce el sombrero de cañaflecha y la guayabera— también terminó en el ojo del huracán por escándalos de corte placentero. Marcado por el consumo de alcohol y la compañía de mujeres que hoy intentan mancillar su buen nombre, estas han lanzado una serie de declaraciones ante los medios de comunicación que ahora tendrán que sostener ante la justicia.


Al dejar la presidencia, Petro no pasó al anonimato como otros exjefes de Estado. Ha sido señalado de conductas que van desde delitos graves hasta faltas contra la moral, pero el dirigente político se mantiene firme en la arena defendiendo su inocencia y su gestión. En los últimos días se le acusa de haber entregado contratos durante su gobierno a cambio de favores sexuales, una situación que deberán esclarecer los órganos de investigación.


Contrario a lo que pretenden quienes buscan desprestigiar la tenacidad del político, de no comprobarse los señalamientos, estos solo terminan fortaleciéndolo. De Petro se dice de todo, pero judicialmente poco le han podido probar. A esto se suma la narrativa de que su paso por la presidencia estuvo acompañado de rumba, sustancias y un nutrido número de mujeres que pasaron por su lecho. Por ello, Gustavo Petro parece un mandatario extraído de una historia macondiana, un sobreviviente en un mundo de lo imposible que rivaliza con esos personajes costeños que hicieron de la compañía femenina su sello de vida.



Si en Colombia a los ídolos de la música se les recuerda y homenajea con novelas y series de televisión por la fortuna de llevar a su lecho a múltiples mujeres, Gustavo Petro no tendría por qué ser la excepción. No solo convulsionó la política colombiana, sino que su vida pública estuvo rodeada de musas que tal vez no llegaron a ser las libertadoras del libertador, pero sí terminaron convertidas en las acusadoras del expresidente más polémico de la nación.

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