El país que recibe De la Espriella y el desafío de los próximos cuatro años
- Acta Diurna

- 25 jun
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Colombia se encuentra en un punto de inflexión histórico. Tras el cierre del ciclo de la izquierda bajo el mandato de Gustavo Petro, la llegada de Abelardo De la Espriella a la Casa de Nariño plantea un cambio radical en el modelo de desarrollo, la seguridad y la economía del país. Sin embargo, gobernar no se hace con discursos de campaña, sino con realidades macroeconómicas. El nuevo presidente recibe un país con profundas contradicciones estadísticas, lo que obliga a examinar con lupa el punto de partida y la viabilidad de su agenda para el cuatrienio.
El balance de Petro
Determinar si Gustavo Petro deja la vara alta o baja depende enteramente del indicador que se examine, configurando un escenario de luces y sombras que complicará la gestión entrante.
Por un lado, el saliente gobierno exhibe una notable estabilidad en el día a día del consumidor y en las cuentas externas. De la Espriella recibe un dólar estabilizado en $3.448 pesos, una inflación controlada en el 5,84%, un desempleo de un solo dígito (8,8%) y un índice de pobreza del 28%. A esto se suma un salario mínimo que alcanzó los $2.000.000 de pesos, la ausencia de deuda vigente con el FMI y un clima social sin paros nacionales recientes. En términos de estabilidad de precios de canasta básica y paz social de corto plazo, el estándar no es despreciable.
Sin embargo, al mirar la estructura profunda de la economía, el panorama revela un preocupante marchitamiento de los motores de crecimiento e inversión durante el periodo petrista: crecimiento moderado del PIB, formación bruta de capital reducida y un deterioro fiscal evidente.
Pero por otro lado, un estándar alto (y difícil de mantener) en cuanto a la apreciación del peso frente al dólar, control de la inflación y contención del descontento social. De la Espriella recibe una economía estabilizada en la superficie, pero severamente debilitada en sus bases estructurales.
La viabilidad de las propuestas de De la Espriella
Abelardo De la Espriella ha edificado su plataforma sobre las premisas de la derecha extrema y el orden absoluto: reducción drástica de impuestos, seguridad democrática integral, incentivos agresivos a la inversión privada y mano dura contra la burocracia estatal. ¿Son viables en la Colombia actual?
Su propuesta de bajar la carga tributaria corporativa para reactivar el aparato productivo es macroeconómicamente lógica para revertir la caída de la inversión (-24,8%). No obstante, con un déficit fiscal del -6,7% del PIB, bajar impuestos sin un recorte masivo e inmediato del gasto público podría disparar la deuda y encarecer el crédito internacional. Su viabilidad depende de una cirugía mayor al presupuesto del Estado que no es tan fácil de realizar, pues en Colombia la mayoría del gasto está amarrado a la legislación.
El enfoque de restaurar la seguridad jurídica y física es altamente viable y urgente para sectores clave como la vivienda, la infraestructura y la minería, severamente golpeados por la incertidumbre del gobierno anterior.
De la Espriella planea reactivar la exploración de gas y petróleo para salvar las finanzas públicas. Es una propuesta viable en el mediano plazo que reinyectará caja a Ecopetrol, contrarrestando la pérdida de utilidades reportada, aunque requerirá convencer a los mercados de que el marco jurídico del país vuelve a ser predecible.
El primer año de gobierno: expectativas, pros y contras
El arranque de la nueva administración estará marcado por una intensa luna de miel política, pero también por el choque contra la realidad presupuestal.
Lo Positivo (El choque de confianza)
El principal beneficio del primer año será de carácter psicológico. El cambio de modelo hacia uno pro-mercado destrabará de inmediato miles de millones de dólares en inversión extranjera y local que estaban en "espera".
La reactivación de contratos de exploración y proyectos de infraestructura inyectará dinamismo al PIB, buscando sacar al país del lánguido 1,7% de crecimiento actual.
El gremio empresarial y los mercados financieros jugarán a favor del gobierno, facilitando la creación de empleo formal a corto plazo.
Lo Negativo (El costo social y fiscal)
Mantener el galón de gasolina en $16.131 y el Diésel en $11.466 seguirá presionando las finanzas si se reactivan subsidios, o generará protestas si el nuevo gobierno decide liberalizar los precios por completo para cerrar el déficit fiscal.
El paso de subsidios directos a una política de generación de empleo mediante el mercado puede generar fricciones. Sindicatos y sectores de oposición radical, que permanecieron quietos durante el mandato de Petro, prometen reactivar las calles ante cualquier reforma laboral o pensional de corte flexibilizador.
Si De la Espriella no consolida una coalición sólida en el Congreso, sus reformas estructurales encallarán, provocando una rápida frustración en los mercados que hoy celebran su llegada.
Abelardo De la Espriella asume las riendas de una Colombia que funciona a dos velocidades. Recibe un país con el bolsillo del ciudadano momentáneamente aliviado por un dólar bajo y una inflación controlada, pero con el motor de la riqueza —la inversión, las empresas y el crecimiento— en cuidados intensivos. Los próximos cuatro años serán un experimento de alta tensión: si el nuevo mandatario logra encender la economía sin incendiar las calles, Colombia podría iniciar una era de expansión sin precedentes; si la ortodoxia fiscal ahonda la fractura social, el país podría retornar al ciclo de la inestabilidad. La moneda está en el aire.



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