El pulso por la Dirección General de la Policía Nacional
- Acta Diurna
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En las horas previas a la ceremonia oficial de transmisión de mando en la que Abelardo De la Espriella asumirá formalmente la Presidencia de la República, la Policía Nacional atraviesa por una de las reconfiguraciones más complejas de los últimos años. Lo que en las semanas previas parecía una sucesión calculada se transformó en un intenso pulso de poder, detonado por discrepancias sobre el perfil doctrinal que requiere la fuerza pública, el uso de "anónimos" en la trastienda del poder y la inminente activación de las normas de antigüedad del escalafón policial, las cuales forzarán el retiro en cascada de varios generales en servicio activo.
Del perfil académico al 'talante operativo'
Hasta hace pocos días, en el equipo de empalme se daba por sentada la llegada del mayor general en retiro Luis Enrique Méndez Reina a la Dirección General de la Institución, acompañado por el mayor general (r) Alejandro Barrera Peña en la Subdirección. Esta propuesta, promovida por Carlos Ríos —uno de los colaboradores más cercanos del presidente electo—, buscaba dar un mensaje de estabilidad administrativa.
Sin embargo, el escenario dio un giro tras un encuentro privado a solas entre Abelardo de la Espriella y el general (r) Méndez Reina. Aunque el gobernante electo reconoció los méritos académicos y la hoja de vida de Méndez Reina, manifestó reservas sobre si su perfil administrativo se ajustaba a las necesidades tácticas y al rigor operativo que exigirá la nueva política de seguridad.
Esta evaluación desplazó a Méndez Reina y catapultó a Barrera Peña al primer lugar de las preferencias, enviando una señal clara: la administración entrante privilegiará el liderazgo de choque y combate en el territorio sobre las visiones puramente burocráticas.
La 'guerra de anónimos'
El proceso de selección no estuvo exento de maniobras de desgaste. Durante la fase decisiva comenzó a circular entre altos mandos un documento anónimo con duros cuestionamientos a la gestión pasada de Méndez Reina. En el contexto de las transiciones de mando en Colombia, la filtración de esta clase de escritos sin firma fidedigna suele constituir un mecanismo tradicional de "fuego amigo" entre facciones rivales para inhabilitar candidaturas en el último minuto.
A este clima de tensión se sumó la controversia por la participación del mayor general en retiro César Augusto Pinzón, exdirector de Antinarcóticos y de la Dijín. Pese a ser una figura cercana a De la Espriella, la sola posibilidad de su retorno o asesoría directa generó resistencias internas debido a hechos ocurridos en 2014, cuando el Gobierno de Estados Unidos le revocó la visa y se divulgaron versiones sobre indagaciones de la DEA por supuestos nexos con el narcotráfico. Aunque Pinzón ha reiterado de forma sistemática que dichas acusaciones respondieron a un "burdo montaje" y que no registra ninguna condena judicial, el costo político de su nombre obstaculizó su integración formal.
El mecanismo de 'barrida' y el reacomodo en la DNI
Más allá de los nombres propios, el aspecto de mayor impacto para la estructura de la Policía Nacional radica en la aplicación del principio reglamentario de antigüedad.
En el organismo policial, la línea de mando exige rigor jerárquico: cuando un oficial es nombrado Director General, todos los generales activos de promociones anteriores o de mayor antigüedad en el escalafón deben pasar inmediatamente a la reserva activa (retiro). De concretarse la designación de un general de menor antigüedad como Barrera Peña, se provocará de forma automática la salida de una parte sustancial de la actual cúpula, vacante que reconfigurará las direcciones estratégicas (DIJIN, DIPOL, DIRAN) y las comandancias regionales en todo el país.
Este remezón interno ha salpicado, a su vez, la selección del nuevo titular de la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI). Al ser la DNI un organismo civil estratégico dependiente de la Presidencia, la necesidad de articular de forma armónica la inteligencia estatal con la inteligencia policial ha ralentizado los nombramientos, manteniendo en máxima expectativa a la fuerza pública a pocas horas del inicio del nuevo mandato constitucional.
Claves de la Reestructuración Institucional
Giro doctrinal estratégico: El mandatario electo priorizó un perfil con "talante operativo" para la Dirección General, reorientando el enfoque de la seguridad hacia el control territorial y el choque contra el crimen organizado.
Reemplazo en la delantera: El mayor general (r) Luis Enrique Méndez Reina perdió la primera opción frente al general Jesús Alejandro Barrera Peña.
El efecto reglamentario de la 'barrida': La posible designación de un oficial de menor antigüedad activa automáticamente la norma jerárquica que obliga al retiro inmediato de los generales que le antecedan en rango.
Fuego amigo y veto interno: La proliferación de documentos anónimos y la resistencia a la inclusión de figuras controversiales como el mayor general (r) César Augusto Pinzón marcaron la agenda de la transición.
Onda de choque en la DNI: Las fricciones por el mando policial impactaron de forma paralela la selección de la cúpula de la Dirección Nacional de Inteligencia.
Los cuadros que se disputaron el mando
Candidato | Perfil y Trayectoria | Respaldos en la Transición | Puntos de Fricción / Obstáculos |
Gral. (r) Luis Enrique Méndez Reina | Administrativo, académico y de gestión institucional. | Carlos Ríos (asesor de confianza de De la Espriella). | Documento anónimo en su contra; reservas sobre su dinamismo operativo. |
Gral. Jesús Alejandro Barrera Peña | Operativo, enfocado en inteligencia y campo. | Cúpula entrante / Abelardo de la Espriella. | Su designación obliga a la salida de mandos superiores por antigüedad. |
Gral. (r) César Augusto Pinzón | Exdirector de Antinarcóticos y de la Dijín. | Cercanía personal con el presidente electo. | Retiro de visa de EE. UU. (2014) y objeciones de sectores de la fuerza. |