El silencioso retroceso de la democracia en el mundo
- Acta Diurna

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El panorama intelectual y político que en los años 90 auguraba la expansión global e indefinida de la democracia liberal se ha desmoronado por completo. Aquella convicción post-Guerra Fría, inmortalizada en las tesis sobre "el fin de la historia" de Francis Fukuyama o en las doctrinas de "ampliación democrática" de Bill Clinton, ha dado paso a una cruda y preocupante realidad geopolítica. Tres décadas después, el informe anual Democracy Report 2026 del Instituto Varieties of Democracy (V-Dem) de la Universidad de Gotemburgo, Suecia, confirma que el mundo atraviesa de forma acelerada lo que denomina la "tercera ola de autocratización".
Los datos globales son devastadores: por segundo año consecutivo, el estudio reporta más autocracias (92) que democracias (87) en el planeta. El ciudadano promedio global ha visto reducidos sus derechos y libertades a niveles equivalentes a los de 1978, lo que significa que casi la totalidad de los avances logrados desde la tercera ola democratizadora de 1974 se han esfumado. Hoy en día, un alarmante 74% de la población mundial vive bajo regímenes autocráticos, mientras que apenas un escaso 7% goza de las garantías de una democracia liberal. Esta degradación institucional no suele ocurrir mediante los tradicionales golpes de Estado militares de los años 60 y 70, sino a través de un proceso mucho más sutil y difícil de diagnosticar: gobernantes elegidos en las urnas que, una vez en el poder, erosionan los contrapesos institucionales, asfixian la deliberación pública, hostigan a los medios de comunicación y vacían de contenido la democracia sin necesidad de eliminar el rito de las elecciones.
América Latina: fragmentación e inestabilidad en aumento
Latinoamerica refleja con fidelidad esta fractura global. La región, que alcanzó su punto máximo de consolidación democrática a principios de la década de los 2000, arrastra desde entonces una trayectoria descendente. Aunque el peso de países como Brasil llegó a insinuar un leve repunte regional, el año 2025 volvió a quebrar la tendencia debido a retrocesos significativos en naciones clave como Argentina, México y Perú. El panorama regional actual está marcado por una profunda inestabilidad dependiente de los gobiernos de turno, donde conviven democracias robustas (Costa Rica, Uruguay y Chile) frente a dictaduras abiertas (Venezuela, Cuba y Nicaragua).
De acuerdo con las clasificaciones y mediciones del índice de V-Dem, solo el 5% de los latinoamericanos reside actualmente en democracias liberales, el 64% lo hace en democracias puramente electorales y un 29% se encuentra atrapado bajo distintas formas de autocracia o zonas grises autoritarias.

El caso de Colombia: ¿bastión de resiliencia en la región?
En medio de este convulso y sombrío escenario, Colombia emerge como un caso de estudio de alta relevancia y notable resiliencia institucional. Mientras vecinos directos como Venezuela permanecen consolidados en el fondo de las clasificaciones autoritarias globales y otros países del entorno —tales como Perú, Argentina y El Salvador— son señalados de forma explícita por el Instituto V-Dem por encontrarse en procesos activos de deterioro sistémico, Colombia ha logrado mantenerse fuera de la lista de países en trayectoria de autocratización.
En el escalafón global del Liberal Democracy Index (LDI) para 2025, Colombia se ubica sólidamente dentro del Top 20-30% de los países con mejor puntuación del mundo, compartiendo franja y solidez metodológica con naciones como Grecia, Eslovaquia, Panamá o los propios Estados Unidos (país que sufrió una caída histórica sin precedentes debido a la concentración del poder ejecutivo). Esta posición sitúa al Estado colombiano en una categoría de desempeño democrático notablemente superior al promedio de América Latina y el Caribe, resistiendo la inercia del declive continental.
No obstante, la posición colombiana no invita a la complacencia, sino a una vigilancia extrema. El informe de V-Dem subraya de manera enfática que la libertad de expresión es el aspecto más golpeado a nivel mundial, siendo habitualmente la primera ficha del dominó en caer mediante tácticas como la censura gubernamental indirecta, el hostigamiento a reporteros y la estigmatización de la oposición.
Para Colombia, un país históricamente atravesado por crisis de representación política y una profunda polarización social, el desafío actual radica en blindar la densidad republicana de sus instituciones. La experiencia global demuestra que las democracias electorales que no protegen con firmeza la independencia judicial, la autonomía de los organismos de control y las garantías para la prensa independiente, quedan expuestas al fenómeno de la degradación silenciosa.
El espejo del Democracy Report 2026 es nítido: en una época donde los regímenes autoritarios se endurecen y las libertades globales retroceden décadas, la estabilidad democrática de Colombia no debe darse por sentada; es una línea de defensa institucional que se debe revalidar y proteger día a día frente a los cantos de sirena del hiperpresidencialismo y el malestar con las élites tradicionales.



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