Atlántico: el motor del Caribe ante el espejo de su sostenibilidad fiscal
- Acta Diurna

- 22 dic 2025
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Por: Análisis Económico

En la última década, el departamento del Atlántico se ha erigido como el indiscutible protagonista del crecimiento económico en la región Caribe colombiana. Con una renta media per cápita que superó en 3,1 millones de pesos al promedio regional entre 2013 y 2023 , el territorio ha consolidado un modelo de desarrollo impulsado por la inversión en infraestructura y la modernización de servicios. Sin embargo, tras el brillo de las cifras de crecimiento y la resiliencia mostrada ante crisis como la pandemia del COVID-19 , subyace una realidad fiscal compleja que hoy enciende las alarmas de los organismos de control: un déficit estructural y una dependencia creciente del endeudamiento para sostener la inversión pública.
Un liderazgo económico con brechas por cerrar
El desempeño del Atlántico es, en muchos aspectos, ejemplar para el resto de la región. Durante los últimos diez años, el Producto Interno Bruto (PIB) departamental creció a una tasa anual del 3,8%, superando tanto el promedio del Caribe (2,8%) como el nacional (3,0%). Su aporte a la economía colombiana es vital, representando el 4,4% del PIB nacional y casi el 30% de la producción de los ocho departamentos caribeños.
Esta pujanza se ha visto reflejada en la transformación de su estructura productiva. Sectores como el comercio, la industria y la administración pública generan hoy más de la mitad del valor agregado del departamento. No obstante, este dinamismo no ha sido suficiente para cerrar la brecha con el promedio nacional, del cual el Atlántico aún se encuentra rezagado en 2,8 millones de pesos en términos de ingreso por habitante. Factores como la baja calidad del empleo y un proceso de innovación tecnológica aún incipiente limitan su capacidad de convergencia.
La paradoja del empleo y la productividad
El mercado laboral del Atlántico presenta una dualidad preocupante. Si bien la Tasa Global de Participación (TGP) aumentó del 62,8% al 65,1% en la década analizada, el aparato productivo no ha logrado absorber esta oferta de manera eficiente. La Tasa de Desocupación, que se situaba en 7,7% en 2013, escaló hasta el 9,1% en 2023, tras haber alcanzado picos del 14,2% durante la pandemia.
Además, sectores con alta concentración de empleo, como las actividades artísticas y de entretenimiento —que han crecido exponencialmente hasta duplicar su aporte al valor agregado—, presentan niveles de productividad relativamente bajos e informalidad. En contraste, la industria manufacturera, generadora de mayor valor por trabajador, ha perdido peso relativo tanto en producción como en empleo.
El laberinto de las finanzas públicas: déficit y deuda
El análisis de la gestión fiscal de Fundesarrollo revela una constante ineludible: el Atlántico ha operado con un déficit total persistente durante toda la última década. Mientras los ingresos totales crecieron apenas un 4% real entre 2013 y 2023, el gasto se disparó un 39%.
Esta brecha ha sido compensada mediante una herramienta que hoy genera tensiones: la deuda pública. Los desembolsos de créditos se multiplicaron por 7,4 veces en el periodo, pasando de 59.231 millones de pesos en 2013 a más de 383.000 millones en 2023. El resultado es una carga financiera cada vez más pesada; el pago de intereses de deuda aumentó un 377% en diez años, detrayendo recursos que antes se destinaban a otros rubros.
El desafío del recaudo y la comparación regional
Un punto crítico identificado en el análisis es el desempeño del recaudo tributario propio. Comparado con departamentos de similar categoría fiscal, el Atlántico muestra desventajas notables en impuestos clave como Cerveza, Licores y Sobretasa a la gasolina. Por ejemplo, en el impuesto a la Cerveza, el departamento recauda 60.000 pesos por habitante, menos de la mitad de lo logrado por Boyacá (125.000 pesos).
Incluso territorios con menor consumo aparente que el Atlántico, como Santander o Meta, logran mejores recaudos per cápita, lo que sugiere que el problema no radica en el consumo sino en la gestión, el control de la evasión y la fiscalización del mercado.
Conclusión: hacia un modelo de resiliencia
La clasificación del departamento como "Vulnerable" en el Índice de Desempeño Fiscal (IDF) del DNP para 2023 es un llamado a la acción. El modelo actual, caracterizado por una fuerte dependencia de recursos de capital y crédito para financiar la inversión —especialmente tras la caída del 96% en la inversión en infraestructura financiada con recursos propios—, parece haber llegado a un punto de inflexión.
El reto para la administración departamental no es solo mantener el crecimiento económico, sino fortalecer su resiliencia fiscal mediante una gestión de ingresos más agresiva contra la evasión y una política de gasto que priorice la formación de capital fijo. Solo así el Atlántico podrá asegurar que su liderazgo en el Caribe sea sostenible y que los compromisos financieros de hoy no hipotequen el desarrollo de las generaciones futuras



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