Elecciones a prueba de fuego
- Nerio Luis Mejía

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Por: Nerio Luis Mejía

Lo que muchos colombianos afirmamos con orgullo —que somos la democracia más antigua y estable de América Latina— enfrenta en 2026 su verdadera prueba de fuego. Estas elecciones se distinguen de todas las anteriores porque, tras el primer gobierno progresista, se celebran sin el fantasma de la reelección ni el temor al “atornillamiento” del presidente Gustavo Petro en el poder. En otras palabras, se derrumba el mito de la dictadura izquierdista.
Sin embargo, debemos reconocer que el proceso está marcado por el miedo al fraude electoral y por la presión de los grupos armados en distintas regiones del país. La ciudadanía tiene el reto de demostrar de qué está hecha y no permitir que la democracia más antigua de la región se vea intimidada por factores que tanto daño le han causado a Colombia.
La atipicidad de esta contienda se refleja en candidatos cuestionados y en la sospecha de que actores armados puedan impulsar aspirantes de su preferencia. Esto genera ventajas electorales para quienes cuentan con la venia de los violentos en territorios donde ejercen dominio absoluto, poniendo en duda las garantías del proceso.
El conflicto armado siempre ha estado a la sombra de las decisiones políticas. En algunas regiones, los grupos insurgentes declaraban objetivo militar a todo aquel que aspirara a cargos de elección popular; en otras, aprendieron a involucrarse mediante candidatos afines a sus intereses, lo que les permitía acceder a recursos públicos y obtener información estratégica sobre la fuerza pública.
Hoy esa situación no ha desaparecido. El recrudecimiento del conflicto en varias zonas amenaza el desarrollo electoral: desde intimidaciones a candidatos hasta posibles atentados contra quienes no se alineen con los actores armados. Por eso afirmo que estas elecciones son una verdadera prueba de fuego: bajo un gobierno de izquierda se celebran en medio del temor de que grupos que se autodenominan de izquierda intenten sabotear el proceso.
A ello se suma la polarización política, marcada por dos grandes fuerzas ideológicas —izquierda y derecha— que podrían provocar un brusco cambio en la orientación política del país.
No obstante, sin el fantasma de la reelección y con garantías para los candidatos, pese a los lunares en las zonas de conflicto, podemos decir que la democracia colombiana respira con serenidad. Estas elecciones, más que nunca, parecen estar superando su prueba de fuego.



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