El recrudecimiento del sicariato durante los días de Carnaval
- Acta Diurna

- hace 16 horas
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El Carnaval de Barranquilla, considerado la fiesta cultural más importante de Colombia, culminó en 2026 dejando un balance que contrasta drásticamente con la alegría de sus desfiles. Los reportes confirman que la temporada festiva (del sábado al martes de Carnaval) estuvo teñida de rojo, marcando un retroceso severo en los indicadores de seguridad urbana y revirtiendo los avances logrados en el año inmediatamente anterior.
Según los datos consolidados por la Policía Metropolitana (MEBAR), el balance de los cuatro días de fiesta arrojó 25 muertes violentas en todo el departamento del Atlántico. De esta cifra, 11 homicidios ocurrieron en el Distrito de Barranquilla.
Sin embargo, el panorama metropolitano es aún más sombrío. Al sumar los municipios conurbados (especialmente Soledad y Malambo), la cifra de víctimas fatales vinculadas directamente a sicariato y disputas criminales se eleva a 18.
Este desbordamiento de la violencia, catalogado como el factor que opacó la alegría de las fiestas, evidencia que los homicidios no fueron producto de la intolerancia habitual exacerbada por el alcohol (riñas de verbena), sino ataques sicariales premeditados.
Contraste Histórico (2019 - 2026): la ruptura de una tendencia
Al comparar el 2026 con la línea de tiempo de los últimos siete años, el salto cuantitativo es alarmante: el año 2025 había sido un año de alivio, registrando solo 6 homicidios en Barranquilla y 12 en el Atlántico. El Carnaval de 2026 duplicó estas cifras (incremento del 83% en Barranquilla y más del 100% en el departamento).
En 2023 y 2024, Barranquilla experimentó olas de violencia (15 y 12 casos respectivamente), pero las estrategias de seguridad habían logrado contener la escalada hacia 2025. El 2026 demuestra que las estructuras criminales han recuperado o intensificado su capacidad de fuego.
Lejos del "mínimo histórico": Si miramos hacia 2020 (4 homicidios) o 2019 (7 homicidios), queda claro que la naturaleza de la violencia mutó. Ya no se trata de cifras controlables de criminalidad común, sino de un fenómeno de violencia producto del crimen organizado.
Naturaleza de la Violencia: sicariato vs. intolerancia
El hallazgo más crítico de los reportes es la motivación de estos crímenes. Históricamente, las autoridades temían las "riñas" (peleas a pico de botella o arma blanca por exceso de alcohol). En 2026, la matriz cambió, pues las muertes responden a una guerra abierta entre bandas criminales transnacionales y locales (como 'Los Costeños', 'Los Pepes', y facciones del Clan del Golfo) por el control de las rentas ilícitas.
Las estructuras criminales aprovecharon que el grueso del pie de fuerza policial (los más de 2,600 hombres de refuerzo) estaba concentrado custodiando la Vía 40, la Calle 50, el Par Vial de la 50 y los grandes conciertos. Esta focalización en las zonas turísticas dejó a los barrios periféricos (Suroriente y Suroccidente) y a municipios como Soledad altamente vulnerables, o que fue aprovechado para el uso de armas de fuego de alto calibre, sicarios en motocicleta y ataques múltiples que demuestran una planificación que trasciende la simple delincuencia común.
La paradoja de seguridad del Carnaval
Por un lado, los eventos oficiales masivos terminan con un saldo prácticamente blanco. Es decir, los turistas y los asistentes a la Batalla de Flores o la Guacherna están seguros.
Sin embargo, el "Carnaval de los barrios" se ha convertido en una zona de alto riesgo. La violencia se descentralizó. Mientras la ciudad celebraba, las fronteras invisibles en barrios como Las Nieves, Las Américas, o Rebolo, así como en sectores de Soledad, fueron escenario de ajustes de cuentas a plena luz del día y en horas de la madrugada.
Por ellos el Carnaval de Barranquilla 2026 pasará a la historia reciente como uno de los más sangrientos de la década, no por el descontrol de la fiesta misma, sino porque la festividad sirvió como cortina de humo para el crimen organizado.
Las cifras reportadas envían un mensaje claro a las autoridades: el modelo de seguridad estacional, enfocado en cuidar el perímetro de los desfiles, ha quedado obsoleto frente al accionar de las bandas criminales. Se requiere una estrategia que no abandone la seguridad ciudadana mientras la ciudad intenta disfrutar de su patrimonio cultural.







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