El Niño alcanzará su fase más crítica a finales de año y llegará hasta 2027
- Acta Diurna

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Las alarmas meteorológicas e hidrológicas se han encendido nuevamente a lo largo y ancho del territorio colombiano. En una advertencia categórica emitida este 13 de agosto, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) ha confirmado que el fenómeno de El Niño no solo continúa fortaleciéndose en las aguas del océano Pacífico tropical, sino que se Encamina a golpear al país con una severidad excepcional hacia el cierre del año. Según los pronósticos más recientes de la entidad, existen probabilidades superiores al noventa por ciento de que estas condiciones secas y de elevadas temperaturas se mantengan sin tregua durante el último tramo de 2026 y prolonguen su impacto hasta el primer trimestre de 2027.
Las proyecciones técnicas dibujan un panorama sumamente complejo para el país. Los análisis señalan que se ha completado el tercer trimestre consecutivo de registro de señales inequívocas del fenómeno, visibles tanto en el comportamiento de la atmósfera como en la masa oceánica. La información recopilada por el Ideam coincide con las simulaciones globales de agencias internacionales de alto nivel, entre las que destacan la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) y la Organización Meteorológica Mundial. Todos los modelos proyectan una acentuación progresiva de esta anomalía térmica en el transcurso de las próximas semanas.
El punto más crítico de esta coyuntura ambiental se prevé para el trimestre comprendido entre octubre y diciembre. Para este periodo, la autoridad meteorológica nacional calcula un sesenta y nueve por ciento de probabilidad de que el fenómeno alcance una intensidad clasificada como "muy fuerte". Esta estimación implica que la temperatura superficial del mar en la zona de monitoreo conocida como Niño 3.4 podría experimentar desviaciones superiores a los dos grados Celsius por encima de los promedios históricos. La propia entidad ha calificado este comportamiento como un fortalecimiento acelerado del sistema de interacción entre el océano y la atmósfera.
Las consecuencias de un evento de tal magnitud comenzarán a manifestarse en el ecosistema y la cotidianeidad del país de forma profunda. Se anticipa una drástica disminución en los volúmenes habituales de precipitación en regiones históricamente vulnerables como la Pacífica, la Andina y la Caribe. Este escenario vendrá acompañado por un aumento considerable en las temperaturas del aire, mayores índices de evapotranspiración y cuadros generalizados de estrés hídrico. Como efecto directo, las cuencas hidrográficas sufrirán un desabastecimiento progresivo: se aguarda la caída en los caudales de ríos y quebradas, así como un descenso preocupante en los niveles de almacenamiento de los principales embalses del país.
Semejante estrés hidrológico impactará de manera transversal a diversos sectores socioeconómicos fundamentales. La disponibilidad de agua potable para los centros urbanos y rurales podría verse amenazada, de la misma forma que la estabilidad de las actividades agropecuarias y la capacidad de generación energética en un país fuertemente dependiente de la infraestructura hidroeléctrica. A la par, el incremento en la sequía sobre la cobertura vegetal eleva exponencialmente el riesgo de incendios forestales de gran escala, la degradación de la calidad del aire debido al material particulado en suspensión y severas pérdidas económicas para agricultores y ganaderos por el marchitamiento de cultivos y la escasez de pastos.
El impacto no se limitará a la producción y al medio ambiente; la salud de la población también figura en el mapa de riesgos de las autoridades. Las olas de calor prolongadas incrementarán la vulnerabilidad de la ciudadanía frente a episodios de deshidratación grave, golpes de calor e insolación. Adicionalmente, las altas temperaturas y las alteraciones en el manejo del agua estancada suelen crear entornos propicios para la proliferación de vectores de enfermedades como el dengue, el zika y el chikunguña, elevando la presión sobre los sistemas de asistencia médica.
Ante la contundencia de las predicciones, el Ideam ha dirigido un llamado firme a las instituciones del Gobierno Nacional, así como a las gobernaciones y alcaldías municipales, exigiendo la reactivación inmediata y el fortalecimiento de los planes de contingencia territorial. La prioridad se centra en la gestión eficiente y responsable de las fuentes hídricas, el fomento de campañas masivas de ahorro de agua, el despliegue de protocolos preventivos para la atención de incendios y la operatividad permanente de los comités de alerta temprana. La entidad continuará monitoreando minuto a minuto la evolución del Pacífico tropical para proveer la información técnica necesaria que permita mitigar los efectos de este inclemente periodo de sequía.



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