La inevitable necesidad de contar con Roy Barreras
- Acta Diurna

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Por: Dany Oviedo Marino

En la política colombiana, las alianzas no suelen nacer de la amistad, sino de la necesidad. La relación entre Iván Cepeda y Roy Barreras es, quizás, el ejemplo más depurado de este pragmatismo. A simple vista, parecen agua y aceite. Cepeda es el heredero de una lucha histórica de la izquierda pura, un hombre cuya trayectoria está ligada a la defensa de los derechos humanos y a una coherencia ideológica monolítica. Roy Barreras, por el contrario, es el camaleón por excelencia, un estratega que ha navegado con éxito por casi todos los gobiernos de las últimas dos décadas, desde el uribismo hasta el santismo, para terminar siendo el arquitecto legislativo del gobierno de Gustavo Petro.
Sin embargo, a medida que se acercan las elecciones de 2026, lo que parece una contradicción se revela como una simbiosis vital. Para Iván Cepeda, quien hoy lidera las encuestas de intención de voto dentro del espectro progresista, Roy Barreras no es un favorito sentimental, pero sí es un activo indispensable. La razón es sencilla pero brutalmente real: la izquierda colombiana ha aprendido que con la coherencia se llega al corazón de las bases, pero solo con el pragmatismo se llega al Palacio de Nariño.
El mayor valor de Roy Barreras en la campaña de Cepeda no reside en su capacidad de atraer votos de opinión —donde su imagen suele ser resistida— sino en su destreza para hablar el lenguaje del poder tradicional. Mientras Cepeda personifica la "revolución ética" y el cambio social profundo, Roy se encarga de la "operación política". Es él quien puede sentarse a manteles con los sectores que temen a un gobierno de izquierda radical: empresarios, congresistas de partidos tradicionales y barones electorales de las regiones.
Barreras funciona como un seguro de vida institucional. Su presencia en el Frente Amplio envía un mensaje de tranquilidad a los mercados y al establecimiento: habrá cambio, pero será un cambio gestionado, con respeto por las formas y las instituciones. Para Cepeda, esta es una división de tareas magistral. El senador del Pacto Histórico puede mantener su discurso de principios intacto mientras Roy hace el "trabajo sucio" de la carpintería política, asegurando que la estructura del Estado no se bloquee ante una eventual victoria.
El análisis de las encuestas recientes muestra un fenómeno interesante. Iván Cepeda tiene un techo sólido en la izquierda, pero el fantasma de la polarización sigue acechando. Figuras como Abelardo de la Espriella capitalizan el miedo al "continuismo", y es ahí donde la figura de Roy Barreras se vuelve estratégica. Roy no busca representar a la izquierda; él busca conquistar el centro liberal y a los sectores que se mueven por intereses más que por dogmas.
En una eventual segunda vuelta, la elección la decidirán los indecisos y aquellos que votan "por el menos peor". Cepeda sabe que para romper su techo electoral necesita a alguien que sepa pescar en aguas ajenas. Barreras es el especialista en esa "última milla" electoral, moviendo maquinarias y consensos que Cepeda, por su propio perfil histórico, difícilmente alcanzaría. Es la repetición del modelo que llevó a Petro al poder en 2022: una mezcla de fervor popular e ingeniería política de alto nivel.
A pesar de las críticas internas de los sectores más puristas del Frente Amplio, que ven en Roy un infiltrado del pasado, la realidad política es que Cepeda ha decidido abrazar el realismo. En sus intervenciones, Roy se presenta como el hombre que "sabe cómo se hace", el que conoce los pasillos del Congreso y las debilidades del sistema. Esta oferta de eficacia es irresistible para una campaña que no solo quiere participar, sino gobernar.
Al final del día, la alianza entre Cepeda y Barreras define el futuro de la centro-izquierda en Colombia. Es el reconocimiento de que la política es el arte llegar la consensos sumando lo que es diferente. Para Iván Cepeda, Roy Barreras es el puente necesario para cruzar el abismo que separa la militancia de la presidencia. Sin Roy, el proyecto de Cepeda corre el riesgo de ser una hermosa utopía que no logre ganar en el balotaje; con él, se convierte en una opción de poder real, capaz de negociar con la realidad de un país que sigue siendo profundamente tradicional en sus estructuras de mando.







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