La sangre corre en Barranquilla por cuenta de las bandas criminales
- Acta Diurna

- hace 1 día
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Las piezas del rompecabezas judicial en el Atlántico encajan de la peor manera. Las cifras no mienten y la realidad en las calles tampoco. Barranquilla y su área metropolitana acaban de cerrar un mes de junio con un balance de 113 homicidios, lo que representa un alarmante incremento del 53% en comparación con el mismo mes del año anterior (cuando se registraron 74 casos). Detrás de esta escalada violenta, que ya deja un acumulado anual de 611 asesinatos y siete masacres en el departamento, la Policía Metropolitana ha confirmado el origen de la crisis: la aparición de un tercer actor criminal en el tablero del narcotráfico y la extorsión local: 'La Nueva Generación'.
Hasta hace muy poco, el mapa criminal de la ciudad se dividía de manera predecible en una guerra de dos bandos: 'Los Costeños' y 'Los Pepes'. Sin embargo, las dinámicas de poder mutaron. El general Miguel Camelo, comandante de la Policía Metropolitana de Barranquilla, reconoció públicamente que el ascenso vertical de la violencia en mayo y junio responde directamente a una feroz fractura interna.
El origen del nuevo monstruo
De acuerdo con las investigaciones de los detectives de la institución armada, 'La Nueva Generación' (también autoproclamados en las calles como 'Los del Freseo') no es una organización foránea. Nació de las entrañas de 'Los Costeños'. El cerebro detrás de esta disidencia es un viejo conocido del mundo del hampa: alias 'El Menor'.
'El Menor' formaba parte del círculo más íntimo y de absoluta confianza de Jorge Eliécer Díaz Collazos, alias 'Castor', el histórico y hoy condenado capo de 'Los Costeños'. Las autoridades señalan que la distancia física de 'Castor' —debido a su reclusión—, sumada a los ruidos de sus preacuerdos con la Fiscalía y los procesos de paz urbana, fueron percibidos por sus subalternos como un vacío de poder, por lo que 'El Menor' decidió independizarse, orquestando una rebelión para quedarse con las millonarias rentas ilegales que históricamente le pertenecían a su jefe.
"Este sujeto ('El Menor') ha entrado con violencia a disputarle esas rentas criminales a este actor criminal. Esto nos ha incrementado el homicidio", aseguró el general Camelo.
La disputa no solo es territorial, sino estrictamente económica. Lo que está en juego en los barrios de Barranquilla, Soledad, Malambo y Puerto Colombia es el control del microtráfico, el narcotráfico a gran escala, las redes de extorsión, los préstamos de usura bajo la modalidad del 'cobradiario' y el despojo o usurpación de tierras.
La guerra de panfletos y el cobro de cuentas pendientes
El quiebre definitivo entre 'Castor' y 'El Menor' ya se ha librado con sangre de alto impacto. Fuentes oficiales vinculan directamente a 'La Nueva Generación' con el asesinato en Puerto Colombia de Mayra Alejandra Vera Duarte, alias 'La Mona', expareja sentimental de alias 'Castor'. El propio jefe de 'Los Costeños', mediante una carta enviada desde su lugar de reclusión, acusó formalmente a 'El Menor' de haber ordenado el atentado contra su exesposa en el conjunto residencial de Villa Campestre.
La organización disidente ha dejado de esconderse. A mediados de junio, se viralizó un video grabado desde la cárcel de máxima seguridad de Valledupar en el que Otón Alfredo Peralta Estupiñán extorsionaba a comerciantes en nombre de 'La Nueva Generación', ratificando explícitamente a 'El Menor' como su único jefe y desconociendo por completo las órdenes de 'Castor'.
Apenas unos días después, el asesinato de Gloria Vanessa Triviño Barrios, una joven de 24 años acribillada en el barrio Costa Hermosa de Soledad, terminó por desatar los demonios. Las autoridades revelaron que Triviño Barrios fungía presuntamente como la "mano derecha" del cabecilla de 'La Nueva Generación'. Tras su muerte, la organización inundó las redes y las calles con panfletos amenazantes que anunciaban una oleada de ataques sicariales de represalia.
El reflejo en las calles: la balacera de Villa San Carlos
Este cruce de cables entre facciones criminales tiene consecuencias fatales para los ciudadanos de a pie. El ejemplo más reciente ocurrió la noche del pasado lunes festivo 29 de junio en el barrio Villa San Carlos, en la localidad Metropolitana de Barranquilla.
Eran pasadas las 10:30 p.m. cuando tres sujetos a bordo de una motocicleta irrumpieron en un establecimiento comercial ubicado en la carrera 1 Sur con calle 99B. Dos de los parrilleros descendieron con armas de fuego en mano y dispararon de forma indiscriminada contra las personas que departían en el lugar y en la que murieron tres hombres (uno de ellos menor de edad) y una mujer.
Aunque los vecinos trasladaron de urgencia a los heridos al Nuevo Hospital General de Barranquilla, los médicos no pudieron hacer nada por salvarle la vida al adulto mayor Santos Reyes Herrera. La inteligencia policial no tardó en encajar este suceso en el rompecabezas: el ataque sicarial respondió a un ajuste de cuentas directo entre alias 'Chopita', dinamitero de 'La Nueva Generación Los del Freseo', contra alias 'El Yonky', el jefe de zona designado por 'Los Costeños' para controlar comercialmente ese sector.
El baño de sangre en 'Los Olivos': la antesala de la venganza
El ataque en Villa San Carlos no fue un hecho aislado, sino la continuación de un fin de semana festivo con niveles de violencia que conmocionaron a la opinión pública local. Apenas unas horas antes, la madrugada del domingo 28 de junio, el norte y las zonas aledañas a la vía Circunvalar se convirtieron en el epicentro de la tercera masacre registrada en el área metropolitana solo durante el mes de junio. Cuatro hombres fueron asesinados y tres más resultaron heridos de gravedad en un establecimiento comercial que quedó marcado por el horror.
El escenario de la tragedia fue el estadero y restaurante 'Los Olivos 14', ubicado en el barrio Los Olivos I. Cerca de la 1:00 a. m., cuatro sujetos armados que se movilizaban en dos motocicletas irrumpieron de forma violenta en el lugar y abrieron fuego indiscriminadamente contra quienes se encontraban departiendo. El caos se apoderó de los asistentes, dejando en el suelo los cuerpos sin vida de las víctimas.
Para la inteligencia policial y los análisis de criminalística del Distrito, la masacre de 'Los Olivos 14' representa uno de los golpes más contundentes y directos asestados en medio de esta confrontación de tres bandas. La balacera es leída por los investigadores como una demostración de fuerza y un acto de represalia sistemática vinculado a la declaración de independencia de 'La Nueva Generación' frente a las tradicionales estructuras de 'Los Costeños' y 'Los Pepes'. Esta sangrienta incursión en la Circunvalar modificó de tajo el panorama de seguridad de la ciudad, desatando de manera inmediata la cadena de ajustes de cuentas que cobró nuevas vidas apenas 24 horas después en las calles de Villa San Carlos.
Las alarmantes radiografías del Distrito
Las autoridades civiles y de policía coinciden en el diagnóstico. El jefe de la Oficina de Seguridad y Convivencia Ciudadana de Barranquilla, Yesid Turbay, arrojó datos estadísticos contundentes que explican la crudeza de la coyuntura actual: el 86% de los homicidios en la ciudad corresponden a la modalidad de sicariato mediante el uso de armas de fuego y obedecen estrictamente a vendettas y disputas territoriales por el control de las economías subterráneas.
Turbay recordó que no es la primera vez que 'Los Costeños' sufren este fenómeno; hace aproximadamente cuatro años, una división interna similar parió a la banda de 'Los Pepes'. Ahora, el ciclo se repite con 'La Nueva Generación'. La situación se torna aún más compleja si se toma en cuenta el último informe del Ministerio de Defensa, el cual advierte que en el departamento del Atlántico confluyen actualmente más de 11 estructuras criminales.
Un mes violento
Junio cerró dejando cicatrices profundas en el Área Metropolitana, repartiendo sus 113 muertes de manera implacable: 56 en Barranquilla, 43 en Soledad, 8 en Malambo, 4 en Puerto Colombia y 1 en Galapa. La irrupción de este nuevo grupo criminal ha transformado los barrios en campos de batalla donde las líneas de mando tradicionales se han roto, y donde cada esquina se disputa a sangre y fuego.



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