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El rescate encubierto de la deuda estadounidense a costa del Euro

Por: Dany Oviedo Marino



En agosto de 1971, Richard Nixon anunció el fin de la convertibilidad del dólar en oro desde Camp David. Cincuenta y cinco años después, los fantasmas de las decisiones monetarias tomadas a puerta cerrada en Maryland vuelven a emerger .


Tras la filtración de notas oficiales del gabinete estadounidense y posteriores confirmaciones en los principales medios financieros, se ha revelado un movimiento geopolítico-económico de gran calado: el Tesoro de los Estados Unidos intervino directamente en el mercado cambiario para sostener al yen japonés. Sin embargo, la clave del asunto no reside solo en el rescate de la divisa nipona, sino en la herramienta utilizada: Washington no vendió dólares para comprar yenes, sino que vendió euros.



El colapso del Carry Trade y el agotamiento de Tokio


Para comprender el origen de esta medida, es necesario examinar la estructura financiera de Japón:


Durante casi tres décadas, el Banco de Japón mantuvo los tipos de interés más bajos del planeta, convirtiendo al yen en la moneda principal para la financiación global (carry trade). Los inversores se endeudaban en yenes a bajo coste para adquirir activos de mayor rendimiento en el extranjero.


A pesar de los esfuerzos del Banco de Japón por subir los tipos de referencia y de haber gastado más de 73.000 millones de dólares en intervenciones previas, el diferencial de tipos frente a EE.UU. mantuvo la divisa nipona bajo mínimos históricos no vistos desde 1986.


El verdadero paciente: La deuda soberana estadounidense


A primera vista, la intervención parecía una muestra de solidaridad bilateral para estabilizar al aliado asiático. No obstante, el análisis revela que el principal motivo radica en la vulnerabilidad del mercado de bonos del Tesoro estadounidense:


Resulta que Tokio es el mayor tenedor extranjero de deuda pública de los Estados Unidos y para defender a su propia moneda, el Banco de Japón se estaba viendo obligado a liquidar sus reservas en dólares, compuestas en su mayoría por bonos americanos.


En un contexto donde la rentabilidad del bono americano a 30 años alcanzó niveles máximos del 5,23%, la liquidación continua por parte de Japón habría desestabilizado severamente el mercado crediticio de EE.UU. subiendo esa rentabilidad y, por ende, encareciendo la deuda estadounidense.


Para contener este riesgo, el gobierno del país del norte activó facilidades de liquidez (como la facilidad FIMA) e intervino en los mercados evitando que Japón tuviera que vender la deuda que tiene de Estados Unidos.


El Euro: el colateral no consultado


El aspecto más controversial de la operación es el reparto implícito del costo de frenar el deterioro de la deuda gringa. Al utilizar la divisa europea como contrapartida para elevar el yen y proteger los bonos en dólares:


  • Se debilitó el poder adquisitivo del euro sin previa consulta o aviso a las autoridades monetarias europeas ni a los ciudadanos de la Unión, lo que generará presiones inflacionarias.


  • Se evidenció cómo las tensiones de liquidez entre las mayores potencias financieras se resuelven desplazando la volatilidad hacia terceros bloques económicos.



Al igual que en la crisis cambiaria de 1971, la arquitectura monetaria internacional vuelve a evidenciar tensiones estructurales. La intervención coordinada sin anuncio formal demuestra que las autoridades estadounidenses prefieren diluir los costes financieros en la divisa comunitaria, trasladándole los costos a los eurepeos, antes que permitir un ajuste desordenado en el mercado de deuda de referencia y de aumento de la inflación.


Indicadores del mercado y diagnóstico global


Las repercusiones de este ajuste en la liquidez global se perciben a través de diversos activos de refugio y riesgo:


  • Oro: Continúa en cotizaciones elevadas cerca de los 4.076 dólares por onza, impulsado por las compras sostenidas de los bancos centrales.

  • Bitcoin: Muestra signos de desapalancamiento cotizando un 44% por debajo de los niveles alcanzados un año atrás.

  • Rendimientos soberanos: La persistencia de tasas elevadas en los bonos a largo plazo refleja la desconfianza del mercado sobre la sostenibilidad fiscal de Estados Unidos.

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