Terremoto en el oro y la plata: sufren ajuste más severo en décadas
- Acta Diurna
- hace 15 horas
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El mercado de los metales preciosos, tradicionalmente el búnker donde los inversores se esconden cuando el mundo financiero tiembla, acaba de vivir una de sus jornadas más erráticas y violentas que se recuerden. Tras haber alcanzado cumbres históricas hace apenas unos días, tanto el oro como la plata han protagonizado un descenso acelerado que ha hecho saltar todas las alarmas en las mesas de inversión de todo el globo.
Para entender la magnitud del desplome, hay que mirar hacia atrás apenas una semana. El pasado 29 de enero, el oro brillaba con una fuerza inédita, alcanzando los 5.595,47 dólares por onza. Sin embargo, esa euforia se ha evaporado. En una montaña rusa de ventas masivas, el metal dorado llegó a hundirse un 10% en una sola sesión este lunes, llegando a tocar suelos de 4.402,95 dólares. Aunque al cierre de la jornada los precios lograron estabilizarse ligeramente —con el oro al contado rondando los 4.679,65 dólares—, la cicatriz es profunda: veníamos de un viernes negro donde el metal ya había sufrido su peor caída desde 2013.
La situación de la plata es, si cabe, todavía más dramática. El metal, conocido por ser más volátil que su "hermano mayor", se desplomó un histórico 26,36% el pasado viernes, una cifra que no se veía desde mediados de los años 70. Tras haber superado los 121 dólares a finales de enero, en apenas dos días ha perdido un tercio de su valor, luchando ahora por mantenerse por encima de los 76 dólares.
¿Por qué se está "desinflando" el refugio?
Este fenómeno no es casualidad, sino el resultado de una "tormenta perfecta" de factores económicos. El principal protagonista de este cambio de guion es el dólar estadounidense. Cuando el dólar se fortalece, los metales preciosos (que se cotizan en esa moneda) suelen encarecerse para el resto del mundo, lo que frena su demanda.
Analistas de firmas como XTB señalan un nombre propio detrás de este movimiento: Kevin Warsh. Su perfil como posible futuro presidente de la Reserva Federal ha inyectado confianza en el dólar y ha elevado la rentabilidad de los bonos del Estado. Para un inversor, si los bonos empiezan a pagar más intereses, el oro pierde atractivo, ya que el metal, aunque es seguro, no genera dividendos ni intereses por el simple hecho de guardarlo.
Otro factor crucial en este ajuste ha sido lo que los expertos llaman "ventas forzadas". Muchos inversores que operan con dinero prestado o en mercados de futuros se vieron obligados a vender su oro para cubrir pérdidas en otros sectores o para cumplir con sus garantías financieras.
Mientras el oro mantiene unos cimientos sólidos gracias a que los bancos centrales de todo el mundo siguen acumulándolo en sus reservas, la plata es mucho más vulnerable. El metal plateado había subido impulsado por una fuerte ola especulativa que, al romperse la confianza, ha provocado una salida en estampida de los inversores.
Estamos ante un proceso de "reacomodo". Tras un periodo donde el miedo global disparó los precios a niveles récord, el mercado está ajustando sus expectativas a una nueva realidad política y monetaria en Estados Unidos. Aunque la tendencia a corto plazo es de corrección y volatilidad, el desempeño de los próximos días dependerá de si el dólar mantiene su racha ganadora o si las tensiones geopolíticas devuelven al oro su corona como activo de protección indispensable.



