Los territorios le ponen agenda a una nueva etapa de descentralización
- Acta Diurna

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La autonomía regional en Colombia atraviesa un punto de inflexión decisivo. Durante décadas, la discusión nacional acerca de la descentralización ha girado predominantemente en torno a la cuantía de los giros monetarios que el nivel central debe transferir a las regiones o a la asignación legal de responsabilidades administrativas. Sin embargo, la brecha entre el diseño normativo y la realidad institucional de las alcaldías y gobernaciones continúa ensanchándose.
Con la presencia de cerca de 500 asistentes en Medellín, entre los cuales figuraron delegados de más de 70 municipios, secretarios de Hacienda, analistas económicos, académicos y representantes de diversos sectores productivos, el Congreso de Finanzas Públicas Territoriales puso sobre la mesa un diagnóstico inaplazable: transferir competencias y recursos sin edificar previamente las capacidades técnicas e institucionales locales impide convertir el presupuesto público en resultados sociales palpables.
Organizado por la firma Gobs Estrategias Públicas, el encuentro ofreció una tribuna para discutir las problemáticas de fondo que sofocan la gestión de las entidades territoriales. Las deliberaciones dejaron en evidencia que la sostenibilidad tributaria, la modernización de los tributos y la gestión inteligente del suelo en las regiones exigen reformas estructurales que vayan más allá de los discursos políticos coyunturales.
El mito de la descentralización uniforme
Uno de los consensos más categóricos que dejó el congreso es la inviabilidad de seguir tratando a las entidades territoriales colombianas bajo un molde homogéneo. Las diferencias en capacidad fiscal, capital humano y robustez técnica entre una capital departamental y un municipio de categoría sexta son profundas. Exigir el mismo nivel de desempeño a administraciones con realidades fiscales radicalmente disímiles termina por ahondar las desigualdades regionales.
Por esta razón, los líderes del sector expusieron la necesidad de migrar hacia esquemas de descentralización diferencial, donde las transferencias y la asignación de responsabilidades estén estrechamente vinculadas a la evaluación continua de las capacidades y a la entrega de resultados. No basta con reglamentar quién recibe el dinero público; es imprescindible esclarecer quién posee la aptitud técnica para ejecutarlo y bajo qué criterios de impacto social se medirá su gestión.
A propósito de este diagnóstico, Ricardo Valencia, gerente de Gobs Estrategias Públicas, enfatizó que la descentralización no puede reducirse a un simple traspaso de competencias y bolsas de dinero, sino que debe evolucionar prioritariamente hacia una descentralización de capacidades. Valencia advirtió que los territorios no parten de la misma línea de salida ni poseen las mismas condiciones fiscales e institucionales, por lo que el país tiene la deuda histórica de definir qué herramientas específicas requiere cada municipio para transformar sus recursos en bienestar ciudadano.
En este contexto de renovación conceptual cobró fuerza una propuesta institucional concreta: estudiar la creación de una Superintendencia de Descentralización. Este organismo tendría la misión de diagnosticar el nivel de desarrollo institucional de los entes territoriales, supervisar la correlación entre capacidad instalada y resultados, y brindar un acompañamiento diferenciado que garantice el escalamiento progresivo de la autonomía regional.
Complementando esta visión, el especialista Luis Fernando Agudelo señaló durante el evento que el reto de fondo consiste en contar con un Gobierno Nacional que conciba de una manera completamente distinta la coordinación y el relacionamiento entre los diferentes niveles de la administración pública, superando la inercia centralista que tradicionalmente ha condicionado la autonomía local.
La revolución silenciosa de los datos en la gestión tributaria
En el plano de la modernización fiscal, las discusiones demostraron que incrementar los ingresos tributarios locales no depende únicamente de crear nuevas tasas o elevar las cargas impositivas a los contribuyentes, sino de fortalecer la capacidad de las administraciones para unificar, procesar e interpretar la información con la que ya cuentan en sus bases de datos.
Los paneles dedicados al catastro y al impuesto predial identificaron cuatro pilares determinantes para la eficiencia fiscal: la calidad de la información para la toma de decisiones, un diseño tributario equitativo, la capacidad institucional de las tesorerías y la integración tecnológica. La potencia de esta combinación quedó demostrada mediante un caso expuesto durante el congreso sobre la gestión impositiva en el departamento de Antioquia.
En el ámbito del impuesto sobre vehículos automotores, las autoridades antioqueñas identificaron más de 1.500 bases de datos que operaban de forma fragmentada e inconexa. Ante este escenario, la administración estructuró un "lago de datos" del contribuyente que permitió consolidar la información, mejorar los controles y dinamizar el cobro del tributo. Esta estrategia de analítica e interoperabilidad tecnológica derivó en un incremento del 21% en la recaudación del impuesto de vehículos en el término de un solo año.
El caso antioqueño redefinió el valor estratégico de la información municipal. Los datos territoriales deben dejar de registrarse como simples carpetas de archivo estáticas para convertirse en la herramienta primaria de decisión política y fortalecimiento de las arcas públicas. La tecnología, la inteligencia de datos y la interoperabilidad de sistemas son, en la práctica, verdaderas capacidades fiscales.
Captura de valor del suelo: la alternativa al endeudamiento y las transferencias
Otra de las líneas de análisis más potentes se centró en la necesidad de diversificar las fuentes de financiamiento del desarrollo territorial. La dependencia de las transferencias directas de la Nación genera rigideces y restringe la capacidad de ejecución de los alcaldes y gobernadores.
Durante el análisis del caso de Medellín, se expuso que la ciudad registra un valor catastral aproximado de 330 billones de pesos. Sin embargo, menos del 1% de ese enorme volumen patrimonial se traduce actualmente en recaudo tributario directamente ligado a la infraestructura y a las decisiones públicas sobre el espacio urbano. Esta cifra abrió una discusión de fondo sobre quién captura las plusvalías generadas por las inversiones del Estado en el territorio.
Los especialistas plantearon que las fuentes tradicionales de financiamiento no deben ser sustituidas, sino complementadas estratégicamente con instrumentos alternativos de captura de valor. Entre las herramientas analizadas destacaron la renovación urbana, la titularización del impuesto predial futuro, la participación en plusvalías, las contribuciones por valorización, el aprovechamiento normativo del suelo y las alianzas público-privadas. El ordenamiento territorial se consolida así como un motor de financiación de largo plazo. Conectar la planificación de la tierra y los proyectos de infraestructura con mecanismos financieros eficientes permite a los municipios capturar una fracción justa del valor que la inversión pública genera en el sector inmobiliario.
Impuestos del siglo XX para una economía digital: la urgencia de reformar el ICA
La autonomía fiscal territorial choca de frente con normas tributarias obsoletas que no responden a las dinámicas de la economía contemporánea. El Impuesto de Industria y Comercio (ICA) sirvió como el principal testimonio de este desfase regulatorio.
Los secretarios de Hacienda y tributaristas presentes explicaron cómo las reglas vigentes del ICA se diseñaron para un modelo económico físico y territorializado, por lo que resultan ineficaces al intentar gravar actividades derivadas de la economía digital, el comercio electrónico y la prestación remota de servicios. Esta anacronía genera vacíos de recaudo, inseguridad jurídica y una elevada litigiosidad.
Durante los debates se insistió en que la reforma a la estructura del ICA no puede continuar aplazándose de manera indefinida, debido a que las transformaciones de la economía marchan a un ritmo ostensiblemente más veloz que la producción legislativa. El desafío radica en simplificar y unificar las reglas de juego para dotar a las entidades territoriales de instrumentos fiscales modernos adaptados a su entorno productivo.
Gerencia pública con enfoque humano: de los guarismos al bienestar
Detrás de las discusiones sobre tributación, catastro, marcos legales y tecnología, emergió con claridad la dimensión ética de la hacienda pública: garantizar que la administración de los recursos estatales redunde en bienestar colectivo e inversión social.
El secretario de Hacienda de Medellín, Orlando Uribe, compartió el modelo de gestión aplicado en la capital antioqueña, fundado en la premisa de trasladar al sector público la disciplina y el rigor analítico propios del sector privado en cuanto al cuidado de los recursos. Uribe hizo hincapié en que la meta gerencial es asegurar que no se pierda un solo peso y que cada inversión responda estrictamente a criterios de impacto social.
En su intervención, Uribe recordó la enorme carga de responsabilidad que implica el recaudo tributario al ilustrar que la meta de recaudar mil millones de pesos exige el esfuerzo económico combinado de cerca de 16 mil familias contribuyentes. Este enfoque humano reafirma que la sostenibilidad fiscal depende directamente de la confianza de la ciudadanía. La disposición voluntaria a pagar impuestos se incrementa cuando las administraciones demuestran con transparencia que las contribuciones se transforman en soluciones reales para los problemas cotidianos de la población.
Seguridad jurídica para proteger tanto al territorio como al contribuyente
El análisis de los marcos normativos locales y la reciente jurisprudencia puso de relieve la fragilidad procesal que aqueja a muchas administraciones locales. La dispersión en los regímenes sancionatorios y la falta de un procedimiento tributario territorial unificado menoscaban la seguridad jurídica de las decisiones de los gobernantes y exponen a los municipios a fallos judiciales adversos que desestabilizan sus finanzas.
Los especialistas en derecho tributario concluyeron que es urgente avanzar hacia reglas procesales estandarizadas que fortalezcan la capacidad de cobro y fiscalización de los entes territoriales, fijando al mismo tiempo límites claros que garanticen la protección de los derechos de los contribuyentes frente a cobros desproporcionados o arbitrarios.
La hoja de ruta: siete prioridades estratégicas para las regiones
El Congreso de Finanzas Públicas Territoriales no limitó su alcance a la elaboración de un diagnóstico académico, sino que adoptó una metodología orientada a la acción inmediata que conecta cada problema identificado con retos normativos, soluciones técnicas, sinergias institucionales y productos de gestión de alto impacto.
De este ejercicio sistemático surgieron siete prioridades estratégicas que marcarán la agenda de trabajo entre las regiones y el Gobierno Nacional:
Recomposición de las relaciones con el Gobierno Nacional: Restablecer espacios de diálogo constructivo e interinstitucional para coordinar esfuerzos en torno a las prioridades más acuciantes de los municipios y departamentos.
Profundización del modelo de descentralización: Superar la uniformidad legal adoptando criterios diferenciales que reconozcan las brechas territoriales y fortalezcan de manera prioritaria las capacidades de los municipios con menores recursos.
Modernización de los marcos normativos: Lograr consensos técnicos y políticos en las corporaciones públicas para tramitar reformas legislativas que actualicen las leyes de finanzas locales, planeación y desarrollo urbano.
Despliegue de tecnología e Inteligencia Artificial: Fomentar la adopción de herramientas GovTech e Inteligencia Artificial en la administración pública para agilizar procesos, garantizar la interoperabilidad de sistemas y fundamentar la toma de decisiones en datos precisos.
Fortalecimiento de los ingresos propios: Diversificar y sofisticar el recaudo de rentas locales mediante una fiscalización más eficiente y la adopción de fuentes alternativas de financiación.
Captura de valor para el desarrollo urbano: Vincular estrechamente la planificación del suelo con instrumentos financieros capaces de recuperar la plusvalía generada por la ejecución de obras públicas de infraestructura.
Simplificación del sistema tributario subnacional: Armonizar los procedimientos tributarios locales, reducir la burocracia impositiva y facilitar el cumplimiento voluntario de los deberes fiscales por parte de los contribuyentes.
Las memorias y acuerdos alcanzados en Medellín serán socializados con los secretarios de Hacienda de los municipios participantes para concertar una agenda de incidencia técnica ante el Congreso de la República y el Gobierno Nacional. El interrogante central que el Congreso deja sobre la mesa trasciende la discusión cuantitativa de los presupuestos: el verdadero desafío de Colombia consiste en determinar qué tipo de descentralización requiere la nación y qué capacidades específicas deben construirse en los territorios para garantizar que la autonomía, la información y los recursos estatales se conviertan de manera directa en desarrollo y equidad social.



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