El sur de Bolívar: entre el calor de los fusiles y la fiebre del oro
- Nerio Luis Mejía

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Por: Nerio Luis Mejía

El 21 de abril de 2024 fue asesinado en el municipio de Santa Rosa, Sur de Bolívar, Narciso Beleño, un destacado líder social, defensor íntegro de los derechos humanos y presidente de la Federación Agrominera del Sur de Bolívar (FEDEAGROMISBOL). Durante tres décadas libró una lucha incansable por las reivindicaciones de las comunidades campesinas y mineras de este vasto y rico territorio. Narciso fue un líder gigante que jamás temió por su vida, aun cuando había denunciado públicamente las amenazas en su contra. Su voz valiente señaló los abusos de los grupos armados contra la población civil y la permisividad del Estado frente a las estructuras paramilitares. Hoy, su legado resuena con fuerza al ver cómo el paramilitarismo avanza y se afianza en esta región.
El Sur de Bolívar no solo es rico en yacimientos de oro; también lo es en agricultura, pesca, comercio y, sobre todo, en sus cuencas hídricas. Esa riqueza ha despertado el interés de grupos armados que se disputan el territorio a sangre y fuego. Sus habitantes viven atrapados entre el miedo que generan los fusiles y la fiebre del oro, un mineral cuyo precio alcanzó en 2026 los 5.100 dólares por onza, rompiendo récords históricos. Este auge ha intensificado las confrontaciones armadas, invisibles para los titulares de los grandes periódicos nacionales, pero profundamente dolorosas para quienes las padecen.
Desde el 5 de febrero de 2026, comunidades mineras de Morales y Santa Rosa han denunciado la incursión del grupo paramilitar Ejército Gaitanista de Colombia (EGC), conocido como Clan del Golfo, en veredas como La Guarapería, Mina Caribe y San Juan. Según testimonios, sus hombres se encuentran apostados a escasos minutos del sector conocido como la Y de San Luquitas, muy cerca de una base militar del Ejército Nacional. Los pobladores aseguran que los paramilitares son visibles desde las instalaciones militares, sin que se realicen acciones para contrarrestar las amenazas. Este grupo armado ha pintado casas, intimidado familias y anunciado asesinatos y desplazamientos.
La denuncia es grave: los habitantes insisten en que el avance paramilitar responde a una política de despojo de tierras, auspiciada por multinacionales mineras interesadas en extraer el oro de las montañas. Hasta el momento, no existe pronunciamiento oficial de las autoridades civiles ni militares frente a esta situación. La población denuncia la inacción del Estado ante el desplazamiento forzado y el asesinato de líderes sociales por parte del Clan del Golfo.
La complejidad del conflicto y el riesgo que representa parecen superar la capacidad de respuesta de las autoridades locales. Por ello, algunos habitantes han manifestado su intención de elevar sus denuncias al gobierno nacional. Más que un llamado, es un reclamo: ¿por qué las fuerzas legítimas del Estado, ubicadas a escasos metros de los paramilitares, no realizan operativos para capturarlos o neutralizarlos? La región clama por medidas urgentes que eviten el despojo y la violencia, y que devuelvan la calma a este territorio olvidado, condenado a vivir entre el calor de los fusiles y la fiebre del oro.



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