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La ratificación de la condena contra Santiago Uribe Vélez

Por: Nerio Luis Mejía



El 4 de junio de 2026, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia notificó a la defensa de Santiago Uribe Vélez —hermano menor del expresidente Álvaro Uribe Vélez— la decisión que confirmó la sentencia impuesta por el Tribunal Superior de Antioquia. La condena, de 28 años y tres meses de prisión, lo responsabiliza por los delitos de concierto para delinquir agravado y homicidio agravado, en su calidad de líder del grupo paramilitar conocido como Los Doce Apóstoles, activo en los años noventa en municipios del norte de Antioquia.



Se trata de un fallo histórico: nunca antes un hermano de un expresidente colombiano había sido condenado por crímenes de lesa humanidad. La decisión llega en un contexto de agitación electoral y cuando la defensa del condenado esperaba la prescripción del proceso. Sin embargo, la contundencia de los testimonios y pruebas llevó a los magistrados a ratificar la responsabilidad de Uribe Vélez en hechos que marcaron una de las etapas más oscuras del conflicto armado.


La imputación contra Santiago Uribe se inició en 1995. Treinta y un años después, la justicia confirma lo que los propios integrantes del grupo paramilitar habían señalado: que Uribe era “el patrón”. Este fallo no solo representa un triunfo judicial, sino también un golpe político para el uribismo, movimiento que ya venía debilitado tras la derrota de su candidata en la primera vuelta presidencial.


La trascendencia de esta decisión radica en que fortalece la confianza ciudadana en la justicia y desmonta la idea de que “la ley solo castiga a los de ruana”. Santiago Uribe, reconocido ganadero antioqueño, pasará de ser un hombre de poder a portar un número de identificación carcelaria como cualquier colombiano que quebranta la ley.


El fallo se conoce a pocos días de las elecciones presidenciales, lo que inevitablemente genera repercusiones políticas. En la contienda se enfrentan dos proyectos opuestos: Iván Cepeda, crítico del expresidente Uribe y víctima de procesos judiciales impulsados por él, y Abelardo de la Espriella, abogado de ultraderecha que ha manifestado abiertamente su simpatía por el exmandatario y su familia.



La familia Uribe Vélez atraviesa su peor momento: una derrota jurídica en última instancia, el fracaso electoral de su heredera política y la caída moral de un clan que se presentaba como ejemplo de valores, pero que hoy carga con la condena de uno de sus miembros por crímenes de lesa humanidad.

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