María F. Cabal formaliza su salida del Centro Democrático
- Acta Diurna

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La fragmentación del espectro conservador en Colombia sumó este fin de semana su episodio más trascendental. Tras más de tres lustros como uno de los rostros más visibles y doctrinarios del uribismo, la exsenadora María Fernanda Cabal oficializó su solicitud de escisión del Centro Democrático. La maniobra, más que un simple retiro individual, busca fracturar formalmente la personería jurídica del partido para dar nacimiento a un nuevo proyecto político enfocado en una "derecha moderna, democrática y popular".
El anuncio, condensado en su más reciente columna de opinión titulaba Sin complejos, expone una grieta doctrinaria que llevaba años gestándose dentro de la colectividad fundada por el expresidente Álvaro Uribe Vélez.
Una ruptura ideológica, no personal
Consciente del costo político que implicaría un enfrentamiento directo con las huestes uribistas, Cabal cuidó de matizar las razones de su marcha. Negó la existencia de rencillas personales con la dirigencia del partido y reafirmó su gratitud hacia Uribe Vélez, manifestando que Colombia mantendrá una "deuda histórica" con el exmandatario por la restitución de la autoridad estatal.
Sin embargo, detrás del tono institucional se esconde un diagnóstico lapidario sobre el rumbo del Centro Democrático. La discordia central radica en la renuncia implícita —según la excongresista— de la colectividad a declararse abiertamente como una fuerza de derecha.
Para Cabal, la inclinación de ciertos sectores del partido por atenuar el discurso para disputar las banderas del centro político constituye un error estratégico inaceptable: “Comprendí que el debate había dejado de ser semántico para convertirse en una cuestión de identidad. Y un partido que deja de saber qué es termina sin saber qué debe defender”, sentenció.
La batalla cultural y la redefinición de la derecha
En su diagnóstico del tablero nacional, Cabal acusa a amplios sectores de la derecha tradicional de haber cedido terreno en la denominada "batalla cultural". Según su tesis, mientras la izquierda conquistó paulatinamente espacios en la academia, los sindicatos, las artes y la opinión pública, los sectores conservadores prefirieron moderar e incluso ocultar sus postulados “por miedo a la cancelación”.
Es precisamente esa insatisfacción con el "centro político" la que impulsa la creación de su nuevo movimiento. Apoyándose en estructuras previas como la Fundación Escuela Libertad, Soy Cabal, Jóvenes Cabal y Mujeres a Carta Cabal, la dirigente plantea una plataforma de cuatro ejes inflexibles:
Mano dura en seguridad: Línea dura frente al crimen organizado y la delincuencia común, retoma explícita del concepto de autoridad.
Austeridad fiscal: Reducción drástica del tamaño del Estado y combate a la burocracia.
Libre mercado estricto: Desregulación económica, fomento a la inversión privada y alivios tributarios.
Desmantelamiento del asistencialismo: Sustitución progresiva de los programas de subsidios estatales directos por dinámicas de empleo e iniciativa privada.
El reto formal de la escisión
El anuncio abre de inmediato un complejo escenario jurídico y electoral. La figura de la escisión de un partido requiere no solo de voluntades políticas, sino del cumplimiento de requisitos ante el Consejo Nacional Electoral (CNE) y el aval de las instancias directivas del Centro Democrático.
Mientras la colectividad evalúa la respuesta institucional a la solicitud de Cabal, analistas coinciden en que esta movida acelerará el reordenamiento de las fuerzas de oposición y derecha en Colombia. La partida de Cabal no solo mide la capacidad del uribismo histórico para retener a sus bases más radicales, sino que pone a prueba si existe en el país electorado suficiente para sostener una opción de derecha sin matices ni concesiones al centro político.



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