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Entre el fantasma del apagón y las soluciones placebo



Colombia se encuentra a las puertas de una de las coyunturas energéticas más complejas de las últimas décadas. La alarmante combinación de un crecimiento histórico en la demanda de energía, un rezago estructural en la entrada de proyectos de generación y la inminente consolidación de un Fenómeno de El Niño severo para finales de año, han encendido las alarmas de los operadores del sistema. Sin embargo, mientras el debate público revive viejas fórmulas del siglo pasado para mitigar el riesgo, los expertos advierten que el país no puede afrontar una crisis del año 2026 con ideas de 1992.



El diagnóstico de una crisis anunciada


Los datos más recientes de XM, el administrador del Sistema Interconectado Nacional (SIN), revelan una realidad matemática incontrastable. La demanda de energía en el país viene registrando incrementos inéditos, liderados por las extremas temperaturas térmicas que azotan especialmente a la región Caribe. En mayo de este año, el consumo energético nacional se disparó un 8.8%, alcanzando un máximo histórico de 259.92 GWh/día.


En condiciones normales, un aumento en el consumo de esta magnitud sería una señal de dinamismo económico; hoy es un síntoma de vulnerabilidad. El sistema eléctrico colombiano sigue siendo profundamente hidrodependiente (un 62% de la matriz de generación depende del agua). A las puertas de la temporada seca, el volumen útil agregado de los embalses se ubica en un 74.9%, una cifra que preocupa a los técnicos de XM, quienes estiman que el nivel mínimo de seguridad para encarar un periodo crítico debería estar por encima del 80%. Con un 63% de probabilidad de que se consolide un fenómeno de El Niño de alta intensidad entre noviembre de 2026 y enero de 2027, el margen de error del país es cero.


El verdadero cuello de botella, sin embargo, radica en la parálisis de la oferta. Para el año 2026, el Gobierno nacional y las empresas privadas tenían la meta de incorporar 4,475 MW de nueva capacidad al sistema, principalmente a través de energías renovables (solar y eólica). Al cierre del primer semestre, solo han entrado en operación comercial 321 MW, es decir, un lánguido 7.1% de lo planeado. Las trabas en el licenciamiento ambiental, las consultas previas y los retrasos en las líneas de transmisión de alta tensión han dejado al país sin el escudo de energía firme que necesitaba.



El espejismo de la "Hora Gaviria": por qué cambiar el reloj ya no funciona


Ante la inminencia del déficit, algunos sectores políticos han sugerido desempolvar la estrategia de modificar el horario oficial de Colombia —adelantar una hora los relojes—, emulando la famosa "Hora Gaviria" que se implementó durante el racionamiento de 1992.


Aunque la medida suena atractiva y evoca un sentido de urgencia colectiva, los expertos técnicos coinciden en que hoy es una solución placebo que no movería la aguja del balance energético nacional. Las razones responden a un cambio estructural en los hábitos de consumo de los colombianos durante los últimos 34 años:


El fin de la era incandescente: En 1992, el grueso de la demanda residencial se concentraba en la iluminación. Encender las bombillas tradicionales a las 6:00 p.m. generaba un pico de potencia violento en el sistema. Hoy, la masificación de la tecnología LED ha reducido el impacto de la iluminación a una fracción marginal del consumo total.


La dictadura del aire acondicionado: El verdadero motor del incremento de la demanda actual no es la luz, es la carga térmica. En ciudades como Barranquilla, Cartagena o Cali, el consumo eléctrico está indexado al uso de sistemas de climatización y refrigeración industrial y residencial debido a las olas de calor. Adelantar una hora el reloj no disminuye la temperatura ambiente ni apaga los compresores de los aires acondicionados.


Costos de transición regulatoria: Modificar el huso horario oficial exige una reconfiguración masiva de los contratos del Mercado de Energía Mayorista (MEM), alteraciones en las franjas de facturación y una compleja coordinación logística internacional (aviación, transacciones bancarias automáticas y software). El esfuerzo institucional superaría por mucho el ahorro neto diario, estimado en menos del 1.5% del consumo nacional.



La ruta crítica: las verdaderas soluciones estructurales


Si el cambio de hora no es la solución, ¿qué opciones reales tiene el Ministerio de Minas y Energía para evitar un racionamiento programado? Los expertos señalan que la salida no es cosmética, sino estrictamente regulatoria, operativa y financiera. Las verdaderas soluciones deben ejecutarse bajo un plan de choque en tres frentes:


1. Desbloqueo urgente del "Fast-Track" renovable


El Gobierno debe asumir una postura de gerencia de crisis interinstitucional. No se trata de saltarse la ley ambiental, sino de coordinar mesas de decisión exprés entre el Ministerio de Ambiente, la ANLA y las comunidades locales para destrabar los proyectos de energía solar del norte del país que registran más del 90% de avance físico pero que están frenados por trámites de conexión. Cada parque solar que inyecte energía durante el día permite que los embalses guarden agua para la rampa crítica de la noche.


2. Respuesta de la demanda remunerada (Pagar por no consumir)


En lugar de forzar apagones selectivos, la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) debe flexibilizar los mecanismos para que las grandes industrias (cementeras, siderúrgicas, manufactureras) participen activamente en el mercado de energía. El esquema consiste en pagarle a una empresa pesada para que detenga su producción o encienda sus propias plantas de respaldo durante las dos horas del pico nocturno. Para el sistema, es financieramente más eficiente compensar a una fábrica por su desconexión voluntaria que asumir el costo social y económico de un apagón generalizado.


3. Blindaje financiero al parque térmico y comercializadores


El parque térmico a gas y carbón será el encargado de sostener al país durante la sequía, operando a su máxima capacidad para cubrir el 30% o 35% de la matriz diaria. Para que esto funcione, el Gobierno debe garantizar la fluidez de las importaciones de gas licuado a través de la terminal de Cartagena y, fundamentalmente, proteger la caja de las empresas comercializadoras de energía.


Bajo las reglas actuales del mercado, cuando el precio de la bolsa supera el Precio de Escasez fijado por la CREG, las comercializadoras que no tienen contratos de largo plazo y deben comprar energía en el mercado spot se ven expuestas a un estrangulamiento financiero: pagan la energía a XM semanalmente a precios exorbitantes, pero solo pueden recaudarla de los usuarios meses después debido a los saldos congelados de la Opción Tarifaria.



Para evitar un colapso sistémico de cartera, la CREG debe intervenir con urgencia habilitando líneas de crédito puente a través de la banca de desarrollo (Findeter) y permitiendo contratos directos de emergencia a corto plazo a precios regulados estables.


Conclusión


El sistema eléctrico de Colombia está bajo un nivel de estrés que no da tregua. La solución a la crisis de 2026 no vendrá de apagar las luces una hora antes ni de apelar a la nostalgia de los años noventa. El país requiere que la CREG sesione con quórum completo de manera permanente, que se garantice el flujo de caja de la cadena de valor y que se liberen las trabas burocráticas que tienen frenada a la transición energética. La energía más cara es la que no se tiene; Colombia aún está a tiempo de evitar el apagón, siempre y cuando reemplace las medidas cosméticas por decisiones técnicas de fondo.

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