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Entre la preocupación y la esperanza: el pulso político de Colombia

Por: Nerio Luis Mejía



En la recta final hacia la segunda vuelta presidencial, Colombia respira una atmósfera densa. No hay rincón donde no se hable de política: estas elecciones son, quizá, las más polémicas de nuestra historia republicana. Era de esperarse: se enfrentan dos proyectos antagónicos y, por primera vez, un gobierno progresista abandona el poder bajo el respeto sagrado de las reglas democráticas.



El presidente saliente, Gustavo Petro, demostró que nunca quiso perpetuarse en el poder. Con ello desmintió las injurias de quienes lo acusaban de atornillarse en la Casa de Nariño. Petro respetó la Constitución y garantizó el ejercicio libre de las elecciones. Su voz combativa, heredada de años de lucha, sigue alerta para que los comicios se desarrollen sin fraude ni intervención extranjera.


Sin embargo, muchos colombianos aún no están preparados para asumir los cambios profundos que la sociedad requiere. Repiten como loros los temores sembrados por una clase politiquera rancia que exige la devolución del poder, utilizando el miedo y el odio como fórmula para lograrlo. Así, la primera vuelta dio como ganador al abogado Abelardo de la Espriella, quien se enfrentará el próximo 21 de junio de 2026 al candidato oficialista Iván Cepeda.


La preocupación crece ante el estilo del candidato de ultraderecha. De la Espriella exhibe fortuna, nacionalidades y arrogancia, y se despacha contra toda corriente filosófica opuesta a su pensamiento. Sus declaraciones —construir megacárceles, “destripar” a la izquierda, desconocer el respeto por la diferencia— revelan un talante autoritario que amenaza con pasar por encima de la Constitución y la ley que, como abogado, conoce a plenitud. Su respaldo abierto de Donald Trump constituye una clara intervención extranjera en los asuntos internos de Colombia y refuerza la percepción de que comparte una línea política xenófoba y extractivista.


Este fenómeno no es aislado. La región muestra señales preocupantes: Argentina bajo Javier Milei, Chile con Antonio Kast, Bolivia con Rodrigo Paz Pereira y Ecuador con Daniel Noboa, sumido en una violencia que obliga al ejército a patrullar las calles. Todos ejemplos de proyectos que han debilitado la institucionalidad y han llevado a los pueblos a la protesta permanente.



Frente a ello, la candidatura de Iván Cepeda representa la continuidad de los programas sociales impulsados por Petro y la posibilidad de avanzar en reformas que Colombia necesita para superar el conflicto social y armado más largo de su historia. Cepeda encarna un proyecto que defiende la vida, el medio ambiente y la justicia social, en contraste con un modelo extractivista y entreguista al capital extranjero.


Colombia transita, entonces, por una etapa épica jamás antes vista: dos proyectos políticos enfrentados que pueden determinar el rumbo de la nación. De un lado, la amenaza de un autoritarismo que se alimenta del miedo y la intervención externa; del otro, la esperanza de un camino que reivindique la dignidad, la paz y la continuidad de los programas sociales.

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