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No es demasiado tarde para una nueva aventura

hace 2 horas
2 min de lectura

Por: Nerio Luis Mejía



Aquella noche del 14 de octubre, cuando el firmamento nos regaló ese bello espectáculo de conjunción entre una delgada luna creciente y la estrella Antares —en aquel cielo despejado que aún dejaba ver en el horizonte el rastro de un día soleado—, después de retirar mi mirada del infinito, decidí enfocar mis pensamientos al interior de mi alma.

Entendí que, ante la vastedad del universo y lo pequeños que somos, los años no son el límite para quienes continúan soñando, ni la distancia es impedimento cuando se decide amar. Por eso considero que nunca es demasiado tarde para una nueva aventura. Por curiosidad se descubrieron nuevos continentes; sin el miedo que paraliza a los mortales, siempre cabe la posibilidad de encontrar el amor, de ver florecer las esperanzas y de que el cuerpo vuelva a sentir el deseo de acariciar otra piel.


Asaltar por curiosidad el espacio de alguien por un genuino interés jamás será una locura; es, quizás, el acto de cordura más convincente que caracteriza a quienes están dispuestos a sentir la chispa del amor en un fuego que se enciende al calor de los deseos. Es el anhelo de quienes quieren sentirse correspondidos. Tal vez se dibujen siluetas a pies descalzos en medio de un cultivo, o de quien desea sentir la energía de la tierra y conectarla a través de sus talones, hasta llegar a la glándula pineal, lugar donde reside el alma. Te cuento... aquellas pisadas que se dibujaron sobre la arena esculpieron en los sentimientos del poeta la razón de sus versos.



Por eso hoy te confieso que espero en mi soledad tu compañía, para que te conviertas en un collar de estrellas cuando empiecen a desaparecer las tardes grises y le den paso a las noches más oscuras. Te invito a convertirte en la antorcha de una nueva aventura que inicia en el silencio de esta soledad donde oscurece temprano. Volvamos a ser niños para jugar a las escondidas, esta vez ya no detrás de los árboles y las paredes, sino a través de los momentos en que me encuentro distante de ti.


Te cuento... la quebrada volvió a su viejo cauce, y las aves que habían partido a causa del verano de la soledad ya regresaron con su canto para vencer el silencio. Las piedras con las que tropezaron tus pies amanecieron dibujadas con corazones. Quizás sea una ilusión de esa imaginación que dibujaste en mi existencia en aquel efímero momento en que te conocí. Tal vez mi mayor temor sea no volver a verte mientras aún permanezca existiendo en este mundo, porque estoy seguro de que más allá de esta vida no tendré barreras ni límites para estar a tu lado.


Te hablo desde el profundo silencio, con el deseo de tocar tu piel aunque no te encuentres cerca de la distancia de mis manos. Quizás no sea alguien que gobierne tus sentimientos, aunque a ti te he entregado las llaves de mi existencia, esas que abren la posibilidad de amar si nos embarcamos sin pensarlo. Porque jamás será tarde para iniciar una nueva aventura.

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