La clase popular andina definió la presidencia de De la Espriella
- Acta Diurna

- hace 1 día
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Las proyecciones iniciales apuntaban a que el fortín caribeño y la agresiva campaña digital de Abelardo De la Espriella serían los pilares de su llegada a la Casa de Nariño. Sin embargo, tras el cierre de las urnas y el definitivo reconocimiento de la derrota por parte de su rival, Iván Cepeda, los análisis de datos postelectorales revelan un fenómeno sociopolítico mucho más profundo: el triunfo del candidato del movimiento Defensores de la Patria se selló gracias a un silencioso pero masivo respaldo de la clase popular conservadora de las regiones del interior de Colombia.
Aunque la retórica de De la Espriella resonó fuertemente en los centros urbanos y la costa, fue el votante de a pie de los departamentos andinos, históricamente arraigado a valores tradicionales, el que terminó inclinando la balanza en una de las elecciones más reñidas de la historia reciente del país, definida por un estrecho margen de apenas 250.000 votos.
Durante la campaña, mientras la izquierda de Iván Cepeda buscaba consolidar el voto de "los nadies" mediante un discurso de revolución ética arraigado en las bases sindicales y estudiantiles urbanas, De la Espriella apeló a los que él denominó "los nunca": sectores populares que, a pesar de sus carencias económicas, se distancian ideológicamente de las agendas progresistas.
Este electorado del interior del país —pequeños comerciantes, transportadores, trabajadores informales y familias campesinas de Boyacá, Cundinamarca, Antioquia y el Eje Cafetero— comparte un ADN profundamente conservador. Para ellos, las promesas de seguridad implacable, la propuesta de "mano dura" contra la delincuencia y la defensa de los valores de la derecha cristiana se convirtieron en banderas mucho más movilizadoras que los proyectos de reforma social del gobierno saliente de Gustavo Petro.
La Silla Vacía, en sus pódcasts de análisis como Huevos Revueltos con Política y sus herramientas de proyección de datos, venía advirtiendo que la clave de la segunda vuelta no radicaba en convencer a los indecisos del centro, sino en la capacidad de arrastrar la abstención de las clases trabajadoras. El Centro Democrático y las bases religiosas tradicionales terminaron volcándose masivamente hacia el polémico abogado, canalizando el voto popular del interior no a través de las maquinarias políticas tradicionales, sino por medio de una profunda conexión emocional y de principios.
El fenómeno de De la Espriella en los sectores populares del interior rompe con los manuales de la política tradicional. A diferencia de los líderes populistas clásicos que intentan mimetizarse vistiendo de manera humilde, el nuevo presidente electo capitalizó su estilo de vida suntuoso y su estética sofisticada de una forma similar a la de Donald Trump en los Estados Unidos. Para el votante popular conservador del interior, el éxito económico del abogado no generó rechazo; al contrario, fue percibido como un testimonio de mérito propio frente a lo que consideran la ineficiencia de los políticos de siempre.
A esto se sumó su conversión pública al catolicismo en años recientes y sus discursos centrados en recuperar el orden social y la autoridad, elementos que tocaron una fibra muy sensible en una población del interior del país cansada de la percepción de inseguridad y del desorden institucional.
El análisis demográfico demuestra que el voto popular conservador del país andino actuó como un dique de contención frente al fuerte avance de Cepeda en las grandes capitales y en las periferias del litoral Pacífico. Al final de la jornada electoral, la movilización en los municipios intermedios y rurales del interior del país le otorgó a De la Espriella la ventaja matemática necesaria para sostener el preconteo y consolidar una victoria.
Con el triunfo asegurado, el gran desafío para el gobierno electo de Abelardo De la Espriella y su vicepresidente, José Manuel Restrepo, no será solo cumplir sus promesas de reformas fiscales y de seguridad, sino gobernar para un país partido a la mitad. Una mitad cuyo motor de cambio, paradójicamente, fue impulsado por la Colombia más tradicional, devota y trabajadora del interior del país.
Las capas populares de las ciudades salieron a votar por Cepeda
A pesar de que el voto popular conservador rural y de poblaciones medianas y pequeñas del interior terminó inclinando la balanza a favor de Abelardo De la Espriella, la votación obtenida por Iván Cepeda en los sectores populares de las grandes ciudades del país fue histórica. Para entender por qué el candidato de la izquierda logró una movilización tan masiva en los barrios periféricos y de estratos bajos de capitales como Bogotá, Cali, Medellín y Barranquilla, es necesario analizar una combinación de dinámicas socioeconómicas, organizativas y de discurso político, que pueden resumirse en cuantro aspectos: 1) La canalización del descontento socioeconómico periférico, 2) Estructura organizativa: Sindicatos, colectivos y bases comunitarias, 3) El rechazo a la estética y las propuestas de De la Espriella, 4) La movilización frente a la agenda de la "Mano Dura".
Las grandes capitales colombianas concentran los mayores cordones de informalidad, desempleo juvenil y encarecimiento del costo de vida. En estos entornos urbanos, el discurso de Iván Cepeda centrado en una "revolución ética" y en la profundización de las reformas sociales del gobierno saliente de Gustavo Petro resonó de forma directa. Mientras que en el sector rural o en los municipios intermedios el arraigo a la propiedad y a la tradición es fuerte, en las periferias urbanas la urgencia gira en torno al acceso a servicios públicos, subsidios directos, educación superior gratuita y empleo formal. Cepeda logró posicionarse como el único garante de que estas agendas sociales no fueran desmontadas.
Así mismo, a diferencia de los sectores rurales, donde las dinámicas de votación suelen ser más individuales o mediadas por liderazgos locales tradicionales, las clases populares de las ciudades cuentan con un tejido organizativo densamente poblado. Cepeda, con una larga trayectoria en la defensa de derechos humanos y cercanía histórica con los movimientos sociales, logró activar con éxito: las redes sindicales y de trabajadores públicos, que operaron como multiplicadores del voto en los barrios populares, los colectivos juveniles y estudiantiles que no solo votaron de manera masiva, sino que lideraron la pedagogía electoral "puerta a puerta", contrarrestando la fuerte campaña digital de De la Espriella y los líderes de Juntas de Acción Comunal (JAC) que encontraron en el programa de Cepeda una continuidad de las inversiones comunitarias directas.
Si bien el estilo de vida suntuoso y la narrativa de "empresario hecho a pulso" de De la Espriella funcionaron como un símbolo de aspiración y éxito para un sector de la población, en amplias capas de la clase popular urbana generaron el efecto contrario: rechazo y desconfianza. Para el votante urbano de estratos bajos, más expuesto al debate político diario y a los efectos de la polarización, la figura del abogado caribeño fue fácilmente asociada con las élites económicas tradicionales y con un modelo de exclusión. El discurso de Cepeda supo explotar ese contraste, presentándose como la antítesis de la opulencia y el "establecimiento" que De la Espriella, paradójicamente, decía combatir.
En las ciudades, las políticas de seguridad de corte radical (como las propuestas de militarización o flexibilización del porte de armas defendidas por sectores de la derecha) generan profundas divisiones en los barrios populares. Aunque un sector exige orden, otro sector significativo —especialmente los jóvenes y los trabajadores informales— asocia la "mano dura" institucional con el abuso policial, la estigmatización y la persecución a la informalidad (como las ventas ambulantes o el mototaxismo). Cepeda ofreció una narrativa de seguridad basada en la justicia social y el desmantelamiento de las causas de la criminalidad, lo que le permitió capturar el voto de una masa urbana que temía los efectos de un enfoque exclusivamente punitivo.
Conclusión
El notable crecimiento de Iván Cepeda en las clases populares urbanas demuestra que la "Colombia popular" no es un bloque homogéneo. Mientras el interior andino y rural optó por el Orden, la Fe y el Libre Mercado tradicionales, la periferia de las grandes metrópolis se volcó hacia la promesa de equidad, derechos sociales y continuidad progresista. Esta profunda división urbana-rural dentro de las mismas clases trabajadoras es, sin duda, el mapa político más complejo que hereda el nuevo gobierno.



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