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Puente festivo sangriento cierra el semestre más violento



Mientras miles de barranquilleros celebraban el vibrante liderato de la Selección Colombia tras su empate contra Portugal, las calles de la capital del Atlántico se convertían en el escenario de una de las jornadas más violentas de los últimos años. El último puente festivo de junio dejó un saldo aterrador de 21 homicidios en Barranquilla y su área metropolitana entre el sábado 27 y el lunes 29 de junio, consolidando un panorama de horror que las autoridades locales son incapaces de contener.



El reporte de la Policía Metropolitana detalla la crudeza de la ofensiva criminal: 9 asesinatos el sábado, 7 el domingo y 5 el lunes festivo. La jornada estuvo marcada por la séptima masacre del año en el departamento del Atlántico, perpetrada en la madrugada del domingo en el barrio Los Olivos I, donde cuatro personas fueron acribilladas y tres más resultaron heridas. Horas antes, el sábado, el terror ensañó sus garras contra las mujeres con los asesinatos de Gloria Vanessa Triviño (en Soledad), Astrid Jiménez (en la Ciudadela 20 de Julio) y Ana María Baza (en Los Olivos II).


Incluso los espacios emblemáticos de la ciudad, considerados hasta ahora "burbujas de seguridad", se tiñeron de sangre. En la noche del domingo, el prestamista Jhony Ernesto Pérez Soza, de 32 años, fue ejecutado por sicarios en pleno Gran Malecón del Río, a pocos metros de un concurrido parque de atracciones mecánicas, desatando el pánico entre locales y turistas que disfrutaban de la brisa del río Magdalena.


Un semestre de cifras desoladoras


La ola de violencia del fin de semana no es un hecho aislado, sino el broche de oro de un primer semestre desastroso. De acuerdo con los balances del Sistema Civil de Alertas Tempranas, liderado por el ex personero Arturo García Medrano, el mes de junio cerró con un saldo de 99 víctimas fatales en el área metropolitana de Barranquilla (48 de ellas en la capital y 37 en el municipio vecino de Soledad).


Con estos datos, el departamento del Atlántico acumula un histórico y desgarrador registro de 611 muertes violentas en lo que va de 2026, una cifra impulsada por el sicariato inatajable y la guerra intestina que libran bandas delincuenciales como 'Los Pepes' y 'Los Costeños' por el control del microtráfico y las rentas ilícitas.



La impotencia de la alcaldía y una estrategia local sin rumbo


Ante la magnitud de la tragedia, la respuesta del alcalde de Barranquilla, Alejandro Char, ha sido la indignación a través de las redes sociales. El mandatario local arremetió con dureza en su cuenta de X contra el Gobierno nacional, afirmando que "la única herencia que deja el Gobierno es un país más inseguro" y recriminando los escasos resultados de la llamada 'Paz Total', que incluyó mesas de negociación fallidas entre las cúpulas criminales locales.


Sin embargo, para amplios sectores de la ciudadanía y analistas de seguridad, el enérgico descargo del mandatario suena más a una evasión de responsabilidades que a una solución real. Si bien el orden público nacional influye de manera innegable, la administración distrital no puede desvincularse de la crisis. Barranquilla y el departamento del Atlántico han destinado cerca de 600.000 millones de pesos de sus presupuestos para robustecer la seguridad; recursos gigantescos que se han traducido en la entrega de más de 50 CAI móviles, la modernización de la flota de la Policía, el uso de tecnología de comunicación avanzada y la reciente inauguración del Centro Local de Análisis Criminal.


A pesar de estas multimillonarias inversiones en infraestructura y herramientas, los resultados efectivos en las calles son nulos. La ciudadanía se pregunta legítimamente en qué está fallando la estrategia local, dado que el robustecimiento logístico no ha logrado frenar el empoderamiento y la expansión territorial de las organizaciones criminales. Apuntar con el dedo hacia Bogotá mientras los sicarios imponen su ley en los barrios de la Localidad Suroccidente y Metropolitana —las más golpeadas por la delincuencia— demuestra una alarmante falta de autocrítica por parte del alcalde Char.



Con el cierre de este semestre sangriento, la esperanza de la capital del Atlántico parece trasladarse con urgencia al cambio de mandato presidencial entrante. No obstante, los barranquilleros exigen que sus gobernantes locales dejen a un lado el juego de las culpas políticas y empiecen a diseñar estrategias de inteligencia urbana verdaderamente efectivas, pues el derecho a la vida y a la tranquilidad colectiva no da más esperas en las calles de la Arenosa.

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