crossorigin="anonymous">
top of page

La moralidad como límite en un inmoral

hace 3 horas
3 min de lectura

Por: Nerio Luis Mejía



Tras una entrevista concedida al prestigioso diario The New York Times en enero de 2026, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que su poder como comandante en jefe del gigante del norte está limitado únicamente por su «propia moralidad y su mente».


Es espeluznante escuchar una declaración de tal calibre en boca del hombre que dirige la nación militarmente más poderosa del mundo y que, a la vez, arrastra un prontuario criminal. Es decir, la paz y la seguridad del planeta dependen de la voluntad absoluta de un individuo cuestionado moralmente que funge como presidente de los Estados Unidos.



Resulta igualmente cuestionable el nivel de vasallaje de una seguidilla de presidentes y jefes de Estado —especialmente latinoamericanos— que se arrodillan vulgarmente ante un hombre que proclama públicamente que solo su voluntad podría detener la agresión contra una civilización milenaria como la persa, que supera en veinte veces la antigüedad de la nación norteamericana.


El mundo se encuentra hoy frente a dos disyuntivas. La primera es tomar el ejemplo de Irán, país que no se ha doblegado ante la agresión estadounidense e israelí en una clara muestra de valor, resistencia y dignidad. No solo se han defendido, sino que han atacado los principales nodos de defensa de los agresores en todo Oriente Medio, causándoles bajas mortales en sus filas y cuantiosos daños calculados en miles de millones de dólares. Estos daños han tenido que ser reconocidos de manera humillante por sus agencias de defensa y por su propio Congreso, instituciones que creían tener el derecho de atacar impunemente a naciones libres que no se somete a sus designios.


La segunda opción para la humanidad es comportarse de manera rastrera ante el amo imperial y lamer la suela de sus zapatos; unos zapatos que no solo arrastran la podredumbre de los saqueos históricos que han sufrido los pueblos del mundo a manos de Estados Unidos, sino que también están manchados con la sangre de miles de inocentes palestinos, sirios, yemeníes e iraníes, derramada en nombre de una libertad y una democracia homicidas.


La moralidad como límite en un sujeto inmoral y desquiciado es, quizás, la peor amenaza que enfrenta el planeta. Esto podría conducirnos a un cataclismo si se tiene en cuenta que ese país concentra uno de los mayores arsenales nucleares, capaz de borrar no solo a la civilización persa, sino a la humanidad entera.



Hoy más que nunca, el mundo enfrenta un peligro real cuando hombres sedientos de poder y sangre dirigen potencias con capacidad nuclear, escoltados por una cuerda de cipayos que no ocultan su servilismo y se arrodillan ante quienes cometen genocidio y crímenes de guerra.


Es hora de que el pueblo estadounidense se manifieste y cambie el rumbo de la historia antes de que sea demasiado tarde para quienes aún no han perecido bajo el peso de las bombas y misiles norteamericanos e israelíes. Es momento de contener un poder demencial que parece haber amedrentado o cooptado al Congreso y a la justicia de un país que se vende como la cuna de la libertad, pero que condena al resto de los pueblos de la Tierra al saqueo y a la muerte por el simple hecho de decidir resistir.

Comentarios


bottom of page