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¿Volverá el ateo elitista cuando se acabe la campaña de Abelardo?

Por: Manuel Enrique Estevez Moscoso



De la Espriella resultó ser la Santísima Trinidad encarnada y recargada: tres personas distintas y un solo ser verdadero. Ya no es ateo. Después de que se ufanaba de serlo, ahora llora en las iglesias católicas y en los cultos protestantes. Le falta ir a una sinagoga o a una mezquita porque esos votos también se necesitan.


Ya come fritos en la calle, toma changua al desayuno y almuerza con ajiaco. Pasó a ser ayombero en un conjunto vallenato viniendo de ser tenor y grabar discos en italiano.


¿Será que después de las elecciones retomará sus antiguos rumbos o, como todo multimillonario advenedizo, nos seguirá mostrando sus fastidiosas excentricidades que igualan al personaje de Romeo y Buseta, el distinguido Epaminondas Tuta Zocarruncho, quien, al igual que nuestro comentado candidato, se ufana de su exceso de dinero: el uno de orígenes poco explicados y el otro por ser dueño de Transportes Tuta?


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De la Espriella hoy pretende dirigir un país de desagradecidos, concepto expresado por él mismo sobre los colombianos en otra entrevista. Me imagino que si con estas transformaciones exprés (lo de exprés es por lo rápidas) logra cautivar a la mayoría de los desagradecidos colombianos, a su posesión llegarán personas de la calidad del Mono Abello, David Murcia y Álex Saab, entre otros.


Entonces, ese señor oriundo de las playas del río Sinú, quien además oculta su verdadera ciudad de nacimiento, que es Bogotá, y que ahora prefiere ser corroncho y no cachaco, ¿debemos guardarle respeto como primer mandatario, consideración que él no ha tenido con el presidente actual?


Entonces San Victorino será reemplazado por las ventas lujosas de Milán y el Chorro de Quevedo por una réplica exacta y mejorada de la Fontana di Trevi, por decreto, como todo lo piensa manejar. A la desdeñada bandeja paisa le agregará espaguetis a la Abelardo.


Mientras tanto, el país quedará en manos de sus amiguis, quienes, como el hoy desheredado Duque, harán lo que les parezca. Volverán los soldados a defender gratis al sistema para que sus generales sean ascendidos y se les mejoren sus pensiones; se retornará a los antiguos sistemas de contratación laboral; los viejitos volverán por sus $80.000 mensuales; los médicos residentes a trabajar gratis, como los auxiliares del Sena.


La prensa ya no buscará el escándalo diario y periódicos como El Tempo y La República volverán por sus fueros, y Julito se sentirá en la Italia amada. Ah, y mi hijo ya no se llamará Estévez sino Caputo, apellido materno que tanto añora.


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Entonces la ANDI, Fenalco y los demás gremios volverán a las mesas de negociación del salario mínimo; el dólar llegará nuevamente a los precios fijados según Pachito Santos; los magistrados de las altas cortes ya no cogobernarán; todo será exequible y en el Congreso todo será aprobado, pues sus remuneraciones volverían a ser reajustadas como ellos se merecen.


El único problema es que está el candidato Cepeda, quien tiene como misión continuar lo logrado por el actual gobierno, y hasta ahí le llegó la dicha a este abogado colomboitaliano.


Ya los desagradecidos elegiremos por quién votar en el país donde se profetizaba una dictadura al estilo venezolano.

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