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Uribe y Petro le ganan la presidencia del Senado a De la Espriella



En la política colombiana las matemáticas suelen pesar más que los dogmas, pero pocos previeron el escenario registrado en el Capitolio Nacional durante la instalación de la nueva legislatura. En un pulso ajustado y cargado de alta tensión, el senador Honorio Henríquez, del Centro Democrático, se quedó con la presidencia del Senado tras derrotar a Alfredo Deluque, la ficha con la que el presidente electo, Abelardo De la Espriella, buscaba asegurar el control del Legislativo.


El resultado no habría sido posible sin el pacto más impensable de la historia reciente: la convergencia de votos entre la extrema derecha uribista y la izquierda del Pacto Histórico.



La anatomía de un acuerdo inverosímil


La contienda por la mesa directiva del Senado se perfilaba como la primera prueba de fuego para el gobierno electo. De la Espriella, confiado en la inercia de su triunfo presidencial y en los acuerdos burocráticos con bancadas tradicionales, impulsó la candidatura de Alfredo Deluque para garantizar una agenda legislativa fluida desde el próximo 7 de agosto.


Sin embargo, en el trasfondo se gestó una jugada de ajedrez donde Álvaro Uribe Vélez y las directivas del Pacto Histórico encontraron un punto de coincidencia pragmático: evitar el control absoluto del Ejecutivo sobre el Congreso.


"Ni ellos han cedido en sus ideologías, ni nosotros en nuestras convicciones. Esto es un ejercicio de democracia y pesos y contrapesos para garantizar la independencia de la Rama Legislativa", afirmó Henríquez tras jurar como nuevo presidente del Senado, matizando las críticas sobre la convergencia con la izquierda.


La votación dejó al descubierto que las fricciones personales y el temor a una presidencia del Congreso sumisa al Palacio de Nariño pesaron más que las diferencias programáticas. Para el Pacto Histórico, votar por el uribismo significó bloquear al candidato del gobierno electo; para el Centro Democrático, significó demostrar que siguen siendo el pivote del poder parlamentario.


¿Por qué ocurrió esta alianza?


El pulso ganado por Henríquez responde a tres dinámicas clave del ajedrez político colombiano:



La defensa del contrapeso institucional: Tanto la oposición saliente como los sectores conservadores tradicionales recelaban del estilo frontal de Abelardo De la Espriella. Entregarle la presidencia del Senado a Deluque implicaba ceder el control de la agenda legislativa y de la programación de debates de control político.


El pragmatismo de la sobrevivencia: Para el Pacto Histórico, debilitar la coalición de gobierno antes de que empiece el mandato de De la Espriella les otorga capacidad de maniobra y les asegura espacio en las comisiones clave.


El mensaje de la "vieja guardia": Liderazgos consolidados en el Congreso demostraron que la gobernabilidad no se decreta desde el Ejecutivo, sino que se negocia milímetro a milímetro en los pasillos del Capitolio.


Con este temprano golpe de autoridad dado por el las dos fuerzas políticas más grades del Senado se reconfigura el arranque del nuevo cuatrienio presidencial. Abelardo De la Espriella deberá asumir el poder sabiendo que en el Congreso que el equilibrio de poderes se respeta o se impone y que en la acera del frente no solo tiene a una importante bancada de oposición en cabeza del Pacto Histórico, sino también que el Centro Democrático estará dispuesto a recordarle en cualquier momento que son necesarios para la gobernanza en el legislativo.


¿Qué le espera al gobierno de De la Espriella?


El desenlace de esta votación reorganiza las fuerzas políticas del país y marca el inicio de una relación tensa entre la Casa de Nariño y el Congreso.


Tropiezo temprano a la gobernabilidad


Abelardo De la Espriella inicia su mandato golpeado en su propio terreno. La imposibilidad de cohesionar una mayoría sólida para poner a su candidato en la mesa directiva presagia un trámite complejo para sus proyectos prioritarios, como las reformas en seguridad y justicia.



Un Senado con agenda propia e independiente


Bajo la batuta de Honorio Henríquez, el Senado no será un trámite fácil para los proyectos del Ejecutivo. Henríquez tendrá la facultad de fijar el orden del día, acelerar o frenar debates cruciales y otorgar garantías a la oposición, lo que obligará al nuevo gobierno a desgastarse en intensas negociaciones políticas.


Un bloque opositor con capacidad de veto


Aunque es difícil que la alianza entre el Centro Democrático y el Pacto Histórico se mantenga de forma permanente para la votación de leyes ordinarias, el antecedente sienta un precedente clave: existe un bloque capaz de coordinarse tácticamente cuando se trate de contener el poder del Ejecutivo.

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