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Estados Unidos y la trampa de Tucídides en la era Trump 2.0

Por: Dany Oviedo Marino



La historia, como advirtió el historiador griego Tucídides, no se repite, pero rima con una cadencia aterradora. Hace más de dos milenios, el ascenso de Atenas (potencia emergente), que amenazaba con desplazar a Esparta (potencia establecida), sembró un miedo mortal y una paranoia tal en el hegemón que inevitablemente los llevó a la guerra. Hoy, el mundo es testigo de cómo la Trampa de Tucídides se cierra sobre Washington y Pekín y de paso puede llevarse por delante al mundo entero.


Durante el primer año del segundo mandato de Donald Trump, EE.UU. no ha evitado la trampa; ha decidido llenarla de dinamita y llevarse el orden internacional con ella. Al verse incapaz de competir económicamente con China o estratégicamente con la resiliencia rusa, y, habiendo comprendido que una guerra frontal con estas potencias es un suicidio nuclear, el hegemón estadounidense ha reaccionado como una bestia acorralada: ha decidido canabalizar y devorar a sus aliados, someter violentamente a sus vecinos y destrozar la legalidad internacional que él mismo construyó a su medida hace ochenta años una vez terminada la segunda guerra mundial.



El objetivo ya no es el liderazgo global basado en el consenso y las reglas, sino la supervivencia imperial a través de la fuerza bruta. Al no ser capaz de gobernar el mundo entero intenta asegurarse una zona de contención y suministro en el hemisferio occidental y el Atlántico Norte succionando recursos de muchos países y cientos de millones de personas con tal de tratar de sostenerse en su papel del primer país a nivel mundial sin importar el costo humano y legal.


Lo que se observa en la actitud de EE.UU. es una mutación peligrosa de la premisa de la trampa de Tucídides. Al no poder irse de frente contra sus contrincantes económicos y estratégicos redirige su poder y agresividad hacia objetivos más blandos para reafirmar su dominio: América Latina, Europa y varios de sus otros aliados.


La reconquista violenta de América: saqueo y sumisión


La "Doctrina Monroe" ha regresado con esteroides y la publicación de la nueva estrategia de seguridad nacional del país del norte lo deja claro con el "Corolario Trump". Su primera muestra fue la reciente intervención militar en Venezuela —ejecutada bajo pretextos de "seguridad nacional" y sin aval del Consejo de Seguridad de la ONU— marca el punto de quiebre. Ahora los Yankies no se arropan con el disfraz de la democracia y la libertad; se trata de petróleo y control, punto. La amenaza a Colombia es explícita: "alineación total o consecuencias", una violación flagrante del principio de no intervención consagrado en la Carta de la OEA.


La intervención militar directa en Venezuela y el secuestro de su presidente, ejecutada sin el más mínimo pretexto sobre democracia o la libertad del pueblo venezolano tiene un fin pragmático: sacar el petróleo venezolano del mercado chino y redirigirlo exclusivamente a las refinerías texanas para bajar el precio de la gasolina al votante estadounidense.


En Colombia EE.UU. busca frenar cualquier transición energética autónoma o acercamiento a los BRICS y puede preverse fácilmente la injerencia de las agencias de inteligencia del norte en los procesos electorales de este año buscando asegurar un gobierno dóciles a los intereses corporativos norteamericanos.



Pero la violencia no es solo militar; es económica. México y Canadá, viejos aliados y socios cercanos bajo el T-MEC, han sido sometidos a un chantaje arancelario sin precedentes, obligados a renegociar su soberanía. El mensaje es claro: si permites fábricas chinas (como de vehículos eléctricos) en tu territorio, la frontera se cierra. El gran capitalismo no protege su industria, evita la competencia. Tampoco hay diplomacia si no mercantilismo de guerra. Esto ha convertido el nearshoring en una trampa. En la práctica estos dos países no podrán diversificar sus socios comerciales, quedando atado a una economía estadounidense que le exige alineación política total a cambio de no colapsar sus economías.


En esta estrategia de control total, Panamá ha vuelto a quedar bajo la mira directa de Washington, que ya no ve al Canal como una vía comercial neutral, sino como un activo militar y logístico exclusivo. La presión sobre el gobierno panameño se ha intensificado para impedir cualquier participación china en la infraestructura portuaria o en la modernización de la cuenca hídrica. Bajo la amenaza de sanciones y la reactivación de retóricas de "seguridad hemisférica", Estados Unidos ha impuesto una vigilancia de facto sobre el tránsito interoceánico, supeditando la soberanía panameña a sus necesidades de despliegue naval. Para la administración Trump, el Canal de Panamá es el cuello de botella que debe ser controlado a toda costa para estrangular las rutas de suministro de Pekín y asegurar que el comercio global solo fluya bajo el permiso del gendarme estadounidense, violando en la práctica la neutralidad histórica establecida en los Tratados Torrijos-Carter.


Más al sur, la estrategia cambia de la coacción a la compra. Argentina, bajo la administración de Milei, se ha convertido en el laboratorio de un neocolonialismo financiero, donde la soberanía se ha trocado por deuda soberana impagable y promesas de dolarización por activos reales. No es inversión, es la adquisición de derechos petroleros sobre Vaca Muerta y las reservas de litio y agua, convirtiendo al país en una factoría de recursos baratos y convirtiendo al país en un peón estratégico de Washington en el Atlántico Sur.


Chile, por su parte, ha visto cómo la mano invisible de las agencias de inteligencia estadounidenses vuelven a mecer la cuna electoral, recordándonos la interferencias electorales de los días más oscuros de la Guerra Fría.



En el triángulo del litio (Chile, Bolivia y Argentina) EE.UU. ha dejado de tolerar licitaciones abiertas. En su carrera tecnológica contra Pekín, Washington necesita asegurar cadenas de suministro exentas de influencia asiática por lo que se impone un modelo donde el litio debe venderse a empresas occidentales a precios preferenciales, bajo amenaza de desestabilización política o sanciones, bloqueando a gigantes chinos como BYD


El continente ha pasado de ser un "patio trasero" estadounidense para convertirse en una trinchera logística crítica de un pirata hambriento de recursos.


Europa: el vasallo humillado


En el frente europeo, la máscara ha caído. La guerra en Ucrania, alimentada y mantenida por Estados Unidos como una guerra subsidiaria para desgastar a Rusia sin poner un solo soldado estadounidense en riesgo, ha dejado a Europa en la ruina energética e industrial. Washington ha utilizado el conflicto para cortar los lazos entre Berlín y Moscú, obligando a Europa a comprar gas licuado estadounidense a precio de oro, cuando antes se lo compraban a los rusos a precios de saldo, generando una rápida desindustrialización de la locomotora europea: Alemania.


¿Y qué decir del acuerdo de aranceles del 15% para todo producto europeo que llegue a EE.UU. sin contraprestación alguna? no puede verse de otra forma como el tributo que la UE, como unidad vasalla, debe pagarle a su potencia dominante.



La OTAN ha dejado de ser una alianza defensiva para transformarse en un mecanismo de venta de armas costosas por parte de la gran potencia. EE.UU. ha obligado a los socios de la alianza a aumentar el gasto militar, pero exigiendo que ese presupuesto se destine a comprar armamento estadounidense (F-35, misiles, ect), drenando los fondos del Estado de bienestar de los países europeos para financiar el complejo militar-industrial de Washington.


La humillación culmina en el Ártico. La renovada amenaza de "comprar" Groenlandia —o tomarla de facto por razones de seguridad ártica frente a Rusia— demuestra que para EE.UU., los territorios soberanos cuando están llenos de recursos, como las tierras raras y el petróleo, son simples bienes raíces en un tablero de Monopolio geopolítico. También evidencia la necesidad de controlar la ruta polar ante el deshielo para poder crear nuevas formas de transportar mercancías.


El fin del derecho internacional


Lo más alarmante no son las acciones individuales, sino la destrucción sistémica del Derecho Internacional. Al permitir y financiar el genocidio en Gaza, vetando resoluciones de alto el fuego y atacando a la Corte Penal Internacional, Estados Unidos está destruyendo el consenso sobre los derechos humanos y ha enviado un mensaje claro: las leyes son para los demás. La ley de embudo.


Impulsar una nueva "revolución de colores" en Irán o mantener la ocupación de facto en zonas petroleras de Siria donde ayudan a impulsar como nuevo presidente al líder de la Organización para la Liberación del Levante, ente yihadista suní considerada una organización terrorista por la Organización de las Naciones Unidas, por la Unión Europea, Estados Unidos, Rusia, Turquía y por otros países son violaciones claras de la Carta de las Naciones Unidas. Sin embargo, Washington opera bajo una "excepcionalidad" que lo sitúa por encima de la ley.



Utilizar su poder de veto y su peso en organismos financieros (FMI/Banco Mundial) para bloquear el ascenso del Sur Global y usar el sistema financiero global que maneja para sancionar a países que intentan comerciar en monedas distintas al dólar o unirse a los BRICS, viola los principios de libre comercio y la autodeterminación económica que, paradójicamente, solía defender.


Todo esto evidencia el peligro de un imperio en declive. Estados Unidos ha caído en la Trampa de Tucídides, pero su reacción no es la de Esparta enfrentando a Atenas con honor, sino la de un imperio en decadencia que recurre al bandidaje y la piratería global.


Al destruir las normas de convivencia internacional, Estados Unidos se ha convertido en el mayor factor de inestabilidad mundial. No es China quien amenaza la soberanía de México o bombardea Oriente Medio; es un hegemón asustado que, al ver que el siglo XXI se le escapa de las manos, está dispuesto a incendiar el mundo para reinar sobre las cenizas. El resto de las naciones debe prepararse: cuando el gigante cae, aplasta todo lo que tiene cerca.

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