Sequía y desabastecimiento de agua en el Caribe debido a ´El Niño´
- Acta Diurna

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La región del Caribe colombiano se encuentra atravesando una de las coyunturas climáticas más severas de los últimos años como consecuencia del fenómeno de El Niño, cuya consolidación ya empieza a dejar profundas huellas en la economía, el medio ambiente y la salud pública de sus habitantes. De acuerdo con las estimaciones más recientes de la Organización Meteorológica Mundial, el evento no solo se encuentra plenamente asentado, sino que mantiene una clara tendencia a intensificarse de manera progresiva durante los próximos meses hasta alcanzar la categoría de un fenómeno excepcionalmente fuerte. Aunque los pronósticos oficiales preveían que los impactos más contundentes se manifestarían hacia el cierre del año, los diversos territorios norteños ya registran graves traumatismos en sus dinámicas cotidianas debido al rigor del clima. Una evaluación realizada por las autoridades departamentales evidencia un panorama alarmante marcado por una sequía prolongada, desabastecimiento agudo de agua potable, proliferación de incendios de cobertura vegetal y severas pérdidas en los sectores agrícola y ganadero.
En el departamento de Bolívar la situación ha alcanzado niveles críticos, convirtiéndose en uno de los focos de mayor preocupación dentro de la geografía nacional. Según lo expuesto por Daniel Franco, quien se desempeña como director de la Oficina de Prevención de Riesgos de la gobernación bolivarense, de los 46 municipios que componen esta sección del país, 40 ya enfrentan complejas dificultades asociadas al desabastecimiento hídrico. La gravedad de la coyuntura se refleja en que 15 poblaciones han tenido que ser declaradas en alerta roja, al tiempo que cinco de ellas formalizaron la declaración de calamidad pública para poder hacer frente a la contingencia. Los reportes de las mesas de trabajo instaladas con los alcaldes locales constatan la ruina de diversos cultivos y el embate de extremas olas de calor, factores que a su vez han detonado brotes de enfermedades transmitidas por vectores y episodios recurrentes de hipertensión entre los pobladores. Para aplacar la crisis, la administración departamental ha despachado asistencia humanitaria y dispuesto la distribución de agua mediante carrotanques en localidades como Santa Rosa, Villanueva, San Estanislao, Clemencia, Santa Catalina, Arroyo Hondo, Mahates, Calamar, San Juan, San Jacinto, El Carmen de Bolívar, Córdoba y el Distrito de Mompox. No obstante, Franco hizo un llamado desesperado al Poder Ejecutivo central para que incremente el auxilio técnico y logístico, enfatizando que la capacidad operativa del departamento es insuficiente para atender la dimensión de esta emergencia.
Por su parte, en el departamento de La Guajira las inclemencias del tiempo han generado un escenario desolador, con especial dureza sobre los sectores productivos de la península. Sandy Toro, un reconocido líder del gremio ganadero en la zona, denunció que la escasez de pastos e insumos alimenticios, combinada con la falta prolongada de lluvia, ha provocado la muerte de al menos 3.042 reses. A la par con la mortandad del hato ganadero, la Gobernación de La Guajira ha registrado emergencias de consideración en municipios como Uribia, Maicao, San Juan del Cesar y Barrancas, donde proliferan los incendios forestales, la falta de líquido vital y la ocurrencia de vendavales. Como respuesta inmediata, la Dirección Operativa para la Atención de Emergencias y Desastres ha movilizado maquinaria amarilla destinada a la rehabilitación física de jagüeyes, en tanto que se ha reforzado el suministro de agua dulce con vehículos cisterna en San Juan del Cesar, Uribia, Manaure y Barrancas. De igual modo, las autoridades guajiras avanzan en la entrega de recipientes para el almacenamiento seguro y filtros especializados para la potabilización domiciliaria del recurso hídrico, al tiempo que brindan asesoría técnica a las alcaldías para formular sus respectivos planes de contingencia. Para respaldar financieramente estos despliegues, se autorizó una asignación presupuestal de 4.000 millones de pesos a la Empresa de Servicios Públicos de La Guajira con el fin de robustecer el transporte de agua y ampliar la cobertura institucional.
En la sabana sucreña la aridez del terreno ha conducido a que 17 de los 26 municipios del departamento permanezcan bajo la figura jurídica de calamidad pública por sequía. Entre las localidades más afectadas por el fenómeno atmosférico figuran Tolú, Coveñas, San Onofre, Galeras, Ovejas, Sucre, Guaranda, Majagual, Caimito, San Benito, Sampués, Buenavista, Sincé y Los Palmitos. Para contrarrestar la carestía de agua, la Gobernación de Sucre ha ejecutado faenas de mantenimiento en jagüeyes estratégicos y ha puesto en marcha la perforación de pozos profundos alimentados por paneles solares, logrando además la reconversión energética hacia la tecnología fotovoltaica en 19 acueductos comunitarios. El plan integral trazado por el gobierno de Sucre contempla asimismo la articulación de consejos de seguridad subregionales en áreas neurálgicas como La Mojana y la subregión del San Jorge, espacio donde interactúan alcaldes, la Fuerza Pública y los gremios económicos. Asimismo, la administración departamental gestiona la consecución de forraje suplementario y suplementos alimenticios dirigidos a salvaguardar los inventarios de los pequeños y medianos criadores de ganado y agricultores, mientras se ejerce un riguroso monitoreo a las redes de distribución de agua rural.
El mapa del impacto ambiental se extiende también hacia el departamento del Cesar, donde el déficit de precipitaciones y las elevadas temperaturas han propiciado incendios devastadores y desabastecimiento en la red de acueductos. De acuerdo con las cifras suministradas por Petra Romero, jefa de la Oficina Departamental de Gestión del Riesgo de Desastres y Cambio Climático, las conflagraciones forestales han arrasado un total de 14.396 hectáreas de vegetación, mientras que unas 4.556 hectáreas dedicadas a diversos cultivos agrícolas han sufrido daños irreparables. Romero advirtió además sobre la muerte de especímenes de ganadería bovina, porcina y avícola, estando miles de animales en una condición de vulnerabilidad extrema ante la falta prolongada de bebederos adecuados. En la actualidad, los municipios que enfrentan una falta apremiante de agua potable en el Cesar comprenden a Río de Oro, La Gloria, Pailitas, Becerril, Valledupar, Bosconia, El Copey y La Paz. Ante esta dura realidad, las dependencias de gestión del riesgo del departamento vienen ofreciendo asistencia técnica continua para redactar planes operativos junto a los operadores de servicios públicos, expidiendo al mismo tiempo directrices para instar a los mandatarios locales a formalizar convenios con los cuerpos de socorro.
En el plano insular, el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina padece con rigor la escasez de lluvias y el sobrecalentamiento de la atmósfera. El secretario de Servicios Públicos insular, Alfred Hudgson, explicó que la entidad se encuentra trabajando en coordinación con las empresas prestadoras de acueducto en mesas técnicas para estructurar medidas de adaptación que aseguren el suministro a los habitantes de las islas. La coyuntura en el territorio insular viene agravándose desde mayo, mes en el cual el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales registró marcas térmicas superiores a los promedios históricos de la zona. Una dinámica idéntica ocurre en el departamento del Magdalena, donde las olas de calor han mostrado un crecimiento constante durante los últimos dos meses, conforme a las observaciones del investigador ambiental de la Universidad del Magdalena, Luis Miguel Moisés García. En contraste con sus vecinos, el departamento de Córdoba no ha oficializado por el momento reportes sobre daños de magnitud atribuibles a El Niño. Sin embargo, la Gobernación cordobesa estructuró de manera preventiva un esquema de intervención que comprende la provisión de agua dulce mediante carrotanques a comunidades rurales, la realización de talleres comunitarios para desestimar las quemas agrícolas y una vigilancia epidemiológica permanente para atender a tiempo posibles contingencias de salud.
La situación alcanza tintes dramáticos en la capital del Atlántico y su área metropolitana, donde los termómetros registraron sensaciones térmicas de hasta 53 grados centígrados durante las horas del mediodía y la tarde del reciente fin de semana. Los voceros del Ideam corroboraron que Barranquilla y las zonas circundantes atraviesan un periodo seco caracterizado por una masa de aire con poca humedad y nula nubosidad, lo que impide la dispersión del calor y genera condiciones ambientales agobiantes. La entidad meteorológica señaló que, si bien las marcas promediaban habitualmente los 40 grados, la imprevisibilidad de los modelos actuales abre la posibilidad de que la sensación de calor continúe elevándose durante los días venideros. Paralelamente a las altísimas temperaturas, el Atlántico sufrió el embate de intensos vendavales y precipitaciones puntuales que destrozaron los techos de varias viviendas en los barrios Nuevo Triunfo y El Porvenir del municipio de Soledad, emergencia que está siendo atendida por el Comité de Prevención local mediante la caracterización de los damnificados.
Finalmente, la disminución prolongada de las lluvias ha provocado un marcado descenso en los niveles del río Magdalena, afectando directamente la operatividad de los sistemas de captación de agua en la región. Ernesto Barros, secretario encargado de Agua Potable de la Gobernación del Atlántico, advirtió que la reducción del caudal del cauce fluvial y del canal del Dique compromete el abastecimiento de 14 bocatomas que suministran agua cruda a diversos acueductos municipales. El caso más delicado se presentó en la población de Campo de la Cruz, donde un brazo del río Magdalena perdió profundidad crítica imposibilitando el bombeo regular. Frente a este evento, la gobernación debió coordinar trabajos de dragado mecánico de urgencia con maquinaria especializada para remover los sedimentos y restablecer el flujo hacia el canal de acceso de la bocatoma. Barros puntualizó que el nivel actual de la arteria fluvial ronda los 3,20 metros, razón por la cual las autoridades sostienen un monitoreo ininterrumpido sobre la cuenca con el fin de reaccionar oportunamente ante cualquier nueva eventualidad.



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