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Libertad de prensa y Democracia



Por estos días la Unesco celebró en Santiago, Chile, la trigésima primera conferencia del Día Mundial de la Libertad de Prensa. Instituida por ese organismo desde 1993, esta vez estuvo encaminada a la importancia del periodismo y la libertad de expresión en el contexto de la actual crisis medioambiental mundial.


Como dato curioso fue entregado el premio Guillermo Cano, en honor del periodista colombiano que fuera asesinado por órdenes del Cartel de Medellín ante la lucha frontal que contra el narcotráfico había adelantado desde la dirección del diario El Espectador.



Vale la pena recordar – como lo hicimos al intervenir en el reciente foro “Influencia de los Medios de Comunicación en la Democracia Colombiana”, por una gentil invitación del programa de Ciencias Políticas y Gobierno de la Universidad Simón Bolívar – que en nuestro país la constitución de 1886 – ultraconservadora y centralista – consagraba la figura de la “libertad de prensa” cuando establecía en su artículo 42 : “La prensa es libre en tiempos de paz, pero responsable con arreglo a las leyes, cuando atente contra la honra de las personas, al orden social o la tranquilidad pública..”, mientras que en la carta magna de 1991 – conocida como la constitución de los derechos – se consagra entonces “la libertad de expresión” cuando reza: “Se garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones … y de fundar medios masivos de comunicación..” (art. 20)


Ambos temas el de la libertad prensa, para quienes específicamente ejercen los oficios relacionados con el periodismo, y el de la libertad de expresión, como un derecho consagrado para todos los ciudadanos, son pilares fundamentales de la democracia. Sin embargo, estas libertades han venido sufriendo cada vez más en su ejercicio, defensa y aplicación por lo que no es casualidad entonces que, en razón directamente proporcional, también haya venido disminuyendo la democracia en el mundo. Allí puede estar la explicación,


En efecto, “El Índice de la Democracia Global”, elaborado por la Unidad de Inteligencia de la prestigiosa revista británica “The Economist”, en su edición correspondiente al año 2023 señala que solo 24 países de los 167 estudiados en el mundo fueron calificados en lo que se denomina “Democracia plena”. Esto representa apenas el 8% de la población mundial. Los demás países del mundo contemplados en el índice entran en las categorías de: Democracia deficiente, régimen híbrido y régimen autoritario.


Por cierto, para el caso latinoamericano solamente aparecen allí los gobiernos de Costa Rica y Uruguay. De los 24 países de la región – que viene en retroceso democrático en los últimos 8 años, de acuerdo al informe – 16 registraron un descenso en sus puntuaciones. El mayor retroceso se produjo en la subregión de América Central, impulsado por los descensos de El Salvador, Nicaragua, Guatemala y Honduras.



Y es que lo que se evidencia cada vez más es la injerencia de los regímenes autocráticos en detrimento de las democracias, soportados por la facilidad, la eficacia y economía que representan las redes sociales y las plataformas. Ya lo vimos en Gran Bretaña donde Rusia se inmiscuyó en el referéndum de 2016 sobre el Brexit; Y en las elecciones de los Estados Unidos de 2016 y 2020; Los españoles lo padecieron en vísperas del referéndum sobre la independencia de Cataluña en 2017; E incluso los chilenos durante las protestas masivas desencadenas por el aumento de los precios del transporte público, entre otros.


¡¡En la medida en que se siga restringiendo la libertad de expresión, iremos perdiendo cada vez más la democracia…!!


@vherreram

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