El drama oculto de las desapariciones forzadas en Barranquilla
- Acta Diurna

- hace 1 día
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El miedo colectivo y el silencio impuesto por las organizaciones criminales mantienen bajo la sombra una alarmante realidad en Barranquilla. De acuerdo con revelaciones hechas por investigadores judiciales, los barrios Las Flores, Me Quejo y la zona rural que conduce al corregimiento de Juan Mina se han convertido en los puntos críticos donde se concentra el mayor número de reportes e información de inteligencia sobre desapariciones forzadas en la ciudad.
Las cifras oficiales no logran mitigar la gravedad del panorama debido al subregistro provocado por las amenazas a los familiares de las víctimas. El corredor comprendido entre la desembocadura del río Magdalena y el puente Pumarejo —una extensión de unos 20 kilómetros— sigue siendo utilizado por estructuras delincuenciales como una ruta de muerte para hacer desaparecer los cuerpos.
Las Flores: ¿Una nueva "Escombrera"?
El panorama más desgarrador se vive en el barrio Las Flores. Fuentes judiciales confirmaron que en este sector se tiene conocimiento de más de 14 casos de personas desaparecidas entre 2024 y lo corrido de 2026. Sin embargo, ante la Fiscalía General de la Nación solo se han instaurado formalmente unas ocho denuncias.
La gravedad de la situación ha llevado a que los propios habitantes comiencen a llamar de forma sombría a este sector como la “Escombrera 2”, en alusión al macabro sitio de fosas clandestinas de la Comuna 13 de Medellín.
“Todo el que pasa allá a una reunión no vuelve. La misma comunidad dice que diariamente desaparecen dos o tres personas”, manifestó un investigador bajo reserva.
La modalidad criminal en esta zona del norte de la ciudad combina el engaño y la vía fluvial. Según los informes, las víctimas suelen ser citadas bajo falsas promesas para luego ser interceptadas, subidas a la fuerza en lanchas y trasladadas al otro lado del río Magdalena (en jurisdicción de Sitionuevo, Magdalena), donde son ejecutadas y enterradas en parcelas de difícil acceso.
Un reflejo de este modus operandi ocurrió recientemente en inmediaciones de la Intendencia Fluvial, en el sector de 'El Cabrito', donde cuatro hombres fueron interceptados por sujetos armados que, tras realizar varios disparos, los obligaron a subir a una embarcación con rumbo desconocido.
Despojo de tierras y fronteras invisibles en Juan Mina y Me Quejo
La problemática se extiende hacia el suroccidente de la capital del Atlántico con matices distintos pero igual de violentos. En el corregimiento de Juan Mina se reportan formalmente cuatro casos en lo que va del año. En este sector, el móvil principal de las desapariciones está ligado a las mafias de tierras: los delincuentes recurren a la presión armada y a la desaparición para obligar a los propietarios legítimos a abandonar sus parcelas.
Por otro lado, en el sector de Loma Roja, ubicado en el barrio Me Quejo, la ley del silencio es absoluta. Aunque oficialmente solo constan cuatro denuncias de desaparición, las autoridades reconocen que es un secreto a voces que en este territorio las bandas delincuenciales asesinan y sepultan de forma clandestina a sus víctimas. El terror que infunden estas estructuras impide de manera categórica que las familias acudan a las autoridades.
La Armada Nacional y el rescate de cuerpos
El río Magdalena no solo funciona como el eje del transporte de las víctimas, sino también como el escenario donde en ocasiones concluye la incertidumbre de las familias. Investigadores judiciales señalaron que los allegados de los desaparecidos reciben de forma anónima llamadas que alertan sobre cuerpos flotando en el agua. En estos casos, las unidades de la Armada Nacional coordinan la recuperación de los cadáveres para iniciar los debidos procesos de identificación forense.
Las autoridades insisten en que romper la barrera del temor a las represalias es el principal desafío para que estos crímenes no queden en la impunidad y dejen de ser invisibles en las estadísticas del Estado.



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