Electores huérfanos

Por: Carlos Herrera D.



Más atinado no puede ser el mensaje: el resultado que dependa de la decisión de personas habrá que esperar. Lo demás será especulación. Las mismas firmas encuestadoras no logran acertar lo que puede suceder en el futuro, por la sencilla razón que no son profetas. Se basan en la opinión de la gente que sondean para proyectar una realidad que es incierta. El proceso electoral tiene dos etapas que los candidatos deben superar para avanzar. La primera, la campaña electoral y la segunda, las elecciones.


No todo lo que realizan los candidatos en la electoral se plasma en las urnas, ni las urnas reciben todos los votos que proyectan los candidatos en la electoral. Dos sistemas complejos que dependen del estado de ánimo de las personas para definir la suerte de los candidatos con el voto.


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Lo vimos en la primera etapa del proceso electoral con la realización de las consultas internas de los partidos y movimientos políticos, donde los favoritos se desinflaron por los desastrosos resultados obtenidos. Muchos aseguraban, por la maquinaria que lo acompañaba en la Región Caribe, que el exalcalde de Barranquilla Alejandro Char ganaría arrolladoramente la consulta en la coalición Equipo por Colombia, en la que participaron Aideé Lizarazo, Federico Gutiérrez, Enrique Peñaloza y David Barguil. En el preconteo fue el más sorprendido por los guarismos alcanzados. Por más que se irritó, lograron calmarlo. Eran unas elecciones, donde cualquier cosa puede suceder.


Una vez confirmados los guarimos se fue a reclamarle a los aliados su deslealtad, al embolsillarse los dineros recibidos, sin endosar los votos prometidos. Como si los sufragios estuvieran guardados en una bóveda de un banco o en un cofre vigilados por piratas, para sacarlos el día de las elecciones. La falla no estuvo en las alianzas sino en el candidato, que cometió sendos errores y no logró conectarse con el electorado.


Como lo han dicho y redicho los especialistas en el tema electoral, los electores no votan por ideas ni por programas de los candidatos. El margen de votación es mínimo, para asegurar que el candidato ganó por sus propuestas o por sus ideas.


Lo que sí está demostrado científicamente es que los electores sufragan por el candidato que despierta simpatía y emoción. O que los sorprenda una alocada propuesta populista que se salga de lo usual. Aquella que quieren escuchar en boca propia del candidato, en el que le resuelva uno de sus tantos problemas.


Las campañas electorales dejaron de ser formarles para entrar en la informalidad. Ganará terreno el candidato que logre llamar la atención del elector con propuestas exóticas fuera de lo común, así estas no sean realizables, pero la gente lo entenderá posible, siempre y cuando el candidato logre despertar emoción.


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Los elegidos


Conocidos los candidatos de la segunda vuelta presidencial, los electores que votaron por ellos en la primera, lo volverán hacer en la segunda, por creer en ellos, a excepción del candidato Rodolfo Hernández, al obtener una copiosa votación antipetristas, antiuribistas y antiestablecimiento. Electores cansados de los tradicionales partidos políticos, del temor que les causa una presidencia de Gustavo Petro, del desgaste en el poder del expresidente Álvaro Uribe y de la pésima gestión que viene desarrollando el presidente Iván Duque, el cual relacionan con el que dijo Uribe.


Fenómenos aterrizados, sin querer queriendo, en la candidatura del exalcalde de Bucaramanga, que todavía se pregunta: ¿de dónde salieron tantos votos? Lo cierto es que la gente aplicó el voto castigo a una clase política indolente y corrupta que solamente ha visionado llegar al poder para enriquecerse sacrificando a los sectores más vulnerables de la sociedad, que cada día ve desmejorada sus condiciones de vida.


Dos candidatos antiestablecimiento, diferentes en el pensamiento y en el actual. Uno calmado y pausado en el hablar y el otro volcánico y lenguaraz, quieren llegar al Solio de Bolívar para cambiar la realidad de los colombianos.


Gustavo Petro con 8.542.020 votos y Rodolfo Hernández, con 5.965.531 sufragios, los separa una diferencia de 2.576.489 votos, nada fácil de superar, están en la segunda vuelta, buscando convencer a los indecisos y aquellos electores que sufragaron por Federico Gutiérrez (5.058.010) y Sergio Fajardo (888.585). Electores huérfanos al quedar sin candidato para la segunda vuelta.


Muchos de esos sufragantes quedaron en libertad de sufragar por cualquiera de los dos candidatos en contienda, puesto que varios de los partidos políticos que apoyaron a ‘Fico’ Gutiérrez y Sergio Fajardo, dejaron en libertad a la militancia para que lo haga por el candidato que mejor le parezca. Caso de los verdes, la U y Dignidad.


La encrucijada de Rodolfo Hernández es lograr que Petro no sume electores para acortar la diferencia. Y el reto de Petro es que a Hernández no se le adhiera la maquinaria política para ganar la presidencia. De hecho, el establecimiento está por debajo de la mesa con Hernández y no piensan cometer el mismo error de las elecciones pasadas, al tomarse la foto con ‘Fico’ Gutiérrez, para oficializar el apoyo.


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No lo van a ser por estrategia política y olfato político. Saben que son unos hornos crematorios y si se le acercan al ingeniero el resplandor lo carboniza. A la fecha no lo han hecho el partido Liberal, Centro Democrático, Cambio Radical y Mira. Pero sigilosamente lo están haciendo, puesto que su único objetivo es impedir que el candidato del Pacto Histórico llegue a la Casa de Nariño.


Hernández no cayó en la trampa extendida por Petro, de aceptar debatir con él sus propuestas de gobierno. De hacerlo estaría caminando en arenas movedizas. Entre más barrabasadas hable se hundirá más rápido.


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