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¿Sabe usted cuándo se jodió Barranquilla?

Por: Alfredo De León M.



Los recientes hechos delincuenciales que han venido sucediendo en Barranquilla, donde grupos armados de mafiosos se enfrentan entre sí ante la vista de toda una ciudad, y no se produce ningún tipo de reacción por parte de eso que llaman ´Ley´o ´Fuerzas del orden´, nos ha llevado a la pregunta cotidiana en estos casos: ¿Cuándo se jodió Barranquilla? He aquí una corta historia.


Barranquilla, un poblado que no fue fundado


Barranquilla se precia por parte de los historiadores, de no haber tenido fecha de fundación. Por aquí, aparte de Pedro de Heredia que pasó por estos lares, quizás sin haberse dado cuenta de los pequeños poblados indígenas que había, no llegó ningún supuesto hidalgo español tipo Quezada, Belalcázar, Robledo, etc., a colocar la espada y la cruz. Por supuesto, con el correr de los años llegaron encomenderos y curas doctrineros, siendo celebre la Encomienda de Malambo y la “puerquera” de Soledad, hasta que más tarde se constituyó “La Hacienda de San Nicolás”. En dicho sitio, y al pie de un barranco que daba para el río Magdalena, se fue formando un poblado que dio inicio a “Las Barrancas de San Nicolas”, de cuyo término, “barrancas”, surgió el de Barranquilla.



En tiempos de la Colonia la importancia de lo que hoy es Barranquilla se lo dio El Puerto de Sabanilla, que pasó a ser centro de comercio y de contrabando con las islas de las Antillas, entonces en poder de ingleses, franceses y holandeses. Precisamente en Sabanilla, hoy Salgar, entre los períodos de la Colonia y la República, se instaló una aduana, a fin de controlar el tráfico de mercancías que, entonces se movía por dicho puerto. Luego la relevancia la adquirió Puerto Colombia, cuando su terminal marítimo fue inaugurado el 15 de junio de 1893. Puerto que, por cierto, nunca se ha debido cambiar, sobre todo, cuando hoy el famoso Puerto de Barranquilla es una olla podrida, debido a los constantes contratos multimillonarios, dizque por hacer asequible un moribundo “canal navegable” que, es inservible a todas luces.


Los inmigrantes emprendedores


Por Puerto Colombia llegaría una masa indeterminada de inmigrantes motivados por emprender negocios y disponer de sus experiencias y conocimientos al servicio de la ciudad que les recibía. Fue así como a Barranquilla, entonces olvidada por los centros de poder de Cartagena y Santa Marta, e incluso la fría Bogotá, se pobló de árabes, turcos, judíos, alemanes, ingleses, italianos, polacos, y hasta rusos y búlgaros. Todos fueron aportando sus iniciativas para generar empresas, comercio y banca. De un momento a otro, Barranquilla floreció y contribuyó activamente al crecimiento económico y cultural de Colombia. No en vano, cuando se quiere dar relevancia al pasado de esta ciudad, los “bobalicones” siguen sacando la historia que los barranquilleros fuimos los “primeros” en esto y aquello, y hasta en el futbol.


El inicio del ocaso


Barranquilla progresó hasta los años 60 del siglo XX. Esta ciudad fue ejemplo en servicios públicos, orden, progreso, y cualquiera que se preciara de ser barranquillero, de la clase social que fuera, vestía de blanco con saco y corbata. Nada que ver con la corronchera que hoy impera, en donde el barranquillero fue cooptado en gustos de bajo nivel por la influencia de lo que sería la inmigración de “tierra adentro” de los pueblos del Caribe, que, en busca de mejores oportunidades de vida, llegaron a esta ciudad en masa, desbordaron los servicios públicos, al tiempo que se abrieron paso en barrios de invasión.


Hacia los años 60, con una ciudad masificada por debajo, las entonces grandes empresas que había en Barranquilla emigraron hacia los centros de mejores condiciones económicas, como Bogotá y Medellín, dando inicio al declive de la ciudad, el cual llegó acompañado del clientelismo que fomento el período del Frente Nacional, fenómeno político que se volvió costumbre en todo el país.


La compra de votos, el presupuesto público convertido en caja menor de políticos corruptos, hicieron entonces de Barranquilla un desastre. Los servicios públicos se vinieron abajo. Basuras y pestes cundían por todas partes. Llegar a contar con una línea telefónica en cualquier vivienda, implicaba pagar en dinero o en votos. Pero luego, el remedio resultó peor que la enfermedad. Con las privatizaciones de por medio en los años 90, unos pocos se aprovecharon del remate de la ciudad, las tarifas de agua y luz se incrementaron considerablemente, hasta el punto que hoy es un inmenso sacrificio pagarlas.


Barranquilla, de la toma marimbera a la paramilitar y mafiosa


En los años 70 Barranquilla, esa urbe pacífica, guarachera y verbenera (baile popular en los barrios medios y bajos de la ciudad con pick up o picó), de pronto se apaga ante el temor de que cualquier fiesta familiar o barrial fuera tomado por alguna horda de guajiros, que sin ton ni son, se paseaban por la ciudad alardeado con sus pistolas que eran machos brabucones. ¿Y esto por qué?



La bonanza marimbera como se le conoce, fue un fenómeno que se dio en La Guajira con el cultivo y exportación de marihuana en los años 70, y que duro quizás hasta los 90, producto del descubrir gringo, el cual al darse cuenta que, por aquí la marihuana crecía como verdolaga, indujo a su cultivo, y, por ende, sus envíos a USA. Esto despertó el sentido de negocios en los guajiros, que ni cortos ni perezosos, empezaron a comercializarla. Muchos se enriquecieron, y con los años, terminaron más pobres de lo que eran, ya que dilapidaron sus oportunidades. Pero mientras eran ricos, llegaron a Barranquilla, la mejor ciudad del Caribe, compraron propiedades, organizaban sus farras y salían con sus pistolas a alardear de su poder. Barranquilla para la época fue un caos que no pudo ser controlado. Las matanzas fueron muchas, quizás, tan igual que hoy. Vendettas entre guajiros, pero Barranquilla fue la paganini.


Con un antecedente como el anterior, además de la corrupción y el clientelismo de por medio, en los años 90, hasta el gobierno Uribe, las hordas de Jorge 40 y Salvatore Mancuso y secuaces, se tomaron a todo el departamento del Atlántico. Al tiempo que saqueaban los presupuestos municipales y distrital, hasta el punto que el famoso Cura Hoyos y el ex comunista Guillermo Hoenigsberg, hicieron alianza con el paramilitarismo, asesinaron a líderes sociales, sindicales, barriales y estudiantiles. Quien lo creyera, la Universidad del Atlántico, entonces bajo la dirección de un militante del MOIR, como Enrique Meza, fue blanco de masacres perpetradas por el paramilitarismo.


En Barranquilla para la época nadie dijo nada. Ningún medio de comunicación alzó la voz. Como tampoco lo hizo, la auto llamada “clase” dirigente y política, al igual que jueces, Fuerzas Militares y de Policía. Todos estos, con su silencio, pero también con alianzas directas, fueron cómplices del paramilitarismo y la toma a sangre y fuego de la ciudad por las hordas de Jorge 40 y Mancuso.


Como producto de lo anterior, el encarcelamiento y extradición de los principales líderes paramilitares hacia los Estados Unidos, se fueron formando una serie de grupúsculos armados, los cuales de un tiempo para acá se han dedicado a la extorsión de todo tipo. Desde tiendas de barrios populares, hasta grandes comercios y empresas organizadas. Barranquilla ha sido tomada por lo peor de las hordas armadas más desastrosas y crueles que la de los años 70 y 90 de la centuria pasada.


Todo lo anterior sucede y ya en Barranquilla no existe clase dirigente empresarial. Lo que hay es mercachifles, vendedores de pantaletas y cacharros. En Barranquilla no existe burguesía emprendedora, y menos aquella que se caracteriza por un espíritu calvinista del trabajo. Decir que Barranquilla es una ciudad industrial, es falso. Lo que existe es un comercio informal al 80% en calles y semáforos, un rebusque por lo bajo. Y quienes hoy se precian de ser exitosos “industriales”, no son más que hampones que se han enriquecido, gracias a la corrupción imperante en la contratación pública. Dicen sacar pecho de ser “mecenas”, de esto y aquello. Pero sus ingresos provienen del tráfico de influencias.


Por otro lado, “clase política”, sí que peor. En Barranquilla, ningún nombre de los parlamentarios actuales suena para bien en la arena política nacional. No se caracterizan por presentar propuestas innovadoras que ahonden en el pensamiento político moderno. Más que analfabetas políticos son una banda de inservibles solo dispuestos a servirse de la política para sus beneficios personales y familiares.


En lo que respecta al mundo de la cultura y el arte, amén de salir a bailar en los Carnavales, la supuesta intelectualidad barranquillera está hoy plegada a los miseros contratos que el actual clan dominante de la política, el Vito Corleone de estos tiempos, les tira como migajas. Ni que decir, del periodismo. Un sector está comprado, y el otro, esta prostituido.



Los jóvenes barranquilleros que hoy se forman con calidad, inéditamente se gradúan, emigran a los centros de poder, conocimiento y trabajo, que la internacionalización del capitalismo ha traído. Por eso, decir que, Barranquilla es un polo de progreso, en razón del costoso malecón que ilusiona a desprendidos, es no ver el fondo de una ciudad en crisis.


Pero qué esperar de Barranquilla si Colombia es un Estado mafioso, sectorizado en bandas de todo tipo, desde los grandes poderes económicos y financieros (“Remember”, Odebrecht con todas sus secuelas); los políticos; el sistema de justicia; las Fuerzas Militares; y finalmente, las bandas mafiosas de todo tipo, entre estos, seudo guerrilleros y narcotraficantes a secas. Barranquilla es el fiel reflejo, al fin y al cabo, del país del espectáculo en medio de ríos de sangre.

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