crossorigin="anonymous">
top of page

La Gran Vía: un monumento a la incompetencia de Noguera y Verano



La "Gran Vía", esa ambiciosa promesa de conectar a Barranquilla con Puerto Colombia mediante un corredor de vanguardia que pudiera dejar atrás los horribles trancones que se formaban en la zona universitaria, se ha transformado en un símbolo de la desidia estatal. Lo que inició en la administración de Elsa Noguera con bombos y platillos como una solución definitiva a la movilidad, hoy, bajo la batuta de Eduardo Verano de la Rosa, se encuentra herido de gravedad por una herencia de mala planeación y una ejecución que parece ignorar la dignidad de los atlanticenses.



La herencia de maquetas y falta de previsión


El pecado original de la Gran Vía radica en su concepción. Desde que se anunció la ampliación, la administración Noguera vendió un proyecto "integral". Sin embargo, la realidad detectada en la reciente mesa de seguimiento con la Contraloría y la Procuraduría es vergonzosa: el espacio público está desfinanciado.


¿Cómo es posible que un proyecto de miles de millones de pesos se ejecute sin asegurar los recursos para que la gente camine? Javier Torres, gerente del Consorcio Corredor Vial UF2, lo admitió sin rodeos: "Hoy no puedo garantizar las obras de espacio público". Esta confesión es una bofetada para los residentes de Villa Campestre y el Corredor Universitario, quienes han pasado de vivir en un sector exclusivo a habitar una zona de guerra urbana.


Verano y el arte de "correr la fecha"


Por su parte, el actual gobernador Eduardo Verano parece haber heredado no solo la obra, sino también el guion de las excusas. Aunque afirma con optimismo que el deprimido estará listo en junio, su discurso omite el fracaso en la gestión de tiempos. El avance actual del deprimido es de un lánguido 43%, una cifra que pone en duda cualquier cronograma tras años de incomodidades.


Mientras Verano se enfoca en "el cemento" del deprimido para salvar su imagen política, el urbanismo —andenes, iluminación y seguridad— queda en el limbo de una "adición presupuestal" que nadie sabe cuándo llegará. La administración actual se escuda en trámites ante Planeación Nacional, pero la pregunta es: ¿Por qué no se aseguraron estos recursos en la administración Noguera antes de romper la primera calle?


Un calvario para el ciudadano de a pie


La indolencia estatal tiene consecuencias humanas y económicas tangibles:


  • Comercio en quiebra: El presidente de la JAC de Villa Campestre, Alberto Cianci, denunció el cierre de locales. Llegar a un centro comercial en la zona es, en sus palabras, "una odisea". La falta de rampas y accesos adecuados ha sentenciado a muerte a decenas de negocios que no sobrevivieron a la espera.


  • Inseguridad a oscuras: Al eliminar el alumbrado público sin un plan de contingencia real, la Gobernación ha entregado el sector a la delincuencia y al riesgo de accidentes.


  • Movilidad humillante: Es inaceptable que en pleno 2026 los habitantes deban caminar sobre arena y zanjas, esquivando vehículos porque los gobernantes olvidaron que una vía también la transitan personas, no solo carros.



La lupa de los entes de control


La intervención de la Contraloría General y la Procuraduría no es un acompañamiento protocolario; es un salvavidas ante una gestión que se salió de control. La exigencia de un "plan de contingencia" es la prueba reina de que la Gobernación del Atlántico no tenía una ruta clara para mitigar el desastre que ellos mismos provocaron.


La Gran Vía no puede seguir siendo el ejemplo de cómo se despilfarran los recursos y abusan de las expectativas de una región. Si la administración Noguera falló en la estructura del proyecto, la administración Verano está fallando en la gestión de la crisis. El 29 de junio no solo debería entregarse un deprimido; debería entregarse una disculpa pública y una obra completa que devuelva la calidad de vida que le arrebataron a los ciudadanos.

Comentarios


bottom of page