La decisión de un hombre que cambió el mundo
- Acta Diurna
- hace 14 horas
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Por: Nerio Luis MejĆa

No es que antes del tres de enero de 2026 la humanidad viviera segura, pero desde ese dĆa en adelante el mundo se sumió en una completa incertidumbre. La decisión de Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, de atacar deliberadamente a Venezuela y llevarse por la fuerza a NicolĆ”s Maduro junto a su esposa Cilia Flores, demostró que todo habĆa cambiado: nada era igual a antes, la fuerza se imponĆa sobre el derecho.
No solo Venezuela fue agredida ese dĆa. Las amenazas siguen vigentes en Groenlandia, MĆ©xico, Colombia, Cuba, IrĆ”n y muchos otros paĆses que el mandatario norteamericano no considera afines a las polĆticas de Washington. El mundo se pregunta: ĀæquĆ© hacer cuando se asesina la diplomacia y las reglas las dictan las armas? Esa encrucijada se siente en Europa, Ćfrica y AmĆ©rica Latina. No podemos predecir con certeza si estamos ante un nuevo orden en el que las tres potencias nucleares se reparten el mundo: Rusia someterĆ” a Europa mediante la fuerza, China harĆ” lo propio en Asia y Estados Unidos ya avanza sobre LatinoamĆ©rica. NingĆŗn continente estĆ” a salvo. Tal vez las potencias emergentes, como Brasil āque guarda un silencio inquietanteā o India, puedan girar el tablero hacia un mundo multipolar donde se restablezcan las reglas del derecho internacional.
La guerra no puede ser el Ćŗnico camino para reconfigurar lo violentado, aunque quizĆ” sea la respuesta mĆ”s dolorosa frente a la agresión que sufren las naciones pequeƱas, carentes de armas nucleares, el Ćŗnico factor que parece disuadir. Basta mirar a Corea del Norte: la historia demuestra que si Irak, AfganistĆ”n, Libia, Venezuela y otros paĆses vĆctimas de la agresión estadounidense hubieran poseĆdo armas de destrucción masiva, no habrĆan sido blanco de ataques. ĀæSerĆ” que el agresor, en un esfuerzo por evitar su decadencia, nos estĆ” diciendo que debemos desarrollar energĆa nuclear con fines militares en sustitución del derecho internacional?
Desde el tres de enero de 2026 el mundo no es el mismo. Los lĆderes ya no proponen: solo aceptan la imposición de Trump. China y Rusia callan ante la amenaza, limitĆ”ndose a mantener la seguridad dentro de sus fronteras. Los presidentes latinoamericanos no duermen tranquilos ante un vecino incómodo y peligroso. La salvación no vendrĆ” de ningĆŗn organismo internacional, pues Estados Unidos desconoce su misión y amenaza con retirarse de las organizaciones que amparan los derechos humanos. QuizĆ”s las esperanzas del mundo recaigan en el propio pueblo norteamericano, que, para subsanar su error tras una peligrosa elección, pueda corregir a tiempo mediante luchas internas y evite que la tiranĆa representada en su presidente acabe con el mundo tal como lo conocemos: sin reglas, salvo las que Ć©l impone.
La paz se ha convertido en una entelequia, una noción pronunciada en discursos que nunca se concretan segĆŗn la percepción de Estados Unidos. Estamos frente a un panorama de miedo y sometimiento, donde se pierde la identidad y el principio de autodeterminación de los pueblos se reduce a un tĆ©rmino vacĆo. Hoy, los presidentes de LatinoamĆ©rica y del resto del mundo se preguntan, despuĆ©s del tres de enero: ĀæQuiĆ©n sigue? Porque la decisión de un solo hombre basta para cambiar el mundo.



