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EE.UU. da la espalda al libre mercado por el capitalismo de Estado



Durante casi un siglo, Estados Unidos se erigió como el arquitecto global y principal garante del capitalismo de libre mercado. Desde la creación de las instituciones Bretton Woods después de la Segunda Guerra Mundial hasta la consolidación del Consenso de Washington en los noventa, la hegemonía estadounidense promovió un catecismo claro: libre comercio, desregulación financiera, apertura de fronteras comerciales y mínima interferencia gubernamental.


Sin embargo, en la última década, las placas tectónicas de la política económica de Washington se han desplazado de forma irreversible. Las decisiones comerciales, fiscales y presupuestarias de las últimas tres administraciones no responden a un ajuste coyuntural, sino a un viraje doctrinario hacia el neomercantilismo, la reindustrialización forzada y lo que diversos analistas en Wall Street y Washington denominan abiertamente un "capitalismo de Estado a la americana".



De la "Mano Invisible" al nuevo dirigismo estatal


El axioma económico de la posguerra —asentado en que el mercado libre asigna los recursos de forma más eficiente que cualquier comité estatal— ha saltado por los aires. Lo que en su momento comenzó como retórica proteccionista para salvar industrias automotrices o siderúrgicas en declive, se ha consolidado como el nuevo consenso bipartidista en el Capitolio.


No obstante, aunque el objetivo final de proteger la hegemonía estadounidense es compartido por demócratas y republicanos, sus herramientas de intervención presentan matices estratégicos fundamentales:


La estrategia arancelaria y unilateral (El modelo Trump): Donald Trump convirtió la imposición de aranceles punitivos en la piedra angular de su política exterior. Los aranceles dejaron de concebirse como una palanca temporal de negociación para convertirse en una barrera permanente y una fuente cautiva de recaudación fiscal. Su enfoque sustituyó el multilateralismo de la Organización Mundial del Comercio (OMC) por una presión bilateral agresiva contra adversarios como China e incluso aliados tradicionales como la Unión Europea, Canadá y México.


La política industrial y el dirigismo de subsidios (El modelo Biden): La administración de Joe Biden dio un paso conceptual más allá: sustituir la simple protección arancelaria por la inyección directa de capital público. A través de un tríptico legislativo histórico —la Ley CHIPS y Ciencia, la Ley de Reducción de la Inflación (IRA) y la Ley de Infraestructura—, el gobierno federal movilizó más de medio billón de dólares en subsidios y créditos fiscales. Con ello, la Casa Blanca asumió formalmente la función de "elegir ganadores y perdedores" en sectores económicos estratégicos como semiconductores, energías limpias e inteligencia artificial.


Esta convergencia ha llevado a Washington a cruzar fronteras que antes se consideraban tabú: agencias gubernamentales han comenzado a exigir participaciones accionarias (equity stakes) y acuerdos de reparto de beneficios a corporaciones privadas como Intel o TSMC a cambio de licencias de exportación o fondos públicos, difuminando los límites entre la propiedad privada y el control público.



La alarma en los centros de pensamiento y la prensa de EE.UU.


El abandono de la ortodoxia liberal no ha pasado desapercibido para la academia, la prensa especializada ni los think tanks de mayor influencia en Estados Unidos:


El viraje hacia el "Capitalismo de Estado"


Un exhaustivo análisis del Council on Foreign Relations (CFR), titulado State Capitalism in America: The Government as Investor, Broker, Rentier… Thug?, advierte cómo el gobierno federal ha instrumentalizado los controles de exportación para condicionar las decisiones operativas de gigantes tecnológicos como Nvidia, Apple y los fabricantes de microchips. El CFR sostiene que el Estado estadounidense ha dejado de ser un árbitro neutral para actuar como inversor activo y negociador en las juntas directivas del Fortune 100.


"El gobierno de EE.UU. está esgrimiendo poderosos instrumentos como los controles de exportación y los aranceles no solo para proteger, sino para capturar beneficios y moldear directamente las decisiones de inversión de empresas privadas individuales.", indica el centro de pensamiento.


La resistencia del liberalismo y el conservadurismo tradicional


Desde la trinchera del libre mercado, el Cato Institute califica la actual orientación económica como corporativismo estatal en su informe The Conspicuous Fist of Trump's State Corporatism. La institución subraya que, a diferencia de las intervenciones de emergencia vistas en la crisis financiera de 2008 o la pandemia de 2020, la intervención actual es estructural, no responde a una emergencia inmediata y pervierte la asignación de capital al anteponer la motivación geopolítica a la eficiencia del mercado.


Asimismo, en The (Updated) Case for Free Trade, el Cato Institute argumenta que la liquidación del principio de la "Nación Más Favorecida" y del multilateralismo impone sobrecostos masivos a los consumidores locales y ha mermando la productividad de largo plazo.



La erosión de las reglas del comercio internacional


Un informe de World Financial Review (Returning to Protectionism: The Shift in United States Trade Policy) detalla cómo la imposición unilateral de barreras fractura más de ocho décadas de liderazgo estadounidense en la liberalización comercial. La publicación advierte que intentar equilibrar balanzas comerciales bilaterales mediante aranceles ignora la naturaleza fragmentada de las cadenas globales de valor.


En paralelo, análisis publicados en Washington Monthly (Trump's Industrial Policy: What's Right and Wrong) y editoriales de The Wall Street Journal coinciden en que condicionar exenciones tributarias o licencias a promesas de inversión doméstica representa una forma de "intervención coercitiva" distante de la libre competencia.


Anatomía del cambio de paradigma


Para dimensionar la magnitud de este giro histórico, conviene repasar el contraste entre las premisas que rigieron a Washington durante tres décadas y la arquitectura económica vigente:


Dimensión Económica

Modelo Tradicional (Consenso de Washington)

Nuevo Modelo Estadounidense

Comercio Internacional

Reducción de barreras, acuerdos multilaterales (OMC) y promotores del libre cambio.

Aranceles elevados, proteccionismo, bilateralismo y represalias unilaterales.

Rol del Estado

Regulador neutral de reglas de juego y árbitro del mercado.

Inversor activo, socio accionarial y planificador industrial estratégico.

Asignación de Capital

Guiada por la rentabilidad, la oferta, la demanda y la eficiencia del mercado.

Dirigida mediante subsidios, exenciones fiscales condicionadas y seguridad nacional.

Cadenas de Suministro

Globalización, eficiencia de costos y producción just-in-time.

Reshoring, friendshoring, soberanía tecnológica y resiliencia.


Fricciones, distorsiones y la trampa de la búsqueda de rentas


Esta deserción del liberalismo económico no está exenta de costos colaterales para la economía estadounidense e internacional:


Presiones inflacionarias y pérdida de eficiencia: Al encarecer la importación de insumos intermedios mediante aranceles y exigir contenido local en la manufactura, los costos de producción aumentan, trasladándose directamente al consumidor final.


Riesgo sistemático de Búsqueda de rentas: Cuando la rentabilidad de un gigante corporativo depende más de una exención arancelaria o de un subsidio otorgado en las oficinas del Departamento de Comercio en Washington que de la preferencia de los consumidores, las empresas reasignan su capital: invierten menos en I+D y más en lobby político.


Fricción geopolítica con aliados tradicionales: El condicionamiento de subsidios y la exigencia de reciprocidad estricta han generado un profundo descontento en la Unión Europea, Japón, Corea del Sur y Canadá, detonando una carrera global de subsidios proteccionistas que fragmenta los bloques de comercio occidental.



Dos modelos de neomercantilismo


Durante décadas, el relato económico dominante contrapuso el modelo estadounidense —asentado en la empresa privada y el libre mercado— al capitalismo de Estado chino, caracterizado por la planificación centralizada, las Empresas de Propiedad Estatal (SOE) y la subordinación del crédito a las directrices del Partido Comunista Chino (PCCh).


Al adoptar subsidios masivos, aranceles punitivos y priorizar la seguridad nacional sobre la eficiencia económica, Washington ha recortado la distancia conceptual con su principal rival estratégico. Ambas potencias convergen hoy en una era de neomercantilismo competitivo.


Criterio de Comparación

Nuevo Modelo de Estados Unidos

Capitalismo de Estado Chino

Arquitectura de Poder

Democracia constitucional de mercado con fuerte intervencionismo estatal

Régimen de partido único con economía socialista de mercado.

Mecanismo de Intervención

Aranceles, subsidios fiscales, exenciones tributarias y restricciones de exportación.

Propiedad pública, subsidios masivos, control bancario y planificación centralizada.

Rol del Sector Privado

Motor principal de la economía; ajusta sus estrategias bajo presión regulatoria y proteccionista.

Subordinado al Estado; opera con margen comercial pero bajo estricta alineación con el PCCh.

Asignación de Capital

Predominantemente privada (mercado de capitales), influenciada por incentivos estatales.

Dirigida por la banca pública, fondos estatales y directivas políticas del Partido.



Un nuevo orden geoeconómico


Estados Unidos está reescribiendo las reglas de su propia arquitectura económica. Lo que durante décadas defendió ante el mundo como un dogma irrenunciable ha sido archivado cuando se le ha venido encima con todo su peso en favor de un modelo guiado por la seguridad nacional, la soberanía industrial y la geoeconomía.


Este viraje implica una redefinición de las políticas económicas occidentales como respuesta de EE.UU. para tratar de poder seguir jugando un papel clave en el tablero que de ajedrez que diseñó a su acomodo, pero en el que va perdiendo la compentencia contra China. Por eso, ha sacado nuevamente las herramientas de la caja mercantilista —aranceles, créditos fiscales condicionados y restricciones de exportación, intevención del Estado en el mercado


El resultado final es el ocaso del libre comercio y el surgimiento de un mapa económico global fragmentado, donde la eficiencia del mercado cede el paso a la competencia abierta entre bloques dirigidos por la política industrial del Estado.

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