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Gabo nos invita al Caribe



Nos llamó poderosamente la atención que en la novela corta “En agosto nos vemos”, publicada la semana pasada en celebración de su natalicio, nuestro nobel de literatura Gabriel García Márquez recrea las escenas de la misma en el Caribe, en el Gran Caribe.


En efecto, al relatar Gabo –con su acostumbrada descripción minuciosa y cautivadora– la forma en que Ana Magdalena Bach, el personaje principal, toma el transbordador y atraviesa el mar para cumplir su cita anual, de cada 16 de agosto, en el cementerio donde está enterrada su madre en una isla típica del Caribe (de las que habla Benítez Rojo en: “La isla que se repite – para una reinterpretación de la cultura caribeña” o Alberto Abello en: “La isla encallada: El Caribe colombiano en el archipiélago Caribe”) con su muelle, las calles estrechas, el polvo, los hoteles de diversas categorías, la brisa, el sol, la playa, la gente, las palmeras, la lluvia, las garzas, la música (durante la estancia de Ana estuvieron 2 divas de la canción cubana: Elena Burke y Celia Cruz) el licor, el baile, etc. Todo nos dice que estaba en algún lugar de la cuenca del mar Caribe. Creemos que se refiere a Curazao con el cual particularmente nuestra ciudad ha tenido muchos vínculos. Solo mencionar que hacia finales del siglo XIX llegaron desde allí los primeros judíos sefarditas que se integraron desde entonces a nuestra sociedad con apellidos tan comunes para nosotros hoy como: Salas, Senior, Correa, Cortissoz, Sourdis, Álvarez Correa, Henríquez, Jesurum, Penso, Ricardo y Juliao, entre muchos otros.



A través de varios momentos de su vida Gabo nos invitó al Gran Caribe, al cual pertenecemos casi sin percatarnos y, lo peor, sin aprovecharlo.


En una memorable entrevista con Ernesto McCausland, que aún se puede observar en YouTube, García Márquez describió: “…Cuando yo llego de Paris a Cartagena o a Barranquilla, yo noto que todo en el cuerpo y en la mente se me reajusta… Y no solo me sucede en la costa, sino en cualquier lugar del Caribe.”. Mas adelante relata una anécdota: “…cuando estaba escribiendo “El otoño del patriarca” tuve un frenazo, fue un bloqueo y no sabia como seguir y pensé que se me estaban olvidando las cosas, entonces hice un viaje por todas las islas del caribe, una tras otra. Fue un viaje de un mes en donde no hice nada, solo tirarme en la playa o hablar con la gente…después regresé (a Barcelona) y me solté hasta el final…”.


Así de evidente es nuestra identidad con los habitantes del Gran Caribe con quien compartimos historia, idioma, costumbres, gustos y modos de ser. Es Macondo en su verdadera dimensión.


De hecho, un año antes de ganar el Nobel, Gabo confesaría a El Espectador: “…Yo nací y crecí en el Caribe. Lo conozco país por país, isla por isla, y tal vez de allí provenga mi frustración de que nunca se me ha ocurrido nada ni he podido hacer nada que sea más asombroso que la realidad. Lo más lejos que he podido hacer es trasponerla en recursos poéticos, pero no hay una sola línea en ninguno de mis libros que no tenga su origen en un hecho real…”



Lamentablemente la miopía de nuestra dirigencia gremial, académica y política no nos ha permitido la integración con el Gran Caribe para acceder a un territorio multicultural y pluriétnico de 180 millones de habitantes en 25 países cuya vinculación podría generar progreso y desarrollo a nuestra región en muchos aspectos.


¡Es hora de hacerlo, así sea en honor a Gabo…!


@vherreram

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