Entre el Nobel de Paz teñido de sangre y la mirada rapaz del águila
- Acta Diurna
- hace 16 horas
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Por Álvaro Cotes Córdoba

La imagen es impactante: una fila de ataúdes alineados en una capilla mortuoria, cada uno cubierto con la bandera venezolana de franjas amarilla, azul y roja, con sus ocho estrellas blancas.
Gorras rojas reposan sobre algunos de ellos, mientras soldados de honor con uniformes rojos ceremoniales, penachos altos y expresiones solemnes montan guardia. Flores amarillas y blancas adornan el espacio, en un ambiente de duelo nacional.
Esta fotografía, que circula ampliamente en redes sociales y medios oficialistas, muestra el homenaje a algunas de las víctimas mortales del operativo militar estadounidense que, el 3 de enero, resultó, según el presidente Donald Trump, en la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
Fuentes venezolanas anónimas citadas por medios internacionales hablan de más de 80 fallecidos, entre militares, personal de seguridad y civiles, incluyendo 32 asesores cubanos según el gobierno de La Habana. Y Estados Unidos solo reporta lesiones menores en sus fuerzas.
El operativo, ordenado por el presidente Donald Trump y ejecutado por fuerzas especiales con apoyo aéreo masivo, ha sido justificado por Washington como una acción para detener a Maduro por cargos de narcoterrorismo y conspiración para importar cocaína.
Trump ha declarado que EE.UU. "administrará" temporalmente Venezuela, con acceso a sus reservas petroleras para cubrir costos, evocando críticas por violación de la soberanía y el derecho internacional.
En este contexto de controversia global, la imagen de los ataúdes resuena con particular ironía, porque María Corina Machado, líder opositora y quien en diversas ocasiones le pidió al gobierno de Trump que invadiera a su país y se llevara preso al presidente Maduro, fue premiada “por su lucha por la democracia en Venezuela” con el Nobel de Paz el año inmediatamente anterior. Alfred Nobel debe de estar revolcándose en su tumba.
Por eso la laureada en Estocolmo ha sido señalada por sectores oficialistas y movimientos sociales como cómplice indirecta de la intervención. Críticos argumentan que su respaldo a presiones estadounidenses, incluyendo sanciones y acciones contra el "narcoestado", ha facilitado este desenlace sangriento, tiñendo su galardón de sangre y tal vez la pena de llevar a sus espaldas ese gran premio destilando y dejando un rastro sanguíneo para el resto de sus días en la Tierra.
Sin embargo, celebró la “captura” de Maduro como el "amanecer de la libertad", sin mencionar siquiera a los muertos, a pesar de que fue la “captura” más sangrienta de los últimos tiempos y en la que ella, con su apestado premio Nobel a cuesta, destilando la sangre de los caídos por la brutal y asesina detención de un presidente, tuvo su grano de arena.
No obstante, ese premio ya había sido cuestionado desde antes. Incluso durante la ceremonia en Oslo –donde no pudo asistir personalmente–, porque voces críticas lo describieron como "manchado de sangre" por su alineación con políticas que han escalado hacia la confrontación militar.
La operación ha dividido al mundo: aliados de EE.UU. la ven como un golpe contra un régimen autoritario acusado de fraude electoral y narcotráfico; detractores, incluyendo naciones latinoamericanas y potencias como China y Rusia, la condenan como agresión imperialista que expone las "garras del águila del norte".
Y mientras Venezuela llora a sus muertos y enfrenta un futuro incierto bajo transición forzada, esta imagen de ataúdes envueltos en la tricolor nacional recuerda el alto costo humano de una crisis que debió solucionarse con la cordura que tanto proclaman los organismos internacionales para mantener un orden mundial de las cosas.
El duelo oficial contrasta con celebraciones opositoras, reflejando un país ahora más profundamente polarizado ante la intervención extranjera que ha alterado su destino. El mundo observa si esta acción trae estabilidad o si, como advierten expertos, abre un peligroso precedente en América Latina, en donde los países deberán gobernar para el resto de sus vidas aquí en la Tierra con los ojos de la voraz águila observándolos y acechándolos, para que no se salgan de su nido y mantenerlos siempre bajo sus patas rapiñas como presas de sus aguiluchos nacidos y por nacer durante sus dominios imperiales subsiguientes.



