Mi granja Colombia
Por: Nerio Luis Mejía

En esta pequeña propiedad ocurren situaciones inverosímiles. Cualquier parecido o semejanza con lo que pasa en el resto del país es, por supuesto, una mera y muy conveniente coincidencia; sin embargo, sigo insistiendo en que no existe mejor lugar en el mundo para vivir que este rincón. Es por ello que hoy amanecí dándole gracias a Dios por el comienzo de un nuevo día en medio de tanta tranquilidad. Quizás una que otra preocupación me robe el distraído pensamiento, el cual comparto junto a mis cuatro peludos amigos: Lisy, Michi (o Toto), Silvestre y Abelardo. Cada uno tiene su propia historia de cómo llegó a esta hermosa y paradisíaca granja, autoproclamada con orgullo como la "potencia mundial de la vida" y el indiscutible "lugar de la belleza".
Inicio con mi perra Lisy, un cruce con pastor belga que recibí de uno de mis hermanos para que me hiciera compañía entre la soledad y la escritura campesina. Ella ha sido de gran ayuda en los momentos más confusos que he llegado a experimentar en medio del agite cotidiano que aquí se vive. Luego está Michi, o Toto, un pequeño gatito que llegó a la granja en busca de alimento y protección tras varios días de abandono; lo acogí en este cálido lugar y hoy es parte de la alegría que se respira en los pasillos.
El panorama se torna más sonoro con Silvestre. Llegó a nuestro hogar tras padecer el sufrimiento común de tantos animalitos en nuestro país, pero hoy se consolida, sin lugar a dudas, como el más grande artista de la granja y de las parcelas vecinas. Ha venido desplazando a sus amigos y ganándose el afecto de un gran número de seguidores. No obstante, no le cae bien a todo el mundo: algunos me lo critican con severidad y dicen que no maúlla, sino que es un gato gritón; otros, menos sutiles, ya lo han apodado "Silvestre el llorón".
Por último, llegó Abelardo. Un afortunado perrito que rápidamente se hizo íntimo amigo y socio de mi gato Silvestre, uniendo el arte del maullido estridente con la sofisticación del ladrido selectivo. Abelardo se comporta de una manera bastante extraña: le ladra con ferocidad a los de a pie e infunde miedo en el corral bajo, pero mueve la cola y acaricia con sumisión a quienes se desplazan en carros finos. A pesar de sus excentricidades, es un perro del que se espera mucho. En medio de tantos problemas y de los roedores que merodean la granja, mi familia y yo confiamos en él; esperamos que no nos defraude.
Por el momento, el entorno simula tranquilidad y cada uno se ocupa de sus quehaceres. El único que parece romper todas las reglas es Abelardo, pero ¿qué podemos hacer? Llegó por elección. Tuvimos que decidir entre dejar que los zorros y las ratas acorralaran a los demás animales, o nombrarlo a él como el guardián del orden en este viejo rancho que, a decir verdad, se parece cada vez más a un gallinero en desorden.
El verdadero problema con nuestro guardián es geográfico y de intereses. Muy cerca de mi granja existe una opulenta finca llamada "El Imperio". Allí, los dueños poseen ganaderías extensivas y una gran industria; es decir, son obscenamente ricos. Resulta que a Abelardo le ha dado por irse a vivir allá, pasando los días lamiendo las ollas y hasta la ropa interior de los dueños de esa poderosa mansión. Debido a este comportamiento, el antiguo administrador de la granja Colombia se opone rotundamente a que Abelardo tome posesión oficial de su cargo aquí, argumentando que el perro cuida con más esmero los intereses del palacio vecino que los de nuestro propio suelo.
En ocasiones, Abelardo nos asusta: tiene delirios de grandeza y, en vez de ladrar, ruge como un tigre. Si no fuera porque es un viejo conocido, cualquiera pensaría que se trata de un peligroso felino; por fortuna, sabemos que no hay nada que temer, ya que Abelardo —según sus propios estándares— es un perro extremadamente educado, de corbata, finos modales y alta alcurnia.
Así, mientras en el resto del país la gente vive sumida en constantes preocupaciones, mi familia y yo simulamos felicidad en nuestra granja Colombia, viendo cómo conviven mis cuatro peludos amigos.




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