crossorigin="anonymous">
top of page

Norte de Santander: la cooperación binacional como imperativo de seguridad

Por: Nerio Luís Mejía



El departamento de Norte de Santander atraviesa uno de sus momentos más críticos en materia de orden público. La recrudecida oleada de ataques contra las estaciones de Policía, y unidades del Ejército Nacional en zonas como el Catatumbo, el área metropolitana de Cúcuta y los municipios limítrofes no es un hecho aislado, sino la manifestación de una crisis estructural de control territorial. Ante este escenario, la discusión sobre la relación diplomática y operativa con Venezuela trasciende lo ideológico y se convierte en un imperativo de seguridad nacional y protección a la Fuerza Pública.



La geografía fronteriza de más de 2.200 kilómetros —de los cuales Norte de Santander es el epicentro estratégico— ha sido históricamente instrumentalizada por grupos armados organizados. Estructuras como el ELN y las disidencias de las FARC y las bandas del crimen transnacional, han utilizado la línea limítrofe no solo como corredor para el tráfico de estupefacientes y economías ilícitas, sino como un "santuario táctico". Tras perpetrar atentados contra las Fuerzas Militares y de Policía en suelo colombiano, estas estructuras repliegan sus unidades cruzando los pasos informales (trochas), sabiendo que la falta de coordinación entre los Estados genera una laguna jurídica y operativa de la cual se benefician impunemente.


Mantener una relación distante, reactiva o fragmentada con Venezuela condena a la Fuerza Pública colombiana a combatir con una mano atada a la espalda. La contención de la delincuencia transnacional requiere de tres pilares fundamentales que solo son posibles mediante un diálogo fluido e institucional entre Bogotá y Caracas:


1. Inteligencia y contrainteligencia compartida: El intercambio de información en tiempo real es vital para anticipar ataques, desarticular redes de finanzas criminales y rastrear el movimiento de cabecillas a ambos lados de la frontera.


2. Operaciones espejo y control coordinado: La presencialidad militar efectiva en ambos márgenes de la frontera evita el "efecto globo", donde el despliegue del Ejército en Colombia únicamente desplaza al grupo armado hacia territorio venezolano para reorganizarse y volver a atacar.


3. Puntos de control legal y lucha contra las economías criminales: El contrabando, la extorsión transfronteriza y el narcotráfico alimentan el poder de fuego con el que posteriormente se ataca a nuestros uniformados. La regulación y vigilancia coordinada asfixian la fuente financiera de estas estructuras.



Fortalecer e institucionalizar las relaciones con Venezuela no significa condonar posturas políticas ni obviar las tensiones del escenario internacional. Se trata de un ejercicio de realismo geopolítico guiado por la responsabilidad del Estado colombiano de proteger la vida de sus soldados, policías y ciudadanos.


Norte de Santander no soporta más diagnósticos sin ejecución. Mientras la frontera continúe operando como un territorio de nadie por la falta de articulación entre ambos países, los hombres y mujeres de la Fuerza Pública seguirán pagando el precio más alto en el frente de batalla. Es momento de entender que la seguridad de Norte de Santander no se construye de espaldas a la frontera, sino controlándola de forma conjunta y contundente.

Comentarios


bottom of page