La ´Coalición de Mínimos´: una consulta irrelevante y sin pueblo
- Acta Diurna

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Por: Dany Oviedo Marino

El panorama político colombiano hacia 2026 ha engendrado una alianza que parece ser inversamente proporcional a su nombre: La Gran Consulta. Integrada por figuras como Juan Manuel Galán, David Luna, Mauricio Cárdenas, Juan Daniel Oviedo, Vicky Dávila y Aníbal Gaviria, esta amalgama de aspirantes intenta presentarse como la alternativa. Sin embargo, los datos de la más reciente encuesta del Centro Nacional de Consultoría (CNC), realizada en noviembre de 2025, revelan una realidad cruda: no estamos ante una alternativa de poder, sino ante un club de amigos con aspiraciones desmedidas y que, pareciera, sólo cuentan con el respaldo electoral de sus amorosas progenitoras.
La primera falacia es llamarla "Gran". Según la medición del CNC, cuando se le pregunta a los colombianos por quién votarían si las elecciones fueran el domingo, los integrantes de esta coalición se encuentran en el sótano de la intención de voto. Ni siquiera logran superar el margen de error de la encuesta:
Juan Manuel Galán: 3,3%
Vicky Dávila: 3,2%
Juan Daniel Oviedo: 1,7%
Aníbal Gaviria: 1,0%
Mauricio Cárdenas: 0,7%
Juan Carlos Pinzón: 0,6%
David Luna: 0,3%
Lo que vemos es una suma de egos pero sin votos. Mientras figuras como Iván Cepeda (20,9%) o Abelardo de la Espriella (14,4%) capitalizan los extremos, los miembros de la "Gran Consulta" se canibalizan entre ellos en un margen que ni siquiera alcanza, en conjunto, el porcentaje de un solo candidato fuerte. El insulso y tibio Fajardo, solo, estaría en empate técnico con la sumatoria de todos ellos
Desconectados y sin propuestas
A estas alturas, la coalición carece de una hoja de ruta que le diga algo al ciudadano. Se les conoce por lo que no son, pero no se les conocen propuestas tangibles. Mientras el país identifica como sus principales problemas la inseguridad (31,3%) y la corrupción (19,8%), los precandidatos de esta consulta parecen habitar en un foro académico permanente, alejados del sentimiento popular.
Están desconectados de la realidad política, social y económica. El historial de sus miembros los delata como figuras del establecimiento que el país parece querer dejar atrás. Mauricio Cárdenas (0,7%) encarna la tecnocracia distante que nunca ha podido solucionar nada; Aníbal Gaviria (1,0%) es ya alguien que no representa un liderazgo ni emociona siquiera en su región; David Luna (0,3%) se mantiene como un eterno precandidato de salón, casi como un niño que ya se cree grande pero a quien todavía le cambian los pañales; Juan Manuel Galán no ha logrado mostrar en toda su vida que le haya sacado así sea un vestigio de rayita a su padre; y Vicky Dávila quien lo hacía menos peor como proselitista política cuando dirigía la revista Semana.
Pero además de su desconexión la gente los rechaza: en una hipotética consulta interna de centro, el 40,8% de los encuestados responde que ¡no votaría por ninguno de ellos!
Es decir, la gente simplemente no les presta atención. No son un referente de oposición ni de cambio; son solo un ruidito molesto en la campaña electoral. En el escenario donde se les mide frente a figuras de mayor peso, su relevancia se diluye hasta casi desaparecer. Son la Coalición de los Mínimos:
Mínimo entusiasmo popular (el 18,5% de la gente prefiere no votar por nadie antes que por ellos).
Mínima coherencia: el "centro" que dicen representar tiene un rechazo masivo del 40,8% dentro de su propia posible consulta. Además está claro que son un combito de pequeñas derechas.
Mínima posibilidad de ganar: la encuesta muestra que el país sigue polarizado entre el respaldo a Petro (35,5%) y el de Uribe (45,1%) en una segunda vuelta, dejando a esta coalición en la total irrelevancia.
Mínimas propuestas: no le han dicho al país cuál es su modelo de sociedad o sus propuestas concretas con respecto a los problemas que más preocupan a los ciudadanos
En conclusión esta coalición está condenada a la intrascendencia. Mientras sigan mirándose al espejo y no a las necesidades de seguridad y economía que clama el país, su destino será ser recordados no como una "Gran Consulta", sino como el susurro de una clase política que se niega a aceptar que ya no tiene quién la escuche.
El ingreso de Paloma Valencia
El intento de la "Gran Consulta" por ampliar su base encuentra un obstáculo insalvable en su propia irrelevancia estadística, especialmente si se considera la inclusión de figuras como Paloma Valencia venida del partido que está a la derecha de la derecha colombiana. Según la misma encuesta, Valencia apenas alcanza un 3,3% de intención de voto cuando se le mide en una consulta de derecha frente a otros candidatos. Su presencia, lejos de sumar una base popular masiva, parece profundizar la percepción de una coalición de generales sin tropa. Los medios de comunicación a menudo señalan que su discurso, aunque coherente con el ala más tradicional del Centro Democrático, no logra romper el techo de cristal del uribismo duro para convencer al votante de centro, lo que la convierte en otra pieza de este engranaje de mínimos que genera ruido mediático pero poco entusiasmo en las urnas.
Analizando su historial, la inclusión de Valencia sería interpretada más como un síntoma de la fragmentación de la derecha que como una estrategia ganadora. Esto refuerza la idea de que Valencia es percibida por la opinión pública como un referente de oposición ruidosa pero con escaso capital político propio para liderar una coalición nacional. Al unirse a un bloque que ya padece de una desconexión con las prioridades ciudadanas —como la inseguridad y el costo de vida—, su participación solo confirmaría que la coalición es una suma de egos estancados en el pasado, incapaces de ofrecer una propuesta de futuro a los colombianos.







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