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Desde la exterioridad



Desde que era un mozalbete Petro mostró repudio por la corrupción. Así lo evidencian, al menos, sus actos públicos. No se le conocen inclinaciones cleptomaniacas por la cosa ajena. Toda su carrera política la ha dedicado a la lucha contra la corrupción, la narco-política y la para-política. Así fue como construyó su imagen y se granjeó el afecto de millones de ciudadanos. Desde que fue personero y concejal de Zipaquirá, pasando por el Congreso, la alcaldía de Bogotá, hasta llegar a la Presidencia.


Para algo debe servir la honestidad desde la presidencia. Pero debe apartarse del viejo país político. Es una cloaca. Esa fosa maloliente donde cayeron todos incluidos los de la “izquierda”, con pocas excepciones, que copiaron los vicios del poder.


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Desde la exterioridad. Fuera del poder político está la otra Colombia. La ciudadanía “libre”. Son personas anónimas que aún no han perdido su dignidad y que, hoy, apoyan a Petro. Es usted el que ejerce influencia sobre ellos. No son los “dirigentes de izquierda”, una minúscula e insignificante fuerza, pero que hace una enorme bulla al “usurpar” la representación de esas ciudadanías libres. No es la derecha quien controla absolutamente a esa ciudadanía “libre”, lo demuestra el voto en blanco el cual ha crecido, al menos en las más recientes elecciones territoriales 2019. Si decreciera el abstencionismo las cifras serían más elocuentes.


Sin embargo Petro ha forjado su carrera política desde la interioridad, dede la institucionalidad del poder. “Al que con miel, algo se le pega”, dice la sentencia popular. Creer que con representantes del viejo país político, de derechas e “izquierdas”, más de derechas, se construye lo novedoso es errado. Despéguese de lo viejo.


Sáquese la miel de encima, de aquello que “endulza” su ego. De los melosos que lo pegan con mil a lo viejo. El encuentro con la exterioridad, es encontrar la otra mitad. Interioridad y exterioridad se complementan. Se completan, se articulan, encajan.


Encuentre la otra mitad. Le pongo un ejemplo: el Jesús histórico no se rodeó de los escribas y fariseos porque ellos representaban las viejas estructuras de Judea, la que estaba ad portas de ser anexionada al imperio Romano. Prefirió buscar sus discípulos fuera del poder.

En la exterioridad encontró a los apóstoles. Ciudadanos de alma limpia, acostumbrados a ganarse la vida con el sudor de su frente. Eran pescadores.


Asuntos como la emergencia económica en La Guajira en donde se empodera a las comunidades para que salgan de la pobreza es del ¡carajo!. Eso, de la economía popular me parece genial.


Busque y encontrará la otra Colombia anónima, la que no quiere que le regalen nada. La que no busca privilegios, solo que le den un impulso. La que está acostumbrada a trabajar.


Busque en la exterioridad y encontrará a un pueblo ajeno a los intríngulis del poder. No tienen tiempo para eso. Están ocupados en cómo resuelven el día a día de la supervivencia. No deje que su enorme creatividad se marchite en trámites burocráticos y en personas de su círculo inmediato que no entienden porque su proyecto es estar en la riqueza. Crear un nuevo tipo de poder desde la exterioridad, por lo menos intentarlo, debe ser su prioridad, para que lo nuevo termine de nacer y lo viejo termine de morir.


Busque a los jóvenes más adelantados. Empodérelos. Enséñeles si es necesario. Sea su maestro. Pero, también, aprenda de ellos, con humildad. Ellos le enseñaran que hay una potencialidad en el exterior del poder instituido.


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Salga con más frecuencia de Bogotá al encuentro con la exterioridad. Júntese con sus seguidores anónimos que son una muchedumbre.


“Sígalos”, en el encuentro permanente con ellos, sabrá quienes son. Ya ellos lo siguen a usted sin que usted lo note, porque están por fuera de los círculos de poder. Se corre el riesgo de que un “Iscariote” lo traicione, pero en comparación con los que ya lo traicionaron, el margen de error es mínimo.


Los sujetos y actores de la historia están en la exterioridad.

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