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Donald Trump juega con fuego mientras el imperio se desmorona

Por: Roberto Carlo Núñez Pérez


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Donald Trump sabe que el imperio americano se agrieta. Posee el ejército más poderoso del mundo (cada vez más difícil de sostener), pero se resquebraja su hegemonía económica, científica, tecnológica e, incluso, cultural. China lo asusta. Sabe que allí está el enemigo, no en su antiguo rival (Rusia). Por lo mismo, le sonríe a Putin.



La caída del imperio norteamericano no viene de ahora. Ha sido lenta, pero sin pausa. En lo que va del siglo XXI, la economía estadounidense no ha podido sobrepasar el 4,1% de crecimiento, exceptuando el 2021 (rebote tras la pandemia). La década de los 90 parecía prometer, tras la caída de la Unión Soviética y la imposición del neoliberalismo, el dominio absoluto del imperio. Mal análisis. La caída del enemigo no impide que las propias grietas se profundicen. Además, lo que hoy fortalece podría convertirse en debilidad más adelante.


A Donald Trump y sus aliados no les interesa la democracia en ningún lado (mucho menos en Venezuela). Lo que realmente les importa es mantener una posición hegemónica global, lo cual, a estas alturas, no es posible. Habrá que quedarse, piensan, al menos con la parte más grande del pastel. Lo que les preocupa verdaderamente no es la democracia ni la libertad, sino el acceso del imperio a todo el continente, sin cortapisa alguna, de tal forma que puedan apropiarse de sus recursos, desde el agua hasta el petróleo.


¿Hasta dónde llegará Trump? Él sabe que no basta con bombardear pequeñas lanchas en el Caribe, repletas —dice, sin prueba alguna— de drogas. No podrá quedarse allí indefinidamente, por lo que, tarde o temprano, deberá tomar una decisión. Girar los barcos y retornar no parece una opción después de toda la movilización y el costo económico y político. ¿Bombardear Caracas y algunos lugares estratégicos como aeropuertos, fuertes militares o carreteras? Él y sus asesores saben que no basta. Podrían hacerlo, pero esto no garantiza la victoria. ¿Se rendirían en masa los miembros del ejército bolivariano? ¿Qué tan alta está la moral de sus hombres y mujeres? ¿Rusia y China se limitarán a observar? Solo los hechos nos darán las respuestas. Sin duda, es un riesgo para los estadounidenses, más aún si deciden ingresar por tierra.



Lo que sea que haga Trump tiene que hacerlo rápido y con el menor costo político posible. Si el imperio se enreda unos días más de lo previsto, si no logra ejercer de manera efectiva (así sea a través de terceros) su dominio, quedará claro que el monstruo asusta, pero no hace daño. El imperio pone todas sus fuerzas en juego. Estamos frente a un punto de quiebre. Maduro lo sabe. Por eso no se apresura. Él y su ejército bolivariano saben (también Trump) que no pueden equivocarse un milímetro. Por eso esperan con paciencia el próximo movimiento.

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