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Agresiones y amenazas: la prueba irrefutable de un imperio en decadencia

Por: Nerio Luis Mejía



Los Estados Unidos se han mostrado ante el mundo como una nación próspera y poderosa gracias al conjunto de garantías y libertades que disfrutan quienes habitan su suelo. Pero lo que pretenden silenciar es que esa economía de derroche se sostiene sobre la explotación de los recursos de otros pueblos, sometidos mediante la amenaza y la fuerza, como ha ocurrido históricamente.



Desde la anexión de gran parte del territorio mexicano en 1848 tras la Guerra México–Estados Unidos (1846–1848), hasta la apropiación de territorios en el Pacífico como Hawái en 1898, el país arrastra uno de los historiales bélicos más extensos de la modernidad: cientos de guerras provocadas para saciar su ambición imperial.


Tras la caída del Muro de Berlín en 1989, Washington se erigió como “policía del mundo”. Bloqueó economías enteras, como la de Cuba, imponiendo un embargo desde 1960 que aún hoy causa hambre y desnutrición. Esa política de asfixia es parte de su estrategia de dominación, disfrazada de defensa de la “libertad”.


En las últimas décadas, el imperio ha mostrado su rostro más brutal:


• Irak (2003): invasión sin aval de la ONU, con la captura y ejecución de Saddam Hussein.

• Libia (2011): intervención militar que culminó con el asesinato de Muamar el Gadafi.

• Afganistán (2001–2021): la llamada “cruzada contra el terrorismo” que dejó miles de muertos y un país devastado.


El surgimiento de China como segunda potencia económica y militar, junto con el auge de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, fundados en 2009), ha desatado el desespero estadounidense por mantener su hegemonía. De ahí las sanciones, amenazas y agresiones contra países con recursos estratégicos o posiciones geopolíticas clave.



La agresión contra Venezuela el 03 de enero de 2026, con la captura y de Nicolás Maduro, y su esposa Cilia Flores, los ataques en alianza con Israel en contra de Irán, que ha resistido con firmeza, son pruebas claras de la agonía imperial. Las fuerzas aliadas de Irán en Yemen, Líbano, Gaza, Siria e Irak demuestran que es posible enfrentar al imperio, por más poder bélico que ostente.


En pleno siglo XXI resulta inadmisible que Estados Unidos siga oprimiendo y saqueando a la humanidad a su antojo. Hoy, con el patrocinio de líderes sumisos en Suramérica y el Caribe, busca nuevas formas de dominio político. Pero cada amenaza, cada agresión, es la prueba irrefutable de la decadencia de un imperio que se consume en su propia arrogancia.

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