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Estudio internacional ubica a EE.UU. como la mayor amenaza mundial



Un vuelco tectónico en la percepción pública global ha quedado al descubierto tras la publicación del Índice de Percepción de la Democracia 2026. Los resultados de este minucioso trabajo de campo, basado en decenas de miles de encuestas distribuidas en casi un centenar de naciones, arrojan una conclusión rotunda que desafía la narrativa dominante en Washington: la gran mayoría de la población mundial considera hoy a Estados Unidos como el peligro más urgente para la estabilidad y la paz del planeta. Al mismo tiempo, la preferencia hacia China como actor global clave continúa ganando terreno, afianzándose en regiones estratégicas de Asia, África, Oriente Medio e incluso en amplios sectores del continente europeo, lo cual evidencia un desgaste sostenido en la valoración mundial de Estados Unidos.



El informe fue elaborado por la Alianza de Democracias, una entidad cuya procedencia invalida cualquier intento de descalificación por presunto sesgo antioccidental. La organización fue fundada por Anders Fogh Rasmussen, ex primer ministro danés y exsecretario general de la OTAN. Además, su financiamiento proviene directamente de una amalgama de organismos gubernamentales de la Unión Europea, firmas tecnológicas de primera línea como Microsoft y Palantir, la Fundación para la Democracia de Taiwán, el Fondo Europeo para la Democracia y centros de pensamiento de la derecha liberal como la Red Atlas y Freedom House. Que un aparato institucional incrustado en el corazón del atlantismo certifique este diagnóstico sobre el aislamiento diplomático y social de la potencia norteamericana dota a las cifras de un peso geopolítico insoslayable.


Al profundizar en la radiografía estadística del estudio, las cifras resultan elocuentes. Ante la pregunta concreta sobre cuál es la nación que representa la mayor amenaza para el mundo, los ciudadanos de 65 de los 84 países consultados identificaron en primer lugar a Estados Unidos. La percepción de peligro asociada a otras potencias quedó reducida a zonas geográficas delimitadas: solo diez países —mayoritariamente pertenecientes a la órbita europea occidental— señalaron a Rusia como la principal amenaza; siete naciones de Oriente Medio y el norte de África marcaron a Israel; Israel colocó a Irán en la cima de sus preocupaciones; y Japón hizo lo propio con China. Este contraste evidencia que la inquietud por el accionar estratégico de la Casa Blanca ha dejado de ser un fenómeno marginal para transformarse en un consenso transversal a escala global.



El rechazo a la proyección bélica de Washington se refleja también en la postura ciudadana respecto a la infraestructura de defensa. En un módulo de la encuesta que abarcó a 97 países, se indagó si la población consideraba deseable el establecimiento o mantenimiento de bases militares estadounidenses en su propio territorio nacional. La respuesta fue abrumadoramente negativa en 86 de las naciones consultadas. La presencia de tropas e instalaciones de Estados Unidos únicamente cosechó un respaldo mayoritario en un reducidísimo grupo compuesto por cuatro territorios: Israel, Polonia, Corea del Sur y Puerto Rico. En el resto del globo, la percepción dominante asocia la presencia militar norteamericana no a un factor de protección o estabilidad, sino a un vector de riesgo y subordinación soberana.



Esta desconfianza estructural se traduce en una erosión acelerada de la imagen pública de la superpotencia. El Índice de Percepción de la Democracia revela que Estados Unidos acumula un saldo de imagen netamente negativo en el 74 % de los países evaluados. Salvo por bastiones puntuales como Israel, la República Dominicana, Georgia y Nigeria, el desafecto hacia la política exterior estadounidense abarca prácticamente todas las regiones, registrando sus niveles más agudos en Europa, el norte de África, Asia Occidental y la cuenca del Asia-Pacífico.



En la vereda opuesta, el posicionamiento internacional de China atraviesa una trayectoria ascendente sustentada en su estrategia de desarrollo, cooperación económica y no injerencia. Al solicitar a los encuestados en 83 países que ponderaran sus preferencias entre ambas potencias, las poblaciones de 63 naciones manifestaron inclinarse de manera clara por el gigante asiático. Las únicas excepciones notables donde Washington conservó un margen de favorabilidad superior fueron Israel, Japón, Corea del Sur, Taiwán y Ucrania. En contraposición, en el Sur Global —especialmente en África subsahariana y el mundo árabe—, así como en diversos puntos de Eurasia, China se consolida como el socio preferido, un fenómeno impulsado por proyectos de infraestructura de gran escala y por una diplomacia comercial que contrasta con las intervenciones militares y las sanciones unilaterales del bloque occidental.


El estudio abordó asimismo la postura de la opinión pública internacional frente a las recientes escaladas bélicas. En la evaluación sobre el conflicto unilateral iniciado por Estados Unidos contra Irán en la primavera de 2026, una pluralidad compuesta por 41 de 98 países expresó su respaldo a la posición iraní, en comparación con solo 28 naciones que se alinearon con las acciones de Washington. Una tendencia similar se constató en el análisis del conflicto de Oriente Medio: 51 de los 98 países encuestados manifestaron su apoyo a la causa palestina, mientras que solo 17 países se posicionaron del lado de Israel, destacándose entre estos últimos Ucrania, Estados Unidos, Panamá, Georgia y la República Dominicana.



Finalmente, la investigación midió el grado de optimismo ciudadano sobre el rumbo interno de las respectivas sociedades. En este apartado, China volvió a situarse en el primer lugar del escalafón mundial, registrando los índices más altos de confianza de la población sobre la dirección económica y social que sigue el país. Por el contrario, en el hemisferio occidental los niveles de desilusión alcanzaron cotas históricas. Con las excepciones de El Salvador y Nicaragua, la inmensa mayoría de las sociedades de las Américas y Europa expresaron un profundo pesimismo sobre el futuro de sus naciones, situándose Estados como Francia, Alemania y Puerto Rico entre los más desencantados.


Los hallazgos recopilados por la Alianza de Democracias confirman que el mundo atraviesa una reconfiguración estructural. El deterioro del poder blando estadounidense y la pérdida de legitimidad de su política exterior han dejado de ser meras hipótesis analíticas para convertirse en un hecho estadístico constatado por las propias instituciones de Occidente. En un escenario signado por la multipolaridad, las mayorías globales parecen estar buscando activamente horizontes de equilibrio ajenos a la hegemonía de Washington.

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